Crisis en Sudán del Sur: los niños y la ira

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Por Julio Morejón
Alguien dijo que la verdad es la primera víctima de la guerra, esa simplificación deja fuera a otra figura más humana: los niños, quienes en cualquier bando que estén sufren más las consecuencias del conflicto.

En el caso de Sudán del Sur la preocupación por los menores de edad tiene obligatoriamente que ser obsesiva, pues tras casi cuatro años de contienda bélica las bajas en ese segmento de población se cuentan por miles, tanto los que perecieron o resultaron heridos o se convirtieron en desplazados (internos y externos).

La guerra sursudanesa traspasó los límites de la tolerancia y en diversas ocasiones desembocó en excesos que afectaron directamente a la población civil, en especial a niños y mujeres, a los que se considera el sector más susceptible de la sociedad en caso de ese tipo de tragedia.

Durante ese conflicto, que destruye a fondo la infraestructura del país, más de un millón de niños huyeron para refugiarse en los Estados vecinos, según estadísticas coincidentes del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Alto Comisionado de ONU para los Refugiados (Acnur).

‘El terrible dato de que uno de cada cinco niños en Sudán del Sur se ha visto forzado a huir de su hogar muestra lo devastador que ha sido este conflicto para los más vulnerables del país’, declaró Leila Pakkala, directora Regional de Unicef para el Este y Sureste de África, tras apuntar que otro millón se halla en calidad de desplazado en el propio territorio sursudanés.

Esa situación también es identificada como trágica dentro de los estándares del trabajo humanitario, mientras que en el país la calidad de vida declina aceleradamente, la subsistencia alimentaria se convierte en un mito y la desnutrición infantil, por ejemplo, se agiganta, y hasta la inclemencia climática augura la extinción de una parte de la población.

La contienda bélica desatada en diciembre de 2013 enfrenta a los leales al presidente Salva Kiir, con los del exvicepresidente Riek Machar, y es un conflicto de intereses políticos cuyo fundamento económico radica en la capacidad de decidir sobre las ricas fuentes petroleras del país. Esa guerra se complica con el carácter étnico que asume entre dinkas y nuers.

Más de mil niños fueron asesinados o sufrieron lesiones desde que comenzó el conflicto, según datos que podrían estar por debajo de los estimados por las dificultades en el acopio de la información y su verificación con diversas fuentes.

ESTAMPIDA

Según la ONU, los menores de edad representan el 62 por ciento de los más de 1,8 millones de refugiados sursudaneses, la mayoría de esas personas llegó a Uganda, Kenya, Etiopía, Sudán y la República Democrática del Congo. Además más de 75 mil pequeños pasaron a esos países tras cruzar la frontera desde Sudán del Sur solos o separados de sus familiares.

‘Los niños refugiados se estén convirtiendo en la cara que defina esta emergencia y es muy preocupante. Todos los que trabajamos en la comunidad humanitaria necesitamos con urgencia compromiso y apoyo sostenible para poder salvar sus vidas’, precisó Valentín Tapsoba, director de la oficina del Acnur para África.

Asimismo, Naciones Unidas apunta que los traumas, trastornos físicos, miedo y el estrés sufrido por tantos niños es solo una parte del pasaje cobrado por la crisis sursudanesa, porque también al perder todo amparo pasan a ser víctimas de la violencia doméstica (y esclavitud), de abusos sexuales y de la explotación física.

La guerra en Sudán del Sur hace que el 75 por ciento de los menores deje de acudir a la escuela, se estima que este es el porcentaje más alto de menores no escolarizados a nivel mundial. La contienda crea un vacío en el proceso de instrucción que pone en dudas la capacidad del país de recuperarse culturalmente para el período inmediato posconflicto.

Es decir, lo que ocurre en el Estado más joven del planeta -nació en julio de 2011- no sólo coloca en peligro la lógica de una vida normal, sino que hace temer por su futuro al poner en riesgo de muerte (o aniquilar) a la generación que deberá necesariamente asumir las banderas del desarrollo en un África próspera.

ABERRACIÃ’N

Sin embargo, pese a todos los llamados y gestiones diplomáticas inherentes, la monstruosidad persiste, ¿y de qué se nutre?: Desde que se desató la guerra en Sudán del Sur en 2013, más de 16 mil niños fueron obligados a abandonar sus juegos y convertirse en soldados.

Conforme con Unicef, desde comienzos de este año suman más de 650 los niños reclutados en el país, lo cual califica de repunte en cuanto a la conducta de los grupos armados al respecto. Eso encaja con la voluntad de las partes de continuar los combates, pese a que en 2015 se echo a andar un proceso de paz, onstantemente violado.

A propósito de ese plan dirigido a la distensión y a encarrilar a Sudán del Sur, en 2015 Unicef constató la desmovilización de mil 775 niños soldados, lo que fue una de las mayores acciones de ese tipo ocurridas, pero el retorno a los combates frustró el avance de esa operación.

Por su parte, varias misiones religiosas caracterizan la gravedad del conflicto como una de las peores tragedias de estos tiempos, y para argumentar su consideración se remiten al ambiente nocivo en cuanto al estado físico de los pequeños, cuyo debilitamiento orgánico allana las vías para los contagios de enfermedades.

A esa guerra la acompaña la escasez de alimentos: ‘El conflicto y el hambre en Sudán del Sur se están ensañando con los más pequeños’, afirma la misión salesiana en Gumbo, en la capital del país, Juba.

‘En dos días hemos pesado a más de 300 niños y niñas y nos hemos encontrado con que más de 200 de entre tres y seis años se encuentran desnutridos y, de ellos, 170 se encuentran en un situación grave de malnutrición’, explicaron los religiosos al hacer referencia apenas a un botón de muestra.

‘Ha sido como un mal sueño, no esperábamos que la situación fuera tan grave’, agregan los salesianos.

Datos de organizaciones humanitarias afines a proyectos de la ONU, indicaron que más de un millón de menores sursudaneses están desnutridos y más de dos millones huyeron de sus hogares para tratar de sobrevivir a una guerra, que entró en un callejón oscuro donde enloqueció y en su obsesión la emprende contra los pequeños.