Etiopía, Egipto y Sudán reactivan acuerdos sobre mayor presa de África

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Por Antonio Paneque Brizuela
El diferendo tripartito Etiopía-Egipto-Sudán sobre la construcción por Addis Abeba del mayor embalse artificial de África y el segundo del mundo (después del chino de las Tres Gargantas), avanzan hacia derroteros más cercanos a una solución compartida por las partes.

Una reunión en Jartum el 29 de enero último condujo hacia un acercamiento más tangible entre los líderes de los tres Estados acerca del litigio sobre la llamada Gran Presa del Renacimiento Etíope (GPRE), de 79 mil millones de metros cúbicos para alimentar una hidroeléctrica de seis mil megavatios de potencia.

El presidente sudanés Omar Hassán al Bashir, el primer ministro etíope, Hailemariam Desalegn, y el gobernante egipcio Abdel Fattah al Sisi, convinieron en varios aspectos para mejorar las negociaciones en ese sentido, sobre todo la reactivación de un denominado Comité Permanente aprobado desde el inicio de 2011 para dar seguimiento al diferendo.

La fórmula del Comité parece más eficaz y práctica que otras intentadas antes acerca del proyecto sobre el río Nilo (segundo más largo del planeta con seis mil 756 kilómetros, 24 menos que el líder mundial Amazonas), cuyo cauce nacido en territorio etíope, el Nilo Azul, será el principal abastecedor del embalse.

Los mandatarios convinieron en instruir al equipo tripartito, integrado por los ministros de riego de cada parte, a funcionar como comité político y a trabajar para resolver todos los asuntos pendientes relacionados con la GPRE, sobre lo cual deberán rendir un informe a los tres líderes.

BUENAS RELACIONES ENTRE LOS TRES GOBIERNOS

Según declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores de Sudán, Ibrahim Ghandour, los presidentes de los tres países ‘subrayaron su entusiasmo por mantener buenas relaciones entre sus gobiernos y pueblos, y acordaron coordinar y trabajar juntos para el interés común’.

Los gobernantes acordaron también discutir más a partir de ahora los problemas mutuos, trabajar por la unidad y establecer un fondo tripartito para apoyar los proyectos de desarrollo y fortalecer la integración económica entre los tres Estados.

La represa es un proyecto etíope que deberá beneficiar a los tres países, por lo que las partes del agua del río Nilo que les corresponden a Sudán y a Egipto no deben verse afectadas por su construcción, destacaron.

Una reunión también en Jartum en marzo de 2015 logró un acuerdo de cooperación marco sobre la presa y una ‘declaración de principios’ para una mayor colaboración acerca del asunto, pero los desacuerdos sobre posibles déficits de las aguas al llegar el río a Egipto y a Sudán limitaron hasta ahora el diálogo.

Desde entonces, fracasaron varias rondas tripartitas por discrepancias sobre esas y otras cuestiones técnicas como el posible impacto ecológico en Sudán de la GPRE, basadas en información suministrada por las empresas consultoras del proyecto, las francesas BRL y Artelia.

EGIPTO Y ETIOPÍA, POSICIONES ENCONTRADAS

El nudo principal de desacuerdos se basa en los temores egipcios respecto a que la represa afecte su cuota tradicional de agua, ya que el Nilo es su única fuente de abasto, mientras Etiopía niega que eso ocurra y alega que el embalse será beneficioso para los tres.

Ese proyecto hidro-energético, cuyo costo estimado es de cuatro mil millones de dólares, despierta en El Cairo el temor de que disminuya hacia su territorio el flujo de aguas del Nilo, única fuente de aprovisionamiento para uso humano e industrial y punto de origen de su antiquísima cultura.

Para El Cairo, la construcción del embalse puede representar en verdad un serio problema, pues gran parte de su economía así como la vida de sus 95 millones de habitantes dependen directa o indirectamente del Nilo.

Según acuerdos vigentes, Egipto dispone de unos 55 mil 500 millones de metros cúbicos por año de esa fuente, cifra que puede verse disminuida durante el proceso de llenado de la represa, según criterios respaldados por la experiencia nacional en la construcción de la presa de Asuán, uno de los mayores embalses del mundo construido en 1956.

Los estudios que pudieran darle o no la razón a Egipto, según la Declaración de Principios firmada en marzo de 2015, debían culminar antes de que comience el proceso de llenado de la presa, previsto para este año.

Estas investigaciones incluyen análisis de gestión del agua y los recursos hidroeléctricos, así como una evaluación del impacto ambiental, social y económico transfronterizo del megaproyecto.

El pasado noviembre las negociaciones entre Egipto, Etiopia y Sudán se rompieron después de la decimoséptima ronda de conversaciones técnicas celebrada en El Cairo con la asistencia de los respectivos ministros de riego.

Las autoridades etíopes, por su parte, aseguran que el gigantesco embalse no provocará tales consecuencias cuando concluya, hará de su país el mayor productor energético de África y lo pondrá en condiciones de exportar a Estados de la cuenca del Nilo.

Addis Abeba sostiene que la PGRE no afectará la parte del río que llega a Egipto (suma del Nilo Azul con el Blanco, surgido en los Grandes Lagos), e insiste en que la presa es necesaria para 60 millones de ciudadanos sin acceso a la electricidad.

La posición etíope garantiza que sus recursos hídricos y energéticos beneficiarán también a Sudán, cuya economía y ecología también dependen del Nilo.

CONTRAPUNTEO SOBRE EL BANCO MUNDIAL

Entre esta última reunión y varias rondas anteriores de conversaciones, el diálogo fue estancado por un contrapunteo entre Egipto y Etiopía sobre una propuesta de El Cairo para designar al Banco Mundial (BC) como mediador en el contencioso, rechazada por Addis Abeba.

El primer ministro etíope, Hailemariam Desalegn, fue el encargado de comunicar la negativa de su ejecutivo, al regresar desde Egipto tras una entrevista con el presidente Abdel Fattah al Sisi y el canciller, Sameh Chukri, quien presentó la iniciativa.

‘Buscar apoyo profesional es una cosa, transferir el arbitraje a una institución es otra (razón por la cual le dijimos (a los egipcios) que la consideramos inaceptable, declaró el jefe de Gobierno etíope.

Durante el litigio, que cumple este 2018 el séptimo aniversario, Etiopía mantuvo la misma línea de discurso sobre la disposición incondicional a terminar la represa sobre áreas y aguas que considera su patrimonio soberano.