Encuentros y desencuentros que marcaron cita sursudanesa

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Difícil y alentadora son los principales calificativos, de marcada ambivalencia, con que expertos etíopes definen hoy la reunión celebrada aquí entre el presidente sursudanés, Salva Kiir, y el líder rebelde, Riek Machar.
Aunque no es mucha la información que trascendió acerca del histórico encuentro, algunos artículos de especialistas, publicados en diarios oficialistas como The Ethiopian Herald, dan cuenta de que las conversaciones, como era de esperar, fueron tensas.

No obstante, la opinión pública, esperanzada, resalta la posibilidad que deja abierta esta cita, la primera en casi dos años, desde que el Estado más joven del mundo se fue de nuevo a las armas, pasándole por arriba al acuerdo de paz firmado 2015.

En un comunicado publicado este jueves, el Movimiento para la Liberación del Pueblo de Sudán-En Oposición (SPLA-IO), dirigido por Machar, informó que el ambiente de la entrevista entre los dos rivales fue ‘cordial’ y les permitió discutir ‘sobre las perspectivas de reconciliación en términos amplios’.

‘El mejor modo de alcanzar una paz duradera es abordar las profundas y arraigadas causas del conflicto y el Movimiento ha solicitado más tiempo; cualquier enfoque honesto para resolver esto, aparte de la buena voluntad, requiere análisis exhaustivo’, sostuvo el SPLA-IO en su declaración.

‘La imposición de un acuerdo sobre las partes no funcionará’, subrayó el grupo, al indicar que ‘todos manifestaron su rechazo a la propuesta de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo de África Oriental (IGAD) pues ‘no refleja la totalidad de las posturas’.

En ese sentido, indicaron que Machar aprovechó la oportunidad para trasladar que ‘cualquier diálogo significativo debería enmarcarse en el contexto de un arreglo político integral, para que se puedan silenciar las armas y establecer un entorno favorable a la negociación’.

En opinión del SPLA-IO, debería optarse de nuevo por el modelo que permitió alcanzar el Acuerdo de Paz Integral y que supuso la vuelta, aunque por poco tiempo, de Machar como vicepresidente dentro de un gobierno de unidad.

‘El modelo actual no es realista; no es por falta de expertos que hay guerra ni serán los talleres los que detendrán los enfrentamientos’.

Por el momento, Juba no se pronunció sobre la reunión o los temas abordados durante la misma.

‘Esta iniciativa fue como un intento de último momento, pero al fin y al cabo es un paso serio para llegar a un pacto’, consideró Alan Boswell, investigador del Centro de Estudios Estratégicos.

Asimismo, el comentarista Firawol Alemayehu señaló que ‘en este momento crítico, en el que están en juego elementos como la nacionalidad y el futuro colectivo, es preciso apoyarse en las obligaciones morales y políticas para reconciliarse de manera significativa entre sí y con todos los demás líderes políticos sursudaneses’.

A pesar de que los reportes dan cuenta de que las deliberaciones se vieron empañadas por las experiencias de los violentos eventos de julio de 2016 y no lograron finalmente un consenso, el espíritu de encontrar una solución quedó demostrado, así como el deseo de resolver las diferencias de forma no violenta.

La semana próxima, los jefes de Estado de la IGAD se reunirán en Addis Abeba, con la esperanza de que las conversaciones vuelvan a la normalidad.

Pero hay un precedente no muy grato: el pasado 22 de mayo, el bloque regional publicó una propuesta de reparto de poderes para tratar de buscar una salida al conflicto, según la cual el 55 por ciento de los cargos irían a personas nombradas por el Gobierno, el 25 por ciento a las designadas por el grupo encabezado por Machar, y el otro 20 por ciento al resto de los partidos; estas disposiciones desagradaron a todos los implicados.

Sudán del Sur se independizó de Sudán en 2011 después de una guerra larga y brutal, pero cayó en una espiral de violencia desde 2013, cuando Kiir acusó al cabecilla opositor, entonces vicepresidente, de organizar una conspiración palaciega para asesinarlo y usurpar el poder.

Desde entonces decenas de miles de personas murieron, en su mayoría civiles; cuatro millones huyeron a territorios fronterizos como refugiados y las epidemias de dolencias curables, propiciadas por una sequía inmisericorde, se enseñorearon de la realidad circundante.