Dinero desviado en Angola, ¿una novela por capítulos?

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Por Roberto Hernández
Un mes después de las primeras acusaciones por el desvío de 500 millones de dólares pertenecientes al Estado angoleño para cuentas de particulares en el extranjero, trae a muchos la idea de que vivimos una novela por entregas a largo plazo.

Hasta hace poco solo se conocía de los fondos retenidos por las autoridades británicas en septiembre del año pasado por sospecha de lavado de activos y que fueron transferidos por el Banco Nacional de Angola (BNA) para una cuenta del Credit Suisse de Londres.

Sin embargo, el Ministerio de Finanzas reveló que la Procuraduría General de la República intenta la recuperación de 24,85 millones de euros transferidos a la empresa Mais Financial Services, resultante de una prestación de servicios no realizada.

Por el caso fue acusado el hijo del exmandatario José Eduardo dos Santos, José Filomeno dos Santos, quien era por entonces el presidente del Fondo Soberano de Angola.

También está encartado el exgobernador del BNA Valter Filipe y otros funcionarios cuyos nombres no fueron divulgados.

De acuerdo con la información publicada oficialmente, José Filomeno sugirió el año pasado al ejecutivo de su padre la constitución de un fondo de inversión con vistas a la movilización de 35 mil millones de dólares que servirían para financiar proyectos estratégicos para el país.

Además, propuso la creación de otro fondo de 300 millones de dólares mensualmente por un año para atender las necesidades del mercado cambiario interno.

Toda la operación sería a través de Mais Financial Services, que de julio a agosto de 2017 recibió los más de 24 millones de euros referidos anteriormente. Supuestamente la compañía tenía el soporte de un sindicato de bancos internacionales de primera línea.

Para el efecto, los promotores presentaron como condición precedente la capitalización de mil 500 millones de dólares por parte de las autoridades angoleñas.

Fue entonces que en agosto se transfirieron 500 millones de dólares a la cuenta de PerfectBit, entidad contratada por los promotores de la operación, alegadamente para fines de custodia de los fondos a estructurar.

El administrador de PerfectBit, el angoleño Jorge Guadens Pontes, fue nominado al cargo días antes de la transferencia de los valores, según la nota.

Sin embargo, una investigación hecha por el Ministerio de Finanzas -que contrató una firma de abogados- concluyó que PerfectBit (del brasileño Samuel Barbosa) era una empresa durmiente sin ningún histórico en operaciones similares.

Por tal motivo, en octubre pasado el presidente Joao Lourenzo envió al ministro de Finanzas Archer Mangueira a Londres para contactar a los promotores y al supuesto sindicato de bancos que darían soporte a la operación de financiamiento.

Algunas cuestiones llamativas rondan sobre el caso, el más sonado dentro de la llamada lucha contra la corrupción en marcha en el país.

En primer lugar, salta a la vista que los acusados enfrenten las investigaciones bajo libertad. Todos tienen suficientes recursos para abandonar el país.

De hecho, se rumoró -y medios de prensa lo publicaron- que José Filomeno huyó del país con un pasaporte israelí, un hecho que la embajada de Tel Aviv aquí negó con sospechosa rapidez.

Ni Filipe ni el hijo de dos Santos se han visto en público.

Lo otro que genera numerosas interrogantes en las redes sociales y en la prensa opositora es conocer de dónde salió la autorización para mover tan elevada cantidad de fondos, sobre todo en un país que vive una aguda crisis económica y financiera, con notable escasez de divisas.

Lo curioso es que un angoleño, por dañar un equipo electrónico de entretenimiento en un avión, fue condenado sumariamente a cuatro meses de prisión. El artefacto estropeado costó tres mil dólares.

Siguiendo la lógica de ese juez, de ser culpables, José Filomeno, Filipe y los demás encartados deberían compartir una condena de 55 mil 555 años solo por los primeros 500 millones de dólares dilapidados.

Hasta ahora parece que viviremos una entrega de larga telenovela y algunos hacen sus apuestas de cuánto dinero se escamoteó de las arcas angoleñas.