El presidente de Malí dice que la reconciliación nacional es su prioridad

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Ibrahim Boubacar Keita

El presidente de Malí, Ibrahim Boubacar Keita, ha afirmado tras su investidura que la reconciliación nacional es su prioridad y que buscará «una paz duradera para evitar la repetición cíclica de crisis en el norte del país».

   «Quiero reconciliar los corazones y los espíritus, restablecer una verdadera fraternidad, para que cada uno, dentro de sus diferencias, pueda jugar su papel en la sinfonía nacional», ha dicho, según ha informado la emisora Radio France Internetionale.

Así, ha indicado que «nada grande se puede lograr sin hacer sacrificios» y ha resaltado que «hace falta aceptar la mano tendida por el otro para forjar juntos un nuevo Malí».

En abril de 2012, el MNLA arrebató todo el norte de Malí, de mayoría tuareg, a las tropas gubernamentales en una rebelión cuyo fin último era la independencia, pero la revuelta fue enseguida secuestrada por tres grupos islamistas: el Movimiento de Unidad para la Yihad en África Occidental (MUYAO), Ansar Dine y Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI).

Desde entonces, los islamistas implantaron la ‘sharia’ (ley islámica) en las ciudades de Tombuctú, Kidal y Gao y destruyeron templos históricos en los que, según su criterio, se ejercía la idolatría.

A pesar de la declaración de independencia formulada entonces por el MNLA, ni Malí ni la comunidad internacional reconocieron el paso dado por el grupo tuareg. Los tuareg han protagonizado varios levantamientos para conseguir que se reconozca la autonomía de dicho pueblo o la creación de un país propio en la región.

Entre 1990 y 1996, combatieron contra Malí y Níger en una revuelta instigada por una grave hambruna en la región, la dura represión contra los derechos políticos de esta población y la crisis de refugiados derivada de la debilidad política de ambos países durante la década de los ochenta.

Más recientemente, los tuareg volvieron a tomar las armas entre 2007 y 2009 a causa de la lenta e insatisfactoria desmovilización e integración de los rebeldes en la vida civil y las Fuerzas Armadas. En el proceso, varios políticos tuareg fueron destituidos de sus cargos y algunos terminaron en la cárcel.

A principios de enero, estos grupos islamistas comenzaron a avanzar hacia la línea de demarcación en la región de Mopti, mientras que varias unidades de los grupos ‘yihadistas’ presentes en la zona se desplegaron al sur de Tombuctú, lo que desencadenó una intervención militar francesa para recuperar el control del norte del país y entregarlo a las fuerzas de seguridad.

En la actualidad, uno de los principales interrogantes es la solución a las reclamaciones por parte del MNLA, que, si bien ha renunciado a la independencia, sí ha exigido la apertura de un proceso de negociaciones con el Gobierno para lograr una mayor autonomía.

Malí acudió a las urnas bajo la presión de la comunidad internacional, especialmente de Francia, que quiere retirar el grueso de sus tropas si todo transcurre con normalidad, pese a que la amenaza de atentados por parte de los islamistas está en el aire.

Hasta el año pasado y desde las manifestaciones que pusieron fin al régimen militar en 1991, Malí ha celebrado elecciones pacíficas que han traído consigo presidentes y gobiernos que han gobernado mediante el consenso y el clientelismo, ganándose una reputación de oasis de estabilidad.

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