Democracia y nacionalismo, en busca de un equilibrio para Etiopía

0
514
Por Richard Ruíz Julién
En Etiopía, donde convergen diversas culturas, idiomas, religiones y tradiciones, la promoción del nacionalismo democrático es la única opción que, según subrayan académicos, se ajusta a las realidades sobre el terreno.

Los expertos ponderan al actual sistema federal multinacional como el más apropiado para acomodar la diversidad, pues la Constitución garantiza el derecho a la autodeterminación de las distintas regiones o comunidades, aunque alertan de la necesidad de alejarse de los etnicismos.

Ello amenazaría la larga tradición etíope de vivir en unidad y armonía, refirió Meresa Tsehaye, profesora adjunta de Ciencias Políticas y Estudios Estratégicos en la Universidad de Mekelle.

Por su parte, Sisay Mengiste, doctor en derecho de la Universidad de Addis Abeba, refirió que la primera medida de la gobernante coalición Frente Democrático del Pueblo Etíope una vez asumió el poder fue crear un ambiente favorable para garantizar libertades a las naciones, nacionalidades y pueblos que conforman el abanico nacional.

Pero la forma en que progresó perdió eventualmente la esencia de cómo debería ser implementado esto; las unidades constitutivas parecen vivir fuera del gobierno federal, consideró.

Así, en opinión de los especialistas, los derechos constitucionales de los pueblos son usados a veces para instigar conflictos y perseguir agendas propias, ocultas y destructivas.

El efecto acumulado de esas formas extremas están amenazando el espíritu de integración, a veces incluso dando la impresión de que hay dos estados dentro de un mismo país, argumentaron.

Tsehaye aseguró que el problema en la actualidad no es la existencia del nacionalismo, sino el proceso de gestionarlo, pues se necesita promover una identidad compartida, fomentar la integración económica y el capital común.

Esto también permite a los ciudadanos obtener protección legal y política para sus identidades, garantizar el desarrollo y la justicia social, creando así una oportunidad para que los etíopes aprecien la unidad en la diversidad, señaló.

Y en este sistema pueden practicarse los principios de la democracia cuando no solo importan los derechos de cada quien, sino también se aceptan que otros también los tienen, y se aprende a respetarlos, subrayó el analista Haftu Gebrezgabiher.

Después de todo, a pesar de esta variedad y la naturaleza multinacional, Etiopía también tiene valores, tradiciones, cultura, historia y, sobre todo, un territorio con una pasado único y orgulloso, recordó Gebrezgabiher.

La promoción de esos activos, a su vez, ayudaría a acelerar el esfuerzo continuo de construcción de la nación, aseveraron los observadores.

Sea como fuere, la democracia federal, por méritos propios, merece ser tenida en consideración, porque aunque no logre satisfacer a los Â’auténticosÂ’ nacionalistas, sí puede servir para dotar de mejores herramientas conceptuales, institucionales y competenciales a un Estado que sigue necesitado de ellas, añadieron.

Para los estudiosos locales, esta variante es la mejor solución ante la dualidad de sentimientos identitarios de carácter nacional.

Es la más óptima, porque es más razonable y probablemente más democrática que la secesión o la independencia, dado que no obliga a una elección única y monolítica de la identidad (nacional), al permitir a las minorías que también existen dentro de las minorías seguir conviviendo sin sentirse excluidas, apuntaron.

Como toda organización federal nace de un pacto que requiere actualización constante; la pretensión de petrificar ese acuerdo, al dejar en manos de una mayoría cualificada su evolución, no hace otra cosa que anquilosar su contenido, esclerotizarlo, concluyeron.

Nada más lejos de la idea federal, que es evolución (legal y/o jurisprudencial), flexibilidad e, incluso, reforma constitucional como una posibilidad siempre presente.