Diez personas han muerto y otras 16 han resultado heridas en Libia

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LIBIAAl menos diez personas han muerto y otras 16 han resultado heridas en una nueva jornada de enfrentamientos en el oeste del país, en el marco de la operación militar lanzada hace unos días por el Gobierno libio reconocido internacionalmente para «recuperar» la capital, Trípoli.

Según las informaciones recogidas por el diario ‘The Libya Herald’, los enfrentamientos han tenido lugar en medio de las informaciones sobre la posibilidad de que las milicias presentes en la localidad de Zawiya, ubicada entre Trípoli y la frontera tunecina, permitan la entrada del Ejército sin oponer resistencia.

 La Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) anunció el martes que el 9 de diciembre se celebrará una nueva ronda de conversaciones entre las partes en conflicto en el país para intentar poner fin a la crisis política y de seguridad, si bien no está claro que la misma vaya a tener lugar debido a los combates.

Libia está inmersa en un conflicto entre dos gobiernos rivales, uno autoproclamado e instalado en Trípoli después de que las fuerzas de la operación Amanecer de Libia se hicieran con el control de la capital este verano, y otro asentado en la ciudad de Tobruk, en el este del país, y reconocido a nivel internacional.

El Parlamento de Tobruk ha estado aliado de forma formal con la ‘Operación Dignidad’ desde el mes de agosto, cuando nombró como mayor general a Abdul Razzaq Nazhuri, uno de los hombres más cercanos a Jalifa Haftar, que encabeza la citada operación.

Haftar, antiguo aliado del exlíder libio Muamar Gadafi, se rebeló contra su mentor en los ochenta y, según el ‘think tank’ estadounidense The Jamestown Foundation, pasó 20 años en Estados Unidos antes de volver en 2011 a su país de origen. Esta institución ha asegurado que el general renegado incluso contaba con el apoyo de la CIA.

Su gran reaparición llegó en febrero, cuando en televisión, flanqueado por una bandera libia y un gran mapa, reclamó que un Gobierno interino asumiese la responsabilidad en detrimento del Parlamento, paralizado por las divisiones que persisten desde el fin del antiguo régimen.