Costa de Marfil: Referendo a la medida del poder

0
495

ouattaraPor Julio Morejón 

Luego de una guerra por la Presidencia del país y unos comicios pese a la murga electoral, Costa de Marfil avanza a otra aventura: tratar de cambiar la Constitución mediante referendo.

Este 30 de octubre se espera que millones de marfileños acudan a las urnas a expresar su deseo de si se mantiene vigente la actual Carta Magna, que ya resultó bastante golpeada por más de una década de irreflexiones, o si optan por remodelarla, en un país cacaotero que no socializa integralmente sus beneficios económicos.

La oposición política hace referencia a un claro empoderamiento de los grupos de influencia del norte respecto a los del sur, y en el centro de ella está el presidente Alassanne Dramame Ouattara, quien fue objeto de discriminaciones pasadas por asociarlo con una supuesta descendencia foránea.

Pese a eso, el norteño Ouattara ascendió a la jefatura de Estado en medio de una crisis política que le enfrentó por meses al declinante mandatario Laurent Gbagbo, quien al final cayó tras una operación de las fuerzas de la ONU en Costa de Marfil (Onuci), con la anuencia francesa.

Esa parte de la historia concluyó cuando detuvieron al gobernante saliente -actualmente sometido a un proceso judicial en la Corte Penal Internacional, en La Haya, Holanda-, y la Onuci y el destacamento galo en Costa de Marfil dieron paso al ejercicio de mando de Ouattara en 2011.

Cinco años después, para Ouattara: ‘La Constitución es la garantía, un seguro de vida por la paz, por décadas y décadas, así que estoy pidiendo salir a votar masivamente porque así es como vamos a asegurar la paz’, declaró el 22 de octubre al abrir la campaña del referendo.

Es evidente que Costa de Marfil anhela mantener la paz y la estabilidad ante la pasada imagen del conflicto armado que estremeció a fondo la élite y que resultó un proceso de ‘doble vía’ con la etnificación de la política, cuando combatieron milicias de esas figuras, autoproclamadas presidentes.

EL TORMENTOSO 2010

Las elecciones presidenciales de 2010 entre el opositor histórico Laurent Gbagbo, presidente desde 2001, y Ouattara, quien fue primer ministro en el gobierno de Felix HouphouÃ’t-Boigny (1960-1993 ), considerado el padre de la nación, derivó en un conflicto que causó centenares de muertos entre los leales de uno y otro.

Tras fallecer HouphouÃ’t-Boigny, asumió la presidencia Henri Konan Bedié, quien impulsó una reforma a la Ley Electoral en 1994 por la que para presentarse a comicios presidenciales el padre y la madre del candidato debían ser marfileños; eso era parte de una suerte de doctrina nacionalista conocida como ivoirité.

Luego ese criterio se adoptó en la Carta Magna de 2000, pese a que existían muchas discrepancias al respecto, y cuando Gbagbo asumió su primer mandato en 2001, constituyó uno de los principios básicos en su rivalidad con el exprimer ministro Ouattara.

El fin de Gbagbo en 2011 no significó el de la oposición política, lo cual ahora se evidencia en el rechazo de al menos una veintena de partidos a la propuesta de cambio constitucional que persigue la consulta del 30 de octubre.

Durante su reelección para la jefatura de Estado en 2015, Ouattara prometió una nueva Ley de Leyes para un segundo mandato hasta 2020. Según su idea, el referendo constitucional le permitirá ‘pasar la página final de las sucesivas crisis’ que sacudieron a Costa de Marfil desde hace una década.

DESTERRAR AL ARTÍCULO 35

El artículo 35, respaldado conceptualmente por ivoirité (algo así como marfileñidad o lo marfileño), pasó a ser símbolo de la exclusión de los habitantes del norte, muchos de ellos procedentes de Burkina Faso y Malí, lo cual creó una reticencia hasta cierto punto contra la autoridad central.

Pero, según un artículo de María Rodríguez, publicado recientemente en Mundo Negro, ese es solo uno de los temas porque existen otros relativos a la división de poderes, y en esto están las tácticas que se apliquen para evitar que un reordenamiento estatal varíe significativamente (o revolucione) la arquitectura del poder.

Costa de Marfil, a pesar de sus conflictos armados y fricciones étnicas, fue por mucho tiempo considerado un modelo de estabilidad y de democracia liberal en el continente africano, por lo cual resultaría dañino para el gran productor de cacao no poder recuperar esa percepción del auditorio regional.

De ahí, que, ante las críticas de la oposición, el proyecto de cambios constitucionales incluya la creación del puesto de vicepresidente y un Senado, la institucionalización de la Cámara de los reyes y jefes tradicionales, así como la ampliación de la competencia del Consejo económico y social.

Sin embargo Williams Ateby, jurista del partido opositor, el Frente Popular Marfileño (FPI), considera que no todos los fines del referendo estén claros y advierte que Ouattara podría argumentar que ante una República dada por una nueva Constitución recomenzaría todo y eso le posibilitaría aspirar a un tercer mandato. En cuanto a la creación del cargo de vicepresidente, lo que de aprobarse permitiría al jefe de Estado colocar allí a una figura afín, ya que hasta 2020 no habrá elecciones y el mandatario designaría a su segundo, los críticos asumen que es un plan para fortalecer la continuidad de la Unión de los Republicanos (RdR), actualmente en el gobierno.

La oposición convocó al boicot de la consulta, un rechazo al que llamó Pascal Affi Nguessan, presidente del FPI, en representación de la Alianza de Fuerzas Democráticas de Costa de Marfil (AFD-CI).

Conforme observadores, el referendo constitucional marfileño es un asunto donde lo político y lo jurídico se entremezclan para crear un ámbito complejo, por lo difícil de distinguir límites e intereses entre ambos aspectos.