Esclavitud en Mauritania, presente aunque abolida por la ley

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Pese a que un decreto presidencial de 1981 abolió la esclavitud en Mauritania, esta práctica de hecho sigue formando parte de la cultura del país y algunos de sus ciudadanos viven en condiciones de trabajo forzoso.

En 2015 los ulemas del país, que durante largo tiempo fueron acusados de apoyar las prácticas esclavistas, proclamaron que la esclavitud era contraria a la Sharía.

En los poblados lejanos, fuera del control de las autoridades y de difícil acceso para las organizaciones de defensa de los derechos humanos, la esclavitud se limita al grupo étnico o casta haratin, compuesto de descendientes de eslavos, al que pertenece un 40% de la población mauritana, según defensores de los derechos humanos.

La falta de leyes que defiendan a este grupo que sufre de analfabetismo, pobreza y marginación, provoca que los haratines sigan perteneciendo a los dueños de sus antecesores,  trabajen gratis y no puedan formar familia.

Shada, de 38 años, pasó la mayor parte de su vida con una familia en Lamgiti, a 600 kilómetros al norte de la capital del país, Nuakchot, trabajando, sin cobrar salario, como criada y pastora de ovejas y de camellos.

“El cabeza de la familia compró a mi madre a mediados de los años 70% camellos, y por cuanto sé, obtuvo derechos sobre todos sus descendientes; vendió tres hermanas mías, y otra hermana se quedó conmigo trabajando en la casa”, relató la mujer.

Shada reveló que sufrió humillaciones y torturas.

“Un hombre me propuso matrimonio, el señor me prohibió aceptar y dijo que yo no podía casarme y tener familia (…), después de años me casé con un hombre de mi casta y continué viviendo en esclavitud, lo que afectó a mis hijas”, dijo.

La mujer señaló que la separaron de sus hijas porque su dueño le prohibió cuidarlas, alegando que “el trabajo es más importante”.

“Luego las repartió dentro de su familia: le dio a una a su hermana, y a la otra a su hijo, para que también sean esclavas”, indicó.

Pese a vivir aislada, Shada consiguió comunicarse con la ONG SOS Esclavos (SOS Slaves), que denunció el caso ante las autoridades para salvar a la mujer y sus hijas.

Shada logró su libertad en 2011, y hoy en día vive con sus hijas y nietos en un barrio pobre de Nuakchot.

Esclavitud sexual

Generalmente, para los hombres resulta más fácil escapar, mientras que las mujeres a menudo no tienen ninguna oportunidad de liberarse.

Una de las víctimas de esclavitud, Muatalla Ould Ambirik, un hombre de 35 años, pasó su juventud siendo propiedad de una familia en el norte del país.

En 2007 consiguió escapar y llegar a la capital para pedir ayuda a los defensores de los derechos humanos para salvar a sus padres y hermanas.

“Los momento más terrible de la esclavitud fueron cuando el señor le daba palizas a mi padre delante de mí, y cuando los hijos del señor violaron a mis hermanas”, evocó.

Su hermana tuvo cinco hijos, pero sus dueños se negaron a reconocerlos.

“Estos niños carecen de certificados de nacimiento, y pese a que tienen la piel blanca y se parecen mucho a los hijos del señor, la familia no los reconoce”, dijo.

Los dueños liberaron a los padres de Muatalla porque estaban viejos, pero la búsqueda de las hermanas duró cinco años.

Primero, la policía le dijo que estaban en el Sahara Occidental, pero cuando Muatalla viajó y se encontró con su antiguo dueño, éste, con el apoyo de las autoridades locales, negó que sus hermanas estuvieran allí.

Volví a Mauritania y después de numerosas acciones y gran presión de las organizaciones de los derechos humanos, las autoridades empezaron la búsqueda en el Sahara, y las encontraron repartidas entre los miembros de la familia que nos esclavizó”, relató.

En la actualidad Muatalla trabaja en la ONG SOS Esclavos, y sus hermanas, en una sastrería.

“Nuestros ingresos son bajos, pero la libertad merece la pena”, subrayó.

Los dueños de las hermanas de Muatalla fueron juzgados, pero ninguno recibió sentencia condenatoria.

Impunidad de los esclavistas

En los últimos dos años, en el país se crearon tribunales especiales que se encargan de los casos de esclavitud.

Sin embargo, resulta complicado llevar ante la justicia a los culpables, que en la mayoría de los casos son habitantes de las zonas de desierto o tienen poder e influencia.

De momento los tribunales dictaron tres sentencias y solo una condenaba a una pena de cárcel.

Las víctimas de la esclavitud exigen que les indemnicen por el daño causado en años de trabajos forzosos.

“Los tribunales no nos conceden indemnizaciones, lo que priva de respaldo a las víctimas que sufren de analfabetismo y pobreza y se enfrentan a una situación complicada tras su liberación, es necesario apoyar a los haratines, para evitar que regresen a la vida en esclavitud”, insta Abdu Walid Mahmud, de 24 años, que recuerda que cuando era niño su dueño le decía que era inferior.

SOS esclavos

Otro organismo, creado por las autoridades, se denomina Solidaridad.

Según afirmó el presidente de la ONG SOS Esclavos, Boubacar Ould Massoud, esta organización gubernamental en nada les ayuda ni emprende acciones propias para emancipar a las víctimas de la esclavitud y lograr para ellas igualdad de derechos y una vida digna.

En opinión de Massoud, quien fundó SOS Esclavos en 1995, “la esclavitud sigue presente en la sociedad mauritana por diversas razones, pero la principal es la falta de voluntad del Gobierno de resolver el problema”.

Su ONG, aseguró, fue la primera que empezó a luchar por los derechos de los esclavos.

“Investigamos cualquier caso del que nos informan e intentamos verificar su veracidad en aldeas lejanas, porque si llegamos al tribunal con un caso que no existe, nos acusarán de presentar una denuncia falsa”, dijo.