Elecciones y fricciones en Camerún

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Por Julio Morejón
La actualidad política camerunesa transcurre en un escenario tenso por las acciones de grupos separatistas armados a poco de celebrar el 7 de octubre las elecciones presidenciales, para las que se postuló el actual gobernante, Paul Biya.

Esos comicios estarán marcados por el conflicto de la región anglófona, donde operan varias facciones rebeldes que abogan por romper con el gobierno central y oficializar la Ambazonia, reconocen especialistas al destacar las pérdidas económicas y sociales que causa ese disenso. La legislación camerunesa establece que la campaña electoral se inaugurara oficialmente el 22 de septiembre y concluyera con la votación 15 días después. Algunos medios de prensa y sitios digitales no descartan que Biya logre la reelección el 7 de octubre, pese a sus 85 años.

Esa opción no es de dudar, luego de que su partido -la Unión Democrática del Pueblo Camerunés- ganara las pasadas elecciones legislativas, lo cual constituye un respaldo importante para las aspiraciones del mandatario con vistas al período ejecutivo 2018-2024.

Mientras se concluyen los preparativos para la consulta ciudadana, en las regiones del noroeste y sudoeste prosiguen las demostraciones públicas de la minoría de habla inglesa, la cual rechaza lo que considera la marginalización de su comunidad en relación con la francófona.

Es evidente que las raíces de esa contradicción están en que ambos grupos humanos fueron objeto de dinámicas colonizadoras distintas, una británica y la otra gala, lo cual dio pie para construir bases socioeconómicas diferentes; se debe precisar que las dos áreas anglófonas son productoras de petróleo.

La división de Camerún se realizó a finales de la Primera Guerra Mundial, cuando Alemania perdió sus colonias y se ejecutó en obediencia al Tratado de Versalles (en vigor desde 1920); los territorios repartidos fueron también los de África Sudoccidental -después Namibia-, Ruanda, Uganda y Burundi.

Con esa acción de castigo contra los germanos la Sociedad de Naciones compartió la antigua colonia alemana de Camerún entre Francia y Reino Unido, y hoy el país cuenta con el francés y el inglés como lenguas cooficiales, si bien la mayor parte de los ciudadanos utilizan el idioma galo para casi todas sus gestiones.

MÁS ALLÁ DEL HABLA

En Camerún hay más de 230 grupos lingüísticos diferentes locales y las relaciones entre comunidades no permitían avizorar que el país, rico en hidrocarburo y con amplio potencial agrícola, se podía precipitar hacia una crisis que impactara la estabilidad, la unidad territorial.

Mientras, las autoridades reprimmieron acciones políticas, actos de violencia y desobediencia civil, como ocurrió en las regiones anglófonas en 2016. Las acciones y las reacciones abrieron una brecha ideológica ahora difícil de enmendar; al contrario, su profundización desató un conflicto que puede afectar las elecciones presidenciales, como amenazaron los insurgentes, cuya efectividad se ha sentido en los dos últimos años.

Según Naciones Unidas, en el conflicto murieron 300 personas, entre ellas 130 policías y militares, y causó más de 160 mil desplazados internos, de ellos 20 mil se refugiaron en Nigeria, el país vecino, y con el cual los anglófonos cameruneses tienen una afinidad lingüística y cultural histórica.

¿BARCO SIN TIMÃ’N?

Varios aspirantes a suceder a Biya en la presidencia destacan la ausencia del mandatario en actividades gubernamentales de primer orden, lo cual genera críticas en la oposición política, pero pese a su ausencia los rivales permanecen dispersos: nunca se han unido para derrocarlo en las elecciones.

Biya gobierna principalmente por decreto y a menudo pasa semanas en el Hotel Intercontinental de Ginebra para ‘visitas privadas’, aunque el portavoz del gobierno, Issa Bakary, defendió los viajes y dijo que el presidente trabaja muy duro cuando está en Europa, comentó Pauline Bax en el sitio digital bloomberg.com.

No obstante, los comicios previstos para el 7 de octubre pueden otorgarle a Biya su séptimo mandato, a contrapelo de la situación creada por los movimientos y tendencias secesionistas.

La actualidad política en cuanto al ‘disenso bilingüe’ incide negativamente en la economía nacional. Según consideraciones en julio pasado del Grupo Inter-Gestión de Camerún (GICam), las ventas en divisa disminuyeron y se registraron pérdidas por la destrucción de inmuebles, material rodante y mobiliario.

Unido a esos aspectos macroeconómicos permanecen amenazados ocho mil puestos de trabajo en el sector formal y seis mil 34 ya se perdieron definitivamente en las áreas de labores finales de la producción agroindustrial. El país es un importante productor de café y cacao, así como plátano, aceite de palma y té.

‘Los campos y las fábricas han sido destrozados, los trabajadores atacados y en ocasiones asesinados, las producciones enteras abandonadas’, precisa un informe sobre las afectaciones causadas por la crisis, la cual se extiende más allá de las regiones anglófonas.

Respecto a áreas de servicios, el Grupo se refiere por ejemplo a que en las de telecomunicaciones las mermas ascienden a 300 millones de piezas de equipo destruidas y cerca de dos millones de dólares se pierden cada mes, al igual que se reportan bajas en el trasporte marítimo, importante en ese Estado de África occidental.

Todo esto muestra un escenario complejo previo a las elecciones sobre las que el ministro de la Administración Territorial, Paul Atanga Nji, declaró a la radio que ‘se llevarán a cabo en un ambiente tranquilo y sereno en todo nuestro país’, y en las cuales el debate real podría moverse solo en un eje, la continuidad o no de Paul Biya.