Etiopía: del etnocentrismo a la ideología de la unidad

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Etiopía cuenta hoy con cerca de 60 partidos políticos activos que, a excepción de 10, son de origen étnico o como algunos expertos le denominan: etnocéntricos.
Dicha definición significa que sus objetivos están esbozados como demandas fundamentales de sus respectivas comunidades.

Algunas de estas agrupaciones surgieron de la queja por la forma en que los gobiernos anteriores trataron a sus pueblos; de hecho, son impulsados por el deseo de rectificar los males sufridos y reafirmar su dignidad, sostienen analistas.

Otros son simplemente derivaciones de los antiguos frentes de liberación, mientras una minoría parece estar en el proceso de moldear su identidad y su lugar dentro del país.

Sean cuales sean sus principios, todos ellos son descendientes directos o indirectos de la ideología anticolonial de la posguerra, lo cual es para estudiosos una influencia inverosímil, pues Etiopía combatió la invasión al menos una década antes de que se formaran muchos frentes de liberación en la región.

Esos conjuntos se crearon como una rebelión contra el imperialismo de las potencias extranjeras, comentó a Prensa Latina la profesora de Historia de la Universidad de Addis Abeba, Sara Kassa.

La lucha por el continente, que tuvo lugar durante los 25 años previos a la Primera Guerra Mundial, enroló a naciones europeas con el objetivo de obtener las mayores fuentes de materias primas para sus fábricas insaciables.

Ello les llevó a establecer dominio militar con miras a explotar sin piedad a los nativos y a sus territorios, detalló Kassa.

La idea era mantener a los pueblos subyugados desde la punta de Argelia hasta el fondo de Sudáfrica durante el tiempo que fuera posible, y en condiciones que no fueran tan diferentes del apartheid.

Cuando los africanos tomaron las armas, no era solo para reclamar sus tierras ancestrales, sino también para recuperar su independencia y su dignidad.

Los frentes aquí, por otra parte, aunque tenían puntos afines con el resto, eran fundamentalmente diferentes: luchaban contra la hegemonía de un grupo; un hecho que ocurre entre personas que comparten el mismo espacio geográfico histórico, manifestó a esta agencia el antropólogo Gedeon Mekonnen.

Pedían igualdad, acceso equitativo al poder y los servicios públicos. Nunca hubo una explotación industrial, ni ocupación para combatir. Así, las similitudes eran más imaginadas que reales, añadió.

Según los observadores, los problemas fundamentales que han acosado a los etíopes hasta el presente son esencialmente tres: mal gobierno, injusticia y desigualdad; a estos componentes los matizan la coexistencia conflictiva de multitud de etnias, además de una falta de modernización constante.

Continuar enmarcando nuestro discurso político sobre la ideología irrendentista anticolonial no solo es improductivo sino peligroso, sostuvo Mekonnen.

En su opinión, los partidos políticos etnocéntricos no tendrían ninguna razón para continuar sobreviviendo si sus demandas fundamentales se satisfacen y aseguran mediante una Constitución bien elaborada.

Para ser más específicos, si sus peticiones implican el mantenimiento, protección de su tierra, idioma, cultura y autogobierno ancestrales dentro de un sistema federal que garantiza derechos y deberes generales como ciudadanos, nada justifica su razón de ser, excepto quizás como una mera herramienta para obtener poder, agregó.

Tratar de representar a uno u otro grupo como un ‘colonizador’ o ‘explotador’ o un ‘imperialista’ no solo es improductivo, sino también una fuente de rencor infundado, argumentó el comentarista Bilal Derso.

Estas organizaciones están vinculadas por naturaleza a objetivos parroquiales; los partidos ideológicos, o simplemente los políticos, tienen una agenda nacional general, manifestó.

En lugar de partes que compiten entre sí, a consideración de Derso, se requieren agrupaciones esencialmente comprometidas con temas muy divergentes a fin de encontrar las mejores soluciones posibles.