El Sahel, Europa y los componentes de la inseguridad

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mapa-sahelPor Julio Morejón

La reciente reunión de los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE) subrayó la preocupación de los 28 por la deteriorada estabilidad en la región africana del Sahel.

Durante el encuentro se hizo énfasis en el interés en preservar la estabilidad en lo que el Viejo Continente considera, desde el punto de vista geopolítico, su frontera al sur, un espacio de interés que también incluye al Magreb -los países ubicados geográficamente de Marruecos a Libia.

La región saheliana es una franja de cerca de cuatro millones de kilómetros cuadrados extendida desde el océano Atlántico hasta Eritrea, situada entre el sur del Sahara y el norte del golfo de Guinea y África Central, y donde se hallan además Mauritania, Senegal, Mali, Argelia Burkina Faso, Níger, Chad y Sudán del Sur.

Constituye una zona formada por Estados, en gran parte excolonias francesas mayormente islámicas, que están entre los más pobres y subdesarrollados los cuales, asimismo, sufren una severa inclemencia climática, unido al calamitoso arsenal de su inseguridad.

El Sahel es «un lugar compuesto por naciones con gobiernos débiles y gran desafección política; países con grandes fronteras que cuentan con Fuerzas Armadas y de Seguridad de muy escasa capacidad», indica un análisis de Adrián Morales Trueba, difundido por el Instituto Español de Estudios Estratégicos.

«En definitiva, es un área sumamente inestable, en la que los gobiernos tienen muchas dificultades para ejercer el control y la gobernanza de la totalidad del territorio», concluye el experto.

LAZOS SOLIDARIOS Y NUDOS CORREDIZOS

El Sahel subsiste abocado a crisis humanitarias, a sequías y conflictos armados, los cuales se sostienen con formulaciones ideológicas que muchas veces desembocan en el extremismo. Pero el terror marcha en innumerables ocasiones precedido por la miseria y la frustración, más que por el propio fanatismo.

Ante esa permanente crisis de supervivencia, la UE opta por colocar parches en sus relaciones con la región: los ministros de Relaciones Exteriores del Viejo Continente se apresuraron en ofrecer ayuda a la víctima ante el inminente peligro letal, algo así como un soplo de aire fresco que no atenúa la hirviente ventisca saheliana.

En su reunión de este marzo en Bruselas, los ministros del Exterior destacaron la continuidad de la aplicación de su estrategia para el espacio saheliano, persistirán en las políticas y operaciones de la UE en la región y actuarán en consonancia con la evolución de los acontecimientos en esa zona.

El asunto viene documentándose hace años. El 27 de octubre de 2009, el Consejo de Relaciones Exteriores de la UE manifestó «su inquietud por la situación de la seguridad en diversas partes de la región del Sahel, en particular en Mauritania, Mali y Níger […]”.
En tanto el 25 de octubre de 2010, el Consejo acotaba que «amenazas transfronterizas como el terrorismo y el crimen organizado, junto con la pobreza extrema, los conflictos internos sin resolver, y la debilidad y fragilidad de los estados afectados, constituyen un reto creciente para la estabilidad de la región y para la Unión Europea».

Al respecto, se instó a la Comisión Europea a elaborar una estrategia sobre la región para comienzos de 2011, que no ha cambiado pues la declaración de este marzo posee los mismos ingredientes.

En la historia de la pobreza que consume a la región saheliana, es recurrente el hecho de la imposición de modelos occidentales de ajustes económicos que tienden a multiplicar la miseria y resultan esquemas que enajenan las posibilidades reales de construcción de Estados sólidos y seguros.

Las raíces de muchas fragilidades están asociadas a factores socioeconómicos del desequilibrio entre explotados y explotadores, y que en la década de 1980, con las aplicaciones neoliberales, convirtieron las fisuras de la post-independencia en brechas del período neocolonial, ahora casi insalvables.

SEGURIDAD MANU MILITARI

La UE considera que la llamada crisis de desarrollo-seguridad que afecta a la mayor parte del Sahel plantea una amenaza a sus intereses, sobre todo en la región del Mediterráneo occidental, y, obviamente, en el propio Magreb.

En su más reciente encuentro ministerial, los titulares de Exteriores insistieron en extender la aplicación de su estrategia a países como Burkina Faso y Chad, y pidieron intensificar sus actividades en Mali, Mauritania y Níger.

Asimismo defendieron «incrementar el diálogo político sobre prevención de conflictos y seguridad en el Sahel y en países vecinos relevantes de África occidental como Senegal, Nigeria y Camerún, así como en estados del Magreb».

El respaldo al Sahel -apuntaron- deberá acompañarse con esfuerzos para solucionar en forma duradera la crisis en el norte de Mali y en el conjunto de la subregión, y reconocieron que la seguridad de la zona saheliana está fuertemente relacionada con la estabilidad en Libia.

La situación en ese país norafricano, desestabilizado como secuela de una guerra desatada en su contra precisamente por países de la UE y que llegó a su momento más grave con el magnicidio de Muamar Kadafi, es un barril de pólvora dispuesto a estallar.

En el caso de Mali, donde en enero del 2013 se lanzó una ofensiva militar franco-africana contra grupos islamistas, los ministros europeos del Exterior demandaron a las partes en conflicto participar en consultas creíbles e inclusivas, con todas las comunidades y grupos no extremistas de la región norteña.

Si bien la primera parte del planteamiento prevé la integración alrededor de la mesa de diálogo, la segunda suscita un principio excluyente, lo cual podría conducir a un círculo vicioso de incomprensión y violencia.