Dallas: Policías al suelo, el miedo cambia de bando

0
814

Dallas policiasDallas: Policías al suelo, el miedo cambia de bando.Las claves para entender la tensión racial histórica.

 

Por Saiba Bayo. Analista político.

El asesinato de los seis policías por un ex militar de raza negra que tuvo lugar en la localidad de Dallas, Estados Unidos, nos obliga a sumergirnos en las corrientes subterráneas de la sociedad norteamericana en busca de explicaciones para entender mejor las tensiones raciales. Aunque no es la primera vez que un policía es abatido a tiros por un negro, las imágenes de la masacre de los seis policías perpetrado por Johnson son escalofriantes. Del mismo modo, los informes sobre los asesinatos repetidos de las personas negras en manos de los policías en los últimos años son demoledores. Los datos que se manejan sobre ésta controversia no dejan dudas sobre la facilidad con la que los policías descargan sus armas sobre civiles. Según la base de datos Fatal Force del Washington Post, 515 personas de las cuales 124 negros han muerto por disparos de los policías en lo que llevamos de año, 2016. Es decir, el 24% de los asesinatos por disparo de la policía son negros. También se sabe que la mayoría de los agentes ejecutores son blancos y son raramente imputados ante la justicia. Estos datos son alarmantes sobre todo si tenemos en cuenta que los negros representan una minoría con un 13% de la población. No es preciso más datos para intuir que nos hallamos ante un problema histórico de confrontación entre blancos y negros.

Ese planteamiento puede parecer reduccionista cuando sabemos que entre los policías también existen negros y que el jefe de las fuerzas armadas se llama Barack Obama, un hombre negro de padre africano. Sin embargo, el enfoque racial del problema prevalece y se refuerza si tenemos en cuenta que la policía representa el poder y que el poder en Estados Unidos es tradicionalmente e históricamente monopolio de los blancos. Esta premisa es, para mi propósito, la piedra angular para proceder a un análisis sociológico y político de un asunto de naturaleza compleja. Reconocer la dicotomía poder/resistencia, me sirve de punta de apoyo para evitar caer en teorías pueriles de interpretación raciales sin llegar al fondo de la cuestión. El poder sirve para mantener los privilegios y quienes lo administran, lo hacen siempre para conservar la estructura social que favorece la perpetuación de su monopolio y el status-quo. En la sociedad norteamericana, el poder imperialista y capitalista es omnipresente en todas las facetas de creación del Estado y de las normas que rigen el funcionamiento de las instituciones. Del mismo modo reconoceremos la perpetuación y la sofisticación de los mecanismos de dominación, opresión y exclusión de la minoría negra.

Martin-Luther-KingEs preciso evocar el génesis de la tragedia de los negros comúnmente llamado brutalidad policial. Todo empezó, evidentemente, con la esclavitud cuando los negros fueron deportados de África como esclavos para trabajar en las plantaciones de los blancos a principios de siglo XVI. A pesar de la abolición de la esclavitud, el estatus social del negro no cambió y se le siguió negando sistemáticamente los derechos más elementales como el derecho a la vida.

En 1865, tras cinco años de lucha entre abolicionistas y esclavistas se termina la Guerra de sucesión americana con la derrota de los esclavistas agrupados en el ejército confederado de los Estados del Sur. Sin embargo, para los defensores de la supremacía blanca solo habían perdido una batalla y estaban dispuestos a ganar la Guerra.

El calvario de los negros continuó, ya que el mismo año se creó el Ku Klux Klan (KKK), un círculo cerrado de combatientes esclavistas determinados a defender la estructura social y los valores de la supremacía racial blanca. Tras ser debilitados a finales siglo XIX, la ideología racista vuelve a principios del siglo XX con más influencia, sagacidad y más apoyo entre la población blanca, principalmente algunos sectores de la clase media. Se legalizaron como organización política reconocida y sus miembros adoptaron un discurso que abogaba por el reforzamiento y cumplimiento de la ley y el orden. En aquellos convulsivos años de confrontación, muchos de los miembros del KKK llegaron a infiltrarse entre los agentes del orden y algunos llegaron incluso a ocupar altas responsabilidades. La disolución de la organización, en 1944 por las autoridades, alegando un impago de impuestos era un puro coliseo ya que el objetivo que buscaba los racistas del KKK se había cumplido. Los miembros vuelven a pasar a la clandestinidad conservando el carácter sectario de una organización secreta que contaba con altos cargos entre los policías, jueces y algunos de sus integrantes ocupaban escaños en el congreso y el senado. Según una filtración de Anonymous en 2008, varios senadores como Thom Tillis, John Cornyn, Dan Coats y Johnny Isakson eran miembros activos  del Ku Klux Klan, mientras que los alcaldes Madeline Rogero, Jim Gray y Paul D.Fraim encabezaban la lista de los ediles americanos defensores de la supremacía blanca pertenecientes al KKK.

La comunidad negra entendió muy pronto lo que se avecinaba y no se quedó con los brazos cruzados. Tuvieron que reaccionar ante la metamorfosis del verdugo y la legalización del aparato opresor cuya moralidad sectaria y excluyente estaba  quedando  emparada por los textos y normativas procedimentales de los agentes del orden. Los negros pusieron en marcha una resistencia para amortiguar el peso de la maquinaria racista. Esta resistencia de carácter visceral tomó dos formas: La primera, consistió en ocupar el espacio político y la segunda, en planificar y ejecutar acciones violentas en respuesta a la brutalidad de los blancos con la pasividad o colaboración a veces de los agentes de orden.

Barack ObamaDespués de siglos de lucha para, por fin, conseguir un reconocimiento de su condición humana en 1855, por lo menos así parecía ser, los negros no alcanzaron la plenitud de los derechos sociales hasta que en 1963, la histórica marcha sobre Washington liderado por Luther King por el reconocimiento de los derechos civiles de los negros. Con 250.000 manifestantes, aquella iniciativa significó un hito que puso fin a la resignación de los negros ante la segregación racial. Nos hallábamos en el punto de inflexión de un conflicto racial simbolizado por la dominación blanca y la resistencia negra. De hecho, Luther King, en “Why we can’t wait”, (porqué no podemos esperar) que será luego la semilla del libro “Carta desde la prisión de Birmingham” publicado en 1964, el líder más destacado de los negros incita a la resistencia. En el contexto de tensión que vive la sociedad americana en la actualidad, encontramos muchas similitudes significativas entre aquel grito de desesperanza del pastor King en un momento de crispación y el eslogan electoral esperanzador “Yes we can” de Barack Obama. Ambos apelan a la misma idea de ocupación del espacio. El primero lo soñó y el segundo lo consiguió y simbolizó. Pero sigamos buceando y volveremos sobre el triunfo de Obama y sus correlaciones con el aumento de las tensiones raciales de los últimos años.

A mediados del siglo XX, los negros ya habían perdido el miedo, tenían sueños, hablaban de igualdad y de resistencia. El Poder Negro, los Panteras Negras, La Nación del Islam, la Asociación para el Progreso de la gente de Color (NAACP), son algunos ejemplos de organización de resistencia de la comunidad negra. Los primeros actos de resistencia eran de carácter simbólico como la “No violencia” y la ocupación de los lugares públicos hasta entonces reservados para los blancos. Algunos episodios destacados hoy como actos de heroísmo, por ejemplo la negación de Rosa Park a bajarse de un autobús reservado a blancos en la localidad de Tuskegee, en Alabama en 1955 estaban sujetos a multas o incluso penas de cárcel. El propio Luther King fue encarcelado por su activismo social a favor de los derechos de los negros. Las prisiones y las encarcelaciones son algunas de las piezas del puzle que necesita nuestra atención. Pero veamos antes la efectividad de la movilización y la dinámica de acción colectiva de los negros en esta confrontación.

Sin lugar a dudas, la más eficaz de las múltiples formas de resistencia fue la participación política y tiene su precedente en la acción, las ideas y las palabras que se fraguan en el discurso “I have a dream” que Luther King pronunció el 28 de agosto 1963: “hace cien años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos encontramos hoy, firmó la Proclamación de la emancipación. Este transcendental decreto apareció como un fanal para la esperanza de millones de esclavos que habían sido marcados con el fuego de una flagrante injusticia. Llegó como el amanecer jubiloso de la larga noche de su cautividad. Pero cien años después la América de color sigue sin ser libre”. Para Luther King la condición sine qua non para alcanzar la libertad era la participación política de los negros. Él estaba convencido que los negros deberían implicarse en la vida política para acabar con las injusticias. Sin embargo, los esclavistas de ayer se habían camuflado en demócratas y tampoco iban a dar tregua a los que consideraban su pertenencia y su medio de producción.

Desde la toma de consciencia de su poder político, como lo explicaba Luther King, el enemigo veía su estrategia perturbada y había adoptado un comportamiento esquizofrénico antes de recurrir a mecanismos cada vez más descarados para contener a los negros bajo dominación. Las prisiones dieron la solución idónea a la élite blanca racista ya que se inscribían dentro de la dinámica institucional para evitar que estos “seres extraños” lleguen a ocupar las esferas de la sociedad y mezclarse con la “raza superior”, la raza de la “gente normal”. Tengo que mencionar que se inventó la mercantilización del delito y la gestión de cárceles privadas se convirtió en uno de los negocios más lucrativos sobre todo a finales del XIX. Entonces pusieron en marcha la maquinaria judicial con la penalización de los delitos menores generalmente cometidos por los negros o personas sin recursos ni alternativas para tener una vida digna.

En mi opinión, se produjeron dos cosas importantes a mediados del siglo XX. Por un lado, se empezó a organizar una estructura paralela al poder oficial, que debía encargarse de crear una opinión del negro violento, perturbador, codicioso y provocador. Luego, se montó una estrategia de categorización, segregación, discriminación y justificación de la violencia racial del negro. Una imagen lejos de los cánones esclavistas para encajar suave y peligrosamente en la sociedad. Esa imagen, una vez creada y calada en la opinión pública, sirvió de fundamento para apartar al negro del sistema, crear en él un sentimiento de aislamiento y de resignación ante su confinamiento en las cárceles o incluso la justificaciones de su posible asesinato.

Por otro lado, se maniobró una retirada progresiva del Estado, en materia de seguridad en las localidades donde la población negra iba creciendo llegando incluso a igualar a la población blanca, como por ejemplo Detroit o Chicago. Las consecuencias de esta retirada fueron la deslocalización de las empresas, el incremento del desempleo y el aumento de las bandas callejeras dedicadas al comercio de las drogas. Todo ello contribuiría a la aparición de ciudades sin ley. Los jóvenes negros sin autoridad, se volvieron más violentos al convertirse en los señores de “guerra” que controlaban sus barios y calles. Esta vez la violencia del negro no se dirige contra su eterno enemigo sino contra los propios negros. El sistema se había encargado en hacerles entender que podían resolver sus problemas a golpe de tiroteos y asesinatos. Para la gran mayoría de los jóvenes negros sin apenas estudios básicos ni profesión, caminar con un revolver bajo los pantalones era un símbolo de poder y libertad que no dudaban en comprobar.

Según el departamento de estadísticas de la Justicia norteamericana, entre 1976 y 2011 fueron asesinados 279.834 negros, de los cuales 263.044 (el 94%) fueron obra de otros negros. Lo que representa una media de 7.515 negros asesinados al año por otros negros entre 1976 y 2011. Estos datos son aterradores y dejan en evidencia que ante la retirada del Estado en los suburbios de población negra, la banalización del asesinato, la violencia y delincuencia fueron los referentes del negro de localidades como Filadelfia, Chicago, Detroit, Oakland o Newark. Para la gran mayoría de los jóvenes negros de los suburbios, sin apenas estudios, matar a un hombre e ingresar en la cárcel se convertía en una especie de iniciación en su formación como hombre.

DallasSi algún detractor se fijase en estos datos y los comparase con los 124 negros asesinados por disparo de los policías en lo que llevamos de año, tendría un argumento fácilmente justificable para defender la actuación de los agentes. Razón no le faltaría puesto que los negros son los primeros enemigos de los negros y la aritmética está ahí para reforzar esa teoría. Sin embargo, un asesinato cometido por un agente de seguridad tiene un agravante sobre todo cuando esconde un motivo aparentemente racial desde el momento que es cometido por un sujeto que tienen la labor de velar para que no se cometa.

Con esta gimnasia analítica tenemos despejado el horizonte y podemos ocuparnos ahora de la brutalidad policial en Estados Unidos desde un enfoque racial e institucional. La brutalidad policial contra los negros puede definirse como un acto de carácter puramente discriminatorio y racista de la misma normativa policial. El comportamiento de los agentes, un comportamiento racista, que forma parte de la cultura policial heredada de la época colonial y del sistema de segregación racial promovidas históricamente por las instituciones americanas. La situación no es otra que la continuación de una confrontación tradicional e históricamente demoledora para los negros.

Hoy día, ante la resistencia de los negros y su determinación de disputar los espacios tradicionalmente reservados a los blancos escenificado por la llegada de Obama a la Casa Blanca, los defensores de la supremacía blanca se sienten cada vez más amenazados. De hecho, varios estudios publicados en los últimos años demuestran que la tensión racial está en aumento desde el triunfo electoral de Barack Obama en 2008.

Las instituciones y sus miembros acumulan informaciones muchas veces sesgadas y conocimientos acerca de los individuos acerca de cómo deben priorizar sus intervenciones de forma adecuada para ciertas situaciones. La mayoría de los asesinatos de los negros tienen lugar a la hora de proceder a la detención o durante los controles rutinarios. De este modo los disparos de los policías quedan amparados por las normativas y los procedimientos policiales generalmente creados bajo el paragua de una cultura propia no necesariamente normativizada. Así es, una cultura que se caracteriza por un conjunto de códigos morales, reglas y rutinas que se incorporan en el mapa mental de los policías sin necesariamente tener una justificación legal. En Estados Unidos, interpelar a un negro, arrestarle o dispararle a muerte, bajo la mera sospecha de que puede llevar una arma o ser violento, se ha convertido en una rutina en la actuación policial. Ahora que los negros están disputando de igual con los blancos, tal vez estemos cerca del fin la confrontación y el inicio de la reconciliación. Lo que esta claro es que ningún pueblo estará a salvo si apuesta por construir su historia y su identidad con los pedazos brillantes de su pasado, enterrando bajo los pies los episodios desastrosos de su pasado. Pues las corrientes subterráneas acaban desterrando siempre lo sepultado.