Después de Mandela

0
548
Estudiantes expresan su apoyo al histórico activista contra el apartheid
Estudiantes expresan su apoyo al histórico activista contra el apartheid

Volví a mi hogar en Sudáfrica pocos días antes de que Nelson Mandela fuera hospitalizado nuevamente. Se trata del quinto y más extenso período de observación médica desde diciembre último. Muchos están convencidos de que puede ser su última internación. Mandela no ha tenido un papel activo en la política sudafricana durante al menos una década, pero continúa siendo un símbolo imponente de la promesa de la “nación del arco iris”. Por lo que la ansiedad es palpable, especialmente en los medios de comunicación: ¿Qué sucederá si Mandela desaparece? Andrew Mlangeni, quien trabajó con Mandela durante más de dos décadas en la cárcel de Robben Island, dijo a un periódico dominical que los sudafricanos tenían que liberar a Mandela espiritualmente y dejarlo partir. El ciudadano de a pie se ha resignado al hecho y se halla despidiéndose, aunque algunos desean que permanezca con ellos más tiempo. Tanto niños escolares como clérigos hacían presencia en el hospital para rezar por él y dejar mensajes. A pesar de que parte de la prensa quería convertir la falta de partes detallados sobre la salud de Mandela de los voceros gubernamentales en una cuestión de “libertad de prensa” y un escándalo, la cobertura televisiva y radial es mayormente sombría.

Aun cuando la vigilia continúa, los ciudadanos debaten acerca del legado y la historia que tan fuertemente este hombre significa. Por caso, todo el mundo conoce la membresía vitalicia de Mandela en el Congreso Nacional Africano (CNA), el partido que gobierna el país desde el establecimiento de la democracia en 1994. Sin embargo, la opositora Alianza Democrática sostiene que ella es la verdadera heredera de Mandela, pese a ser una formación política ampliamente blanca que gobierna en Ciudad del Cabo y la provincia circundante y que representa tan sólo el veinte por ciento del voto nacional. El presidente sudafricano, Jacob Zuma, también líder de la CNA, los corrigió: “Según la interpretación sobre la historia que hace la AD, Mandela nació en 1994, no había vida antes”.

Pero es posible ver por qué la AD no puede evitar exagerar. Mandela es la figura más reconocible de Sudáfrica en el siglo XX, y del mundo tal vez y de la historia. En la imaginación popular, tanto en el país como en el extranjero, es una suerte de santo. Mandela encarna el relato de una lucha justa contra el apartheid legal, así como el supuesto milagro de la reconciliación racial al final del siglo XX. Es una gran historia, y una buena parte de ella es cierta. Sudáfrica hoy es radicalmente diferente de aquélla a la que Mandela volvió luego de salir de la cárcel en 1990. Tiene un gobierno negro, una clase media negra en crecimiento, medios de comunicación plenos, libertades democráticas estables y vitales y una creciente economía.

La desigualdad, una constante

Mandela puede atribuirse el mérito de haber convencido a los sudafricanos blancos de las virtudes de la democracia liberal, garantizando de este modo la estabilidad de la economía a partir de 1994, aun a costa de preservar la riqueza e influencia desproporcionadas de la población blanca. Los presidentes posteriores han continuado en esta línea. Y pese a algunas opiniones racistas, hoy el tema raza ejerce poca turbulencia política. Sin duda, algunos blancos se quejan sobre discriminación y “racismo inverso” y forman “organizaciones de sociedad civil”, como las organizaciones Afrikáner Afriforum y Solidarity, que, entre otras cosas, se oponen a cambiar el nombre de las calles y a las mejoras destinadas sólo a grupos minoritarios. Sin embargo, en general, los sudafricanos blancos nunca han sido más prósperos y libres. Es sabido que la política económica neoliberal benefició a la antigua clase acomodada e hizo estragos en la mayoría negra y pobre. El resultado es que el país continúa siendo uno de los más inequitativos del mundo, según todas las mediciones. Lo que es peor: la desigualdad aún se ve determinada por la raza, a pesar del hecho de que entre los negros la brecha también se ha ampliado. Desde 1994, el número de sudafricanos que viven con menos de un dólar al día se ha duplicado, pero también lo ha hecho el número de millonarios.

Los pobres saben esto, y aunque la mayoría de los ciudadanos venera a Mandela y el CNA por haber vencido el apartheid, muchos perciben que el partido gobierna de un modo, al menos, insensible. Por caso, son habituales las imágenes de la policía reprimiendo protestas, o desalojando a personas de sus exiguas y pobres casas. En el caso más extremo, en agosto de 2012, la policía mató a treinta y cuatro mineros en huelga en la provincia del Noroeste.

Con todo, la insatisfacción no es nueva. A principios de la década de 2000, el sucesor de Mandela, Thabo Mbeki, fue objeto de frecuentes protestas sobre la pésima prestación de servicios, el desempleo, la pobreza y la desigualdad. Miembros del CNA y otros trabajaron con éxito para derrocar a Mbeki, quien fue elogiado por los intereses empresariales por su gestión de la economía. En su lugar asumió Zuma, que aunque más agradable que Mbeki, está debilitado por una vida privada desordenada y acusaciones de corrupción. El mandatario está inmerso en problemas, pero a nivel macroeconómico, poco cambió. La impaciencia con su gobierno está creciendo. No todas las protestas tienen una forma organizada o se mantienen en el tiempo, pero siempre están ahí. Estos movimientos con frecuencia invocan a Mandela como un símbolo, incluso cuando reprenden el legado de su gobierno. Es a la vez un obstáculo y una inspiración.

El reclamo en la calle

Muchos de los participantes apenas habían nacido cuando Mandela salió de la cárcel o cuando fue elegido presidente. El movimiento de habitantes de barrios marginales Abahlali baseMjondolo que protestó por los desalojos a manos del ayuntamiento del CNA, se ve reflejado en una nueva película llamada Querido Mandela. En una escena, el líder adolescente Mazwi Nzimande denuncia a las personas que discriminan a los habitantes de los asentamientos y critica a los partidos políticos. Sin embargo, cuando él grita: “¡Abajo el CNA, abajo!” es recibido con silencio. El partido de Mandela todavía tiene una poderosa influencia sobre la mayoría de los sudafricanos negros. Para muchos, a pesar de sus defectos, sigue siendo la única organización capaz de reestructurar radicalmente la economía política de Sudáfrica. En la película, Nzimande se ve momentáneamente derrotado. Luego, otro militante, Mnikelo Ndabankulu, haciendo referencia al temple de Mandela cuando fue sentenciado a prisión perpetua en 1964, dice: “No se precisa ser viejo para ser sabio. Es por eso que pensamos que necesitamos mostrar nuestro carácter mientras aún somos jóvenes de tal modo que al morir no tengamos un pequeño obituario que diga ‘naciste, comiste, fuiste al colegio, moriste’. Al fallecer, debes hacerlo con credibilidad. La gente debe hablar acerca de ti como un hombre entre los hombres, no sólo un hombre común”.

El 16 de junio último fue el Día Nacional de la Juventud, que conmemora la resistencia de 1976 de los estudiantes negros de Soweto frente a la directiva de estudiar obligatoriamente en afrikáans, y en protesta contra las condiciones de sus colegios. El movimiento se expandió por todo el país y combatió el represivo entorno político de ese entonces (la mayoría se vio inspirada por el movimiento de Conciencia Negra cuyo líder, Steve Biko, fue asesinado por la policía al año siguiente). Mucho ha cambiado desde ese entonces. La educación pública es actualmente gratuita en principio, los gastos del gobierno no están discriminados por raza y nadie está obligado a aprender afrikáans. Sin embargo, poco se ha hecho para mejorar los colegios negros que se caracterizan por el hacinamiento, la falta de electricidad, de agua y una infraestructura dilapidada. Al día siguiente, me uní a una marcha realizada por algunos miles de estudiantes hacia el Parlamento. La movilización había sido organizada por la ONG Equal Education. Esta institución les recordó a los manifestantes que se encontraban reunidos en “una ocasión solemne”, en referencia al estado de salud de Mandela, “el padre de la nación que yace en su lecho de muerte”. Fue inevitable que luego hiciera una conexión directa entre la marcha y Mandela, quien luego de Soweto en 1976, escribió desde prisión: “Dicho veredicto es fuerte y claro: el apartheid fracasó. Nuestro pueblo lo rechaza unánimemente. Son una generación cuya formación estuvo diseñada por racistas con el objetivo de envenenar las mentes y lavar el cerebro de nuestros niños y convertirlos en dóciles ciudadanos bajo el régimen del apartheid. Pero luego de más de veinte años de Educación Bantú, el círculo se cerró y nada demuestra más claramente la total quiebra del apartheid como las revueltas de nuestros jóvenes”.

Me pregunté qué pensaría Mandela de estos manifestantes para quienes la libertad significa igualdad en la educación y quienes observan al gobierno, del que él voluntariamente forma parte, como un obstáculo para sus derechos plenos en la nueva Sudáfrica. Tal vez se reconocería en ellos.

La retórica no alcanza

Pese a formar parte del grupo vip de los países emergentes agrupados en el denominado Brics (junto a Brasil, Rusia, la India y China), Sudáfrica, al igual que sus pares del bloque, adolece de severos desequilibrios sociales.

Un reciente informe del Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales, crítico frecuente del partido de Nelson Mandela, el gobernante CNA, llegó a la conclusión de que los blancos están mucho mejor de lo esperado desde el fin del apartheid, al tiempo que otro estudio reveló que la mayoría de los CEO y gerentes siguen siendo blancos. En paralelo, el sitio Africa Check corrige las estadísticas infladas sobre la pobreza blanca. “Sostener que 400 mil afrikáneres están viviendo en campamentos de ocupantes ilegales es groseramente inexacto. Si ése fuera el caso, significaría que aproximadamente el diez por ciento de los 4,5 millones de los blancos de Sudáfrica vive en la pobreza extrema. Las cifras del censo indican que sólo una pequeña fracción de esa población, tan sólo 7.754 hogares, se ve afectada”. De este modo, los sudafricanos blancos se encuentran muy bien en la Sudáfrica pos Mandela, y muchos están preocupados sobre qué pasará con ellos cuando el líder de la nación fallezca. Esta ansiedad se debe en parte a la conclusión de que la transformación ha sido lenta en llegar a la gran mayoría de los sudafricanos. Mandela se destacó en la retórica del arco iris y de la reconciliación que aún impregna el discurso público de Sudáfrica, pero él presidió una política económica desastrosa para los pobres del país, mayormente negros.

Desigualdad histórica

Desde el gobierno de Nelson Mandela inclusive, las distintitas administraciones sudafricanas fueron renuentes a solucionar la histórica inequidad del país, ya sea implementando una reforma agraria o alterando los patrones residenciales de las razas. Aunque el actual gobierno de Jacob Zuma puede acreditarse la masiva reconstrucción de viviendas públicas, la mayor parte aún se construye lejos de los centros urbanos y está próxima a ciudades segregadas racialmente. Casi 280 mil familias en todo el país carecen de medidas de salud básicas. En Ciudad del Cabo, donde gobierna la opositora Alianza Democrática, manifestantes han recurrido desesperadamente a arrojar heces en las puertas del Parlamento provincial o sobre los cuerpos de los representantes públicos.

Con todo, las políticas orientadas al libremercado comenzaron con Mandela, pese a que muchos asocian dichas políticas con el sucesor de éste, Thabo Mbeki. Sin embargo, fue Mandela quien a mediados de 1996 presentó la política neoliberal del gobierno GEAR (Crecimiento, Empleo y Redistribución, por sus siglas en inglés) como “no negociable”.

Actualmente, existen conflictos acerca de la política económica dentro del gobernante CNA, así como con sus aliados en los sindicatos y el Partido Comunista. Incluso, hay señales de un “Estado desarrollista”, compuesto por un plan de salud nacional, viviendas sociales, ayuda para el tratamiento del sida y subsidios. Sin embargo, el gobierno aún prioriza los intereses de las empresas.

Sean Jacobs es oriundo de Ciudad del Cabo, es profesor en la universidad The New School de Nueva York. Fundador del sitio Africa is a Country.

Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/?p=4289

Traducción: Jorge Reparaz

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here