Elecciones en Nigeria bajo fuego enemigo

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Goodluck JonathanPor Oscar Luis Toledo

A fines de marzo se realizarán elecciones generales en Nigeria, el país más poblado de África, que ahora sufre un período crítico ante el avance del grupo extremista islámico Boko Haram.

Un tercio de sus casi 180 millones de habitantes acudirá a las urnas el sábado 28 de este mes en los 36 estados que integran esa República Federal, por quinta vez desde que en 1999 se restableció la autoridad civil, tras una cadena de golpes de estado ocurridos tras obtener en 1960 su independencia.

Los nigerianos deberán elegir a su presidente para los próximos cuatro años, a los 360 miembros de la Cámara de Representantes y a 109 del Senado, así como a los gobernadores y legisladores de los parlamentos locales de los estados que integran la federación, con excepción de Anambra, Bayelsa, Kogi, Edo, Ondo, Ekiti y Osun.

En esos comicios se enfrentarán 14 candidatos a la jefatura del Estado en representación de igual a número de partidos. La Comisión Nacional Electoral (INEC), que regula el proceso, impidió a última hora la inscripción del Partido Socialista de Nigeria (SPN).

La disputa por ese cargo se centra entre el actual mandatario, Goodwill Jonathan, quien aspira a ganar su segundo y último mandato, el cual enfrentará al general en retiro Muhammadu Buhari, que ocupó el puesto de 1983 a 1985, tras un golpe de estado. En los comicios de 2011 se postuló nuevamente y perdió por poco margen.

Jonathan representa al Partido Democrático Popular (PDP), considerado la fuerza política más importante de Nigeria, que ganó los cuatro últimos comicios. Se trata de un cristiano procedente del sur, la región más rica del país, donde se concentran los yacimientos petrolíferos.

Buhari, un musulmán del norte, es el candidato del Congreso de Todos los Progresistas (APC), integrado por la unión de cuatro partidos: el Congreso para la Acción de Nigeria, el Congreso para el Cambio Progresivo, el Partido de los Pueblos de Toda Nigeria y la Gran Alianza de todos los Progresistas.

Tras la independencia del gigante africano, país con una amplia diversidad étnica, lingüística y religiosa, los grupos políticos y económicos pugnaron por una cuota de poder y acceso a los recursos, lo cual condujo a consecutivos golpes de Estado.

La oposición nigeriana considera que la pretensión del actual mandatario de reelegirse es inaceptable, debido a que desmantelaría un arreglo histórico tácito vigente desde 1999 para una alternancia en el poder entre candidatos del norte y el sur, musulmanes y cristianos, dirigida a mantener la estabilidad del país.

Tal acuerdo funcionó hasta que en 2010 murió, en su tercer año en el poder, el mandatario Umaru , musulmán del norte, y asumió su vicepresidente, Jonathan, quien luego se postuló en 2011, para gobernar durante otro período de cuatro años.

La posible victoria del actual gobernante significaría que durante nueve años permanecerá al frente del país un cristiano del sur, lo cual -según analistas- podría agudizar las tensiones entre las dos comunidades mayoritarias.

Mientras los políticos se enfrentan en sus campañas, la secta radical islámica Boko Haram, con una fuerza de entre cuatro y seis mil hombres, mantiene en jaque la seguridad y estabilidad del país.

Los fundamentalistas recientemente proclamaron su adhesión al Estado Islámico y al igual que ese grupo terrorista, también pretenden fundar un califato. Con tal propósito lograron en los últimos cinco años ocupar unos 30 mil kilómetros cuadrados, superficie similar a la de una nación como Bélgica.

Tan grave situación obligó a posponer por seis semanas los comicios inicialmente planificados para el 14 de febrero.

Cuando el 7 de febrero el presidente de la INEC, Attahiru Jega, notificó el cambio de fecha se refirió, al argumentar la medida, a una declaración del asesor de Seguridad Nacional, coronel Sambo Dasuki, quien indicó que la lucha contra Boko Haram impedía a los soldados garantizar la seguridad necesaria.

La posposición generó un fuerte rechazo en los opositores. El presidente del APC, Josh Oyegun, calificó el cambio de fecha como una provocación y consideró que se trataba de una maniobra para tratar de garantizar la victoria de Jonathan para un nuevo mandato.

A fines de enero de este año la mitad de los votantes aún no poseían la tarjeta que les posibilitaría ejercer su derecho, debido en gran medida a que en una vasta región del país, principalmente en los extensos estados nororientales de Borno, Adamawa y Yobe, la inestabilidad impide normalizar el proceso electoral.

Esa parte del país, en la que se concentran las acciones de la secta radical, está desde mediados de 2014 bajo el estado de emergencia. Más de un millón de sus habitantes resultaron desplazados de sus hogares y malviven en campos de refugiados, muchos de ellos en Camerún y Níger.

Para aliviar las preocupaciones, Dasuki afirmó que en pocas semanas, antes del 28 de marzo, Boko Haram será eliminado.

Realizó esa declaración luego de que a fines de enero la Unión Africana aprobó la creación de una fuerza multinacional de siete mil 500 efectivos de Nigeria, Camerún, Chad y Níger para combatir contra los extremistas.

En las últimas semanas esa coalición logró un considerable avance en el enfrentamiento al grupo islamista y recientes reportes indican un cambio en la situación existente a fines de enero, ya que los militares desalojaron a Boko Haram de decenas de pueblos y ciudades y recuperaron importantes territorios.

Los islamistas acorralados incrementaron sus ataques contra sensibles objetivos políticos y militares, y uno de los principales propósitos declarado es impedir la celebración de los comicios nigerianos.

Una ola de ataques a poblaciones y atentados suicidas en puntos neurálgicos de las principales urbes del nordeste, agudizó en los últimos días la violencia en esa región del Estado.

Nick Pasang, jefe de prensa de la INEC, se refirió a los problemas que enfrenta ese organismo “para evitar peligros y garantizar la votación en un ámbito seguro” y calificó de crítica la situación prevaleciente en la zona nororiental.

Por su parte, Jega afirmó el 16 de marzo que su organismo hace todo lo humanamente posible para lograr unas elecciones libres, justas y creíbles.

En 2005 un reporte del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos predijo que en 15 años Nigeria colapsaría y, en criterio de algunos analistas, tal situación podría adelantarse cinco años, lo cual dependerá de lo que pase el 28 de marzo en las urnas.

El ministro del Interior nigeriano, Abba Moro, enfatizó recientemente que habrá paz y estabilidad durante las votaciones y descartó la posibilidad, planteada por observadores políticos de este proceso, de que la inseguridad prevalezca y obligaría a fijar nuevamente otra fecha para los comicios.