Desplazados internos en Etiopía, entre incertidumbres y esperanzas

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Entre incertidumbre y esperanza casi 400 mil de los más de un millón de desplazados internos en Etiopía retornan hoy a lugares de origen en un plan del Gobierno, que les prometió seguridad y una vida digna.
El cielo estaba lleno de estrellas la noche en que llegaron los atacantes, recordó Mohamed.

‘No había una sola nube. No dijeron una palabra. Prendieron fuego a nuestras casas, masacraron animales y se llevaron pertenencias’.

Este hombre de 45 años y su familia, de la comunidad Oromo, se encuentran entre los puntajes atrapados en la violencia étnica que estalló en el sudoeste del país a principios de este año.

Su amigo, Edede, que pertenece a la localidad de Gedeo, también fue una víctima.

‘Ese día no sentí nada más que miedo’, comentó a Prensa Latina, mientras acunaba a su hija de dos años, Bereket. ‘Pensé: primero queman mi casa, luego matarán a los míos’.

Al final, se vieron obligados a huir de su aldea de Chaikata. Ahora que finalmente han regresado, esperan que prevalezca la paz.

‘Nací en esta aldea’, dice Mohamed. ‘Mi padre también nació aquí. Nunca tuvimos problemas con los gedeos’.

‘Nuestros hijos juegan juntos, se acompañan para ir a la escuela’, agregó Edede.

‘Oromos y gedeos siempre han vivido pacíficamente aquí. Hablamos el idioma del otro. Nos casamos. Nunca hemos conocido la violencia’.

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) responde actualmente a las necesidades urgentes de los afectados, aunque reclamó la necesidad de incrementar el soporte, pues se requieres casi 22 millones de dólares para responder adecuadamente a sus carencias en los próximos 12 meses.

A pedido del gobierno etíope, Acnur distribuyó 50 mil kits de ayuda de emergencia y ahora se está enfocando en el retorno y la rehabilitación.

Según las autoridades, más de 359 mil personas volvieron a sus áreas de origen. Sin embargo, aún se necesitan mayores esfuerzos para tranquilizar a quienes temen que lo vivido comience nuevamente.

Oromos y gedeos que huyeron a diferentes partes de la región describen como horrendos los choques acontecidos.

Muchos fueron testigos de homicidios, algunos de los miembros de su propia familia, así como violaciones, matanzas de ganado y casas quemadas.

Cuando la situación se agudizó, Mohamed y los suyos cruzaron un río para buscar seguridad; en tanto, Edede escaló la colina hacia la comunidad de Gedeo, llevando a cuesta a sus pequeños hijos y de una mano a su esposa.

‘No pudimos llevarnos nada. ‘Ni siquiera teníamos zapatos’.

Durante dos meses, los de Mohamed vivieron con 13 personas en una pequeña choza. ‘Dormimos en el suelo y no había suficiente comida’, subrayó. ‘Siempre estuvimos hambrientos. Siempre que había algo para comer, primero se lo dábamos a los niños’.

‘Pensé en mi amigo a menudo’, quien estaba refugiado en un sitio colectivo local. ‘Recé todas las noches porque él y su familia estuvieran vivos’.

Luego se enteró que los gedeos estaban regresando al pueblo. ‘Fue entonces cuando encontramos el valor’, manifestó. ‘Me sentí tan bendecido de encontrar a Edede allí’.

Aunque está feliz, casi no puede dormir, ansioso. ‘¿Cómo voy a mantener a mi familia?’, se pregunta. ‘Hemos perdido todo. Casas, animales, propiedades’.

En un viaje reciente a la región de Gedeo, Clementine Nkweta Salami, representante del Acnur en Etiopía, fue testigo del impacto del desplazamiento.

‘Monitorear las condiciones de retorno y abordar las causas fundamentales del desplazamiento es primordial para garantizar la sostenibilidad de los movimientos de retorno’, señaló a esta agencia.

‘Es fácil perder la esperanza frente al sufrimiento humano, pero la Acnur ha trabajado junto al Gobierno durante años. Contamos con personal extremadamente dedicado y seguimos comprometidos con la búsqueda de soluciones a largo plazo’.

Las láminas de plástico que la agencia ha dado ayudarán a mantener a los vulnerables a salvo de las fuertes lluvias de la temporada.

Como resultado, Edede tiene esperanzas. ‘Nos sentimos seguros aquí’, afirmó.

‘Nuestros hijos volverán a estudiar. Esperamos que nunca más tengamos que huir. Reconstruiremos vidas y hogares juntos. Nunca podríamos hacerlo solos’.