Darfur: Más allá de las finanzas, la política

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epa04295832 A handout photograph made available on 02 July 2014 by the African Union – United Nations Mission in Darfur (UNAMID) shows UNAMID troops from Tanzania, deployed in Khor Abeche, South Darfur, conducting a routine patrol in Karbab village, where the community reported threats by other tribes, Sudan, 01 July 2014. UNAMID reinforced the number of patrols in villages around Khor Abeche, where on March 22 over 300 heavily armed men set fire to dozens of shelters in a camp for displaced people and stole livestock belonging to the residents. EPA/ALBERT GONZALEZ FARRAN / UNAMID / HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES
La reducción de fondos financieros para la denominada Misión Híbrida en Darfur (Unamid), revivió en los medios de prensa uno de los temas pendientes en la realidad africana: el proceso de paz en esa región occidental sudanesa.

Ese contingente está integrado por soldados de la Unión Africana (UA) y de Naciones Unidas; desplegado desde 2007 cuenta con cerca de 16 mil cascos azules que tienen el mandato de proteger a la población civil en una región donde luchan fuerzas del gobierno de Sudán y rebeldes.

Durante bastante tiempo y en gran medida por las acciones mediadoras de terceras partes, parecía que el conflicto entre Jartum y las guerrillas se extinguía; hubo invisibilidad de los hechos en los órganos de difusión, y en alguna medida el interés pasó a otros temas como la guerra en Sudán del Sur, el vecino cercano.

Sin embargo, de manera intermitente siempre se filtraba algún que otro informe sobre enfrentamientos, intercambio de acusaciones y un poco de historia sobre una contienda que en principio, en 2003, se centró en el disenso entre comunidades por presuntos beneficios para unas en detrimento de otras.

La trayectoria del conflicto marca su despegue -si así se le puede llamar- en la intensificación de las contradicciones entre la población afrodescendiente y los descendientes de árabes, pero el factor económico sobrepasa esa división esquemática entre los protagonistas de lo que devino un proceso extremadamente letal.

Pero Darfur sigue siendo una pústula en el proceso para lograr un acuerdo de paz integral, difícil de concebir tras una contienda que causó desde 2003 alrededor de 300 mil muertos y más de 2,5 millones de desplazados, sin contar las millonarias pérdidas materiales, en un escenario donde escasean los recursos, problema que se complicó al enlazarlo con el tema humanitario.

Según analistas políticos el referido conflicto puede entenderse como el momento crítico en el que emergen tres siglos de crisis en una región institucionalmente dividida en cinco partes: Darfur Norte, con capital en Al Fasher, Darfur Sur (Nyala), Darfur Oeste (Al-Geneina), Darfur Central (Zalingei) y Darfur Este (Al-Dein).

En conjunto es un territorio con algunas riquezas agrícolas en un país sometido a una geografía rigurosa, donde escasea el agua y como consecuencia el pasto y las zonas identificadas como oasis, todo lo cual carga tensiones en las comunidades, y si entre ellas perciben algún acto discriminatorio, la compleja convivencia tiende a romperse.

Además del tema del agua, es de citar las probabilidades de que existan grandes yacimientos de oro y de petróleo, más razones que multiplican las tensiones.

Las condiciones de supervivencia en esa parte del país son críticas; igualmente grave es su origen, el conflicto entre los grupos paramilitares janjaweed (jinetes armados) mayormente formados por integrantes de la comunidad árabe y las facciones armadas de grupos tribales no árabes.

Analizado desde el ángulo étnico, los expertos consideran que los combates en ese territorio derivan de los problemas persistentes entre el norte y el sur del país, los cuales motivaron 21 años de guerra civil, y muchos de ellos constituyen asignaturas pendientes de mucho más tiempo en la historia sudanesa.

¿UNA JIHAD?

La Unión Africana no calificó a las matanzas en Darfur como genocidio, aunque demandó a las autoridades de Sudán a arrestar y perseguir a los milicianos árabes acusados de cometer atrocidades en el oeste del gigantesco país, pero faltó una referencia directa sobre los contendientes.

‘En 2007 la Corte Penal Internacional acusó al comandante de la milicia Jajaweed, Ali Kushayb, de crimen de guerra’, recordaron varios medios de prensa.

El gobierno asegura que las tensiones en la zona oeste se basan en la desigual tenencia de recursos, mientras que fuentes occidentales se refieren a la situación en términos de limpieza étnica; de todas formas existe falta de evidencias, aunque sí motivan el jolgorio mediático.

Algunos medios no escatiman para herir a fondo al gobierno de Jartum, al que vinculan con el socorrido estigma del ‘árabe malo’, el cual desconoce la paz y solo lucubra en extender la guerra santa islámica (la Jihad) contra Occidente, lo cual luego aviesamente se transforma en ‘promover el terrorismo’.

Sin embargo, la administración de Ormar Hassán al Bashir también se preocupó por pacificar esa región del oeste sudanés mediante una serie de negociaciones y acuerdos con grupos guerrilleros que se sentaron a dialogar en Doha, la capital qatarí, en 2009 y más tarde el gobierno emitió un alto del fuego, que se viola de vez en vez.

Aún existen grupos armados antigubernamentales que no firmaron el pacto de Doha, no obstante reclaman que el Ejército viola la tregua decretada unilateralmente por las autoridades, lo que estas niegan, pero el debate al respecto continúa en ese ámbito donde aún no crece la confianza.

Mientras toda esa madeja continúa enmarañándose, la ONU decidió una reducción financiera que se desconoce cómo afectará a la trama que se desarrolla en Darfur, un recorte que posibilitará incrementar los recursos de la Misión de Paz en Mali, la Minusma.

Pero tal disminución tiene varias consideraciones: eso tenderá a agilizar la salida de la Unamid de Darfur, según el plan al respecto diseñado por la Unión Africana, que prevé la reducción gradual de esa fuerza en dos fases de seis meses cada una.

La primera reducción llevará a las tropas de 13 mil a 11 mil 400 en enero de 2018, después será una rebaja a ocho mil 735 a finales de junio del próximo año, así como también se irá limitando el número de policías de la Unamid en la zona, indicaron fuentes asociadas a Naciones Unidas.

Sin embargo, un enviado de ONU a Sudán -Peter Schumann -elogió la medida, al decir que desplaza las responsabilidades a las manos del gobierno de ese país, lo cual sin duda alguna le concede cierto aval político (quiéralo o no Occidente) a Jartum, aunque a la vez le compromete a avanzar más rápido en gestionar la paz en Darfur.

Tras la reducción financiera anunciada, deberá haber mucha acción política, porque para lograr todos los objetivos previstos se tendrá que recorrer un camino diplomático angosto en breve y sin el apoyo de la Unamid.

Pero de todas formas: la suerte está echada, como dijo el emperador romano Julio Cesar.