Etiopía, ¿guardiana de la legendaria Arca de la Alianza?

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Por Richard Ruíz Julién
Aunque el clásico cinematográfico Indiana Jones le dio fama mundial, la historia del Arca de la Alianza se remonta a miles de años, en la medida que el misticismo alrededor de ella continúa creciendo hasta.

Desde que despareció sin que muchos sepan por qué de Jerusalén, Etiopía proclama ante el mundo que esta es la tierra que contiene el emblema del pacto de Dios con el pueblo escogido, los judíos.

Envuelto en una túnica mostaza como muchos otros monjes etíopes, Abba Gebre Meskel sale de una pequeña capilla y habla brevemente con varios fieles desde detrás de una verja, pero no le está permitido cruzarla.

El religioso tiene como tarea vigilar hasta su muerte una de las reliquias más sagradas de la humanidad: el Arca de la Alianza.

A sus 56 años, lleva tres décadas velando el ‘Tabot’, como se denominan aquí a las ‘Tablas de la Ley’.

Según la Biblia, estos pedazos de piedra contienen los Diez Mandamientos que Dios entregó a Moisés, posiblemente en torno al año 1440 a.n.e.

Casi todos los alrededor de 45 millones de cristianos ortodoxos en esta nación están igualmente convencidos de que el Arca fue llevada hace tres mil años hacia la ciudad sagrada de Aksum, en el norte, y desde entonces se encuentra en la iglesia de Santa María de Sión.

Menelik I, hijo de la reina de Saba y el rey Salomón, fue según la leyenda el encargado de trasladar el cofre, realizado en oro y madera de acacia.

Luego el monarca se convertiría en el fundador de la dinastía salomónica de emperadores que durante tres milenios gobernó sobre esta tierra del denominado cuerno africano.

‘El propio Dios eligió este suelo, y Aksum es nuestra ciudad más sagrada’, afirma Zemikael Brhane, diácono del templo. ‘Los hombres en Occidente necesitan siempre pruebas visibles, pero a nosotros no nos hace falta ver el arca para saber que está aquí. Simplemente, lo sentimos’.

Una de las pocas personas no religiosas a las que le está permitido hablar con los vigilantes del ‘Tabot’ es Ephrem Brhane, un apasionado de la historia de Etiopía que guía a turistas y fieles de todo el mundo por Aksum.

‘El monje me ha contado que se considera una de las personas más felices del orbe’, comenta a Prensa Latina. ‘Abba Gebre Meskel está convencido al 200 por ciento de que se trata de la auténtica: no sólo tiene la forma exacta descrita en la Biblia, sino que además brilla con una fuerza enorme’.

El vigilante duerme supuestamente tan sólo dos horas al día y toma una única comida a las siete de la tarde; la mayoría de las veces, se trata de un plato sencillo compuesto por el típico pan local ‘injera’ y judías (frijoles).

Reza durante 22 horas y, poco antes de su muerte, dejará a un sucesor.

Antes del amanecer, cada jornada, un grupo de fieles vestidos todos de blanco se acerca en silencio al recinto; a las 04:30 hora local, durante siete días al mes, los religiosos sacan en procesión una copia del arca del ‘Tabot’.

Cada una de las casi 50 mil iglesias ortodoxas de Etiopía preserva una reproducción. El ritual de la procesión es acompañado por unas mil personas que recorren lentamente Aksum acompañando la réplica, iluminados solo por las velas de los vigilantes.

Es como un viaje en el tiempo: nada parece indicar que el visitante se encuentra en el siglo XXI: los creyentes cantan incansables en la antigua lengua ge’ez, pidiendo el perdón de sus pecados y la protección de la nación y el mundo entero.

Como hace años que el tejado de la capilla tiene goteras, se está construyendo otro templo justo al lado, con una cúpula dorada.

‘En algún momento, el monje llevará el ‘Tabot’ original al nuevo edificio, pero nadie sabe cuándo sucederá’, explica el diácono Zemikael. ‘Al día siguiente, él será quien lo anuncie al mundo’.