Costa de Marfil ante un año electoral impredecible

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Por Julio Morejón

Una parte de la población en Costa de Marfil teme a que se desate una crisis electoral similar a la de 2010, en los comicios presidenciales anunciados para realizarse el próximo año.

Según los obispos marfileños reunidos en su 113 Asamblