Entrevista a Boubacar Boris Diop: «Se puede reír de todo pero no de cualquier manera»

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Boubacar Boris DiopNetanyahu a la cabeza de la marcha del 11 de enero, eso es un escándalo. Después de lo que sabemos sobre los crímenes de Israel en la franja de Gaza, ahí sí que hay de lo que indignarse.

Los mismos que no soportan que las mujeres musulmanas de Francia se cubran el rostro con el velo les piden que acepten sin protestar los insultos más groseros contra su fe. Es una completa locura.

Fuente: Le Temoin

Entrevista a Boubacar Boris Diop

Por: Alassane Guèye

Traducción: Laura Remei Martínez-Buitrago

El atentado perpetrado en los locales de la revista Charlie Hebdo ha levantado muchas pasiones en Senegal. Con la mirada lúcida que le caracteriza, el escritor y periodista Boubacar Boris Diop, galardonado con el Gran premio del presidente de la República para las Letras, analiza de manera objetiva los dolorosos acontecimientos sucedidos estando él en Francia.

 

Le Témoin: La masacre en los locales de Charlie Hebdo está de actualidad. ¿Cómo se ha vivido esto en París, donde usted se encontraba?

Boubacar Boris Diop: No ha habido pánico, se ha percibido claramente asombro y sobre todo una cierta preocupación, la gente se sentía molesta de ver que algo así pasaba en Francia. En el metro, los magrebíes sentían que les miraban mal y a algunos les resultaba difícil ocultar su malestar. Todo esto es algo más bien complicado.

¿Usted es Charlie?

Me parece que ese eslogan sólo tiene sentido en Francia y en particular en la familia de la prensa. Imagine que aquí, en Senegal, un comando de fanáticos ejecuta el mismo día a una docena de nuestras grandes celebridades mediáticas. La emoción sería inmensa y nadie perdería su tiempo en sutilezas. «Yo soy Charlie» ha sido allí una manera de expresar una cierta solidaridad, incluso de cerrar filas en un país que se creía al borde del abismo. Desgraciadamente, enseguida se ha querido extender el concepto a todo el mundo, lo que ha provocado todo tipo de polémicas. Decir «Yo no soy Charlie» es caer en esa trampa y yo prefiero evitarla.

Los presuntos terroristas han sido asesinados, ¿no es inquietante?

Comprendo su escepticismo. Coulibaly y los hermanos Kouachi habían decidido morir como mártires pero también nos podemos preguntar si, incluso si no, no habrían sido abatidos por la policía. Un proceso hubiera sido la ocasión de hurgar en la herida durante largos meses, algo que sin duda el Estado francés no quería.

¿No existe una cierta duplicidad occidental para explicar el terrorismo según se sea árabe o judío? Sobre todo teniendo en cuenta que los que ofenden los valores judíos son constantemente llamados al orden, incluso reprimidos.

Sobre todo no hay que ceder a la tentación del maniqueísmo. En las circunstancias actuales, eso sólo puede alimentar la competencia de las memorias, receta ideal para todos los desastres venideros. Está bien que el antisemitismo sea sistemáticamente reprimido en todas partes y si es así es porque la comunidad judía ha sabido organizarse con una fuerte determinación después del Holocausto. Los demás no se toman esa molestia. ¿Falta de medios o de voluntad? Quizá un poco ambas cosas. Cuando en enero de 2014, en Canal+, Nicolas Bedos se burló de las víctimas del genocidio de los Tutsi en Ruanda en unos términos de una rara vulgaridad, casi ninguna voz se alzó en el continente africano. Dicho esto, Netanyahu a la cabeza de la marcha del 11 de enero, eso es un escándalo. Después de lo que sabemos sobre los crímenes de Israel en la franja de Gaza, ahí sí que hay de lo que indignarse.

Para justificar el apoyo a Charlie Hebdo se ha evocado la libertad de expresión. Pero en nombre de la libertad de expresión ¿se debe autorizar a insultar la fe de millones de personas?

Todo el mundo hablaba de esas caricaturas, pero muy pocos las habían visto. Yo las descubrí, como centenares de millones de personas, en las redes sociales. Y bien, las encontré sencillamente abominables, como las otras contra Jesucristo, enviadas sobre la marcha. Pero insisto en ser claro: no se debe matar a nadie por unos dibujos, por más ofensivos e irresponsables que sean. Esta espantosa tragedia debe alertarnos. No se puede correr el riesgo de exponer a un país y una sociedad a la violencia con la excusa de que tenemos derecho a decirlo todo. Los mismos que no soportan que las mujeres musulmanas de Francia se cubran el rostro con el velo les piden que acepten sin protestar los insultos más groseros contra su fe. Es una completa locura.

¿Qué le parece el derecho a reírse de todo?

Se puede reír de todo pero no de cualquier manera. Un periódico como Le canard enchaîné, muy irreverente, ha sabido siempre tomar la distancia necesaria para manejar una cierta burla sin caer en la trampa del odio. Señalo de paso que esta idea de que todo está permitido es una excepción francesa, incluso en el mundo occidental. La mayoría de los grandes medios de comunicación americanos o europeos han decidido no recuperar las caricaturas de Charlie Hebdo. La prensa francesa está hoy desafiante, con el eslogan «sin miedo», pero estoy seguro de que muy pronto se van a calmar.

A modo de apoyo, ciertos jefes de Estado africanos se han «deportado» a París para una marcha de solidaridad. ¿No es chocante cuando, muy cerca de nosotros, Boro Haram extermina a millares de personas sin que esa «solidaridad parisina» se manifieste en Nigeria o Camerún?

Es un crítica que comprendo pero aquí también me gustaría advertir contra un cierto simplismo. No podemos reprochar a los jefes de Estado africanos no haber ido a un encuentro sobre Boko Haram que su homólogo nigeriano, más preocupado por su reelección, no ha creído nunca que debía organizar…

¿Está de acuerdo pues…?

No, precisamente. Yo no estoy de acuerdo, pero por razones diferentes. Estos jefes de Estado que han ido a desfilar a París sienten más respeto por Hollande que por sus compatriotas.

¿No plantea un problema de respetabilidad incluso de soberanía con respecto a nuestros Estados, que se presentan siempre como niños a los que hay que indicar el buen camino?

No cabe duda de que éste es el verdadero fondo del problema. La cuestión de la soberanía de nuestros países nunca ha sido tan central, es hoy la clave de todo, pero se plantea con una agudeza muy particular en el espacio francófono. Los seis presidentes africanos presentes el domingo pasado en París proceden de ahí… No está bien ir a desfilar a la plaza de la República en París dando la impresión de ser un presidente de tres al cuarto. Eso se ve muy claramente en las imágenes, que son crueles.

¿Piensa que el Presidente Sall debía desplazarse a París cuando ya había firmado el libro de pésame en la embajada de Francia en Dakar?

Según mi opinión, no era de interés para el país que el presidente haga ese desplazamiento. La cuestión religiosa es muy sensible en Senegal y este asunto puede volver al primer plano en cualquier momento y quizá incluso amargarle la vida. El viaje a Bengasi acabó por costarle muy caro a Wade, que sin duda no se lo esperaba. De hecho, a causa de diversos acontecimientos, es cada vez más palpable un sentimiento anti-occidental en los países del sur, difuso pero muy vivo, y resulta imprudente no tenerlo en cuenta.

Y la marcha misma, ¿cómo la juzga?

A veces me digo que quizá sobreestimamos a los mayores de este mundo al prestarles un dominio absoluto de sus emociones. La cumbre de París, improvisada en unas horas, se ha querido como una demostración de fuerza, pero ha sido sobre todo reveladora del sentimiento de fragilidad de un Occidente que intenta convencerse, sin creerlo demasiado, de que sigue siendo la fuerza motora del universo.

¿Qué hay de la comparación que a menudo se ha hecho estos días con el 11 de septiembre?

Es sorprendente pero justificada en el sentido de que ya nada será como antes en Francia. Sin embargo, los atentados del World Trade Center fueron perpetrados por extranjeros. No es el caso de los terroristas que han atacado Charlie Hebdo, que son jóvenes de las afueras.

Se dice que están perdidos, abandonados por la sociedad francesa, etc. ¿Es eso suficiente para explicar la vulnerabilidad de Francia?

La cuestión de la identidad es sin duda crucial en Francia pero hay un aspecto esencial que tenemos la tendencia a ocultar y es la política exterior del Estado francés. Los jóvenes radicales de las afueras van a formarse a Raqqa, Bengasi y Bagdad. Pero ¿quién ha creado esas verdaderas incubadoras del terrorismo internacional? París, después de oponerse a la guerra de Bush en Iraq, ha estado en cambio a la cabeza de las agresiones contra Libia y Siria, y más tarde Mali. Ese deseo de continuar existiendo en la escena internacional es legítimo, incluso si se convierte en una verdadera obsesión. ¿Francia tiene aún los medios? Nada es menos seguro.

¿Debemos temer una fractura definitiva en el interior de la sociedad francesa?

Lo acabo de decir: ya nada será igual en Francia. Se habló hace unos años de una «lepenización de las mentes», y en mi opinión se va a agravar a partir del atentado contra Charlie Hebdo. Algunos sueñan muy alto con una ley de excepción, los periódicos preocupados antes por la moderación y la respetabilidad se muestran cada vez más rencorosos. Los jueces por otra parte han comenzado a golpear muy fuerte y todo esto es muy preocupante.

¿Cuál es según usted la principal enseñanza a una escala más global?

A riesgo de repetirme diré que el mayor peligro hoy en día es el maniqueísmo, que tiende a volvernos el mundo completamente ilegible. Se reducen situaciones extremadamente complejas a una simple oposición entre buenos y malos, entre dulces humanistas, defensores de los derechos humanos, y bárbaros. Dicho esto, podemos apostar por un arranque de lucidez de las mujeres y los hombres de buena voluntad en Occidente. ¿Podemos permitirnos recordarles las palabras de Césaire: «Una civilización que hace trampas con sus principios es una civilización moribunda.»? En nuestra época, no es sensato mostrarse hasta ese punto incapaz de comprender los sentimientos profundos y la visión del mundo de los demás, vanagloriándose en cada ocasión de su apertura de espíritu y de su respeto por las diferencias. Esta incapacidad de cuestionarse a uno mismo procede de un autismo suicida.

 

Traducción: Laura Remei Martínez-Buitrago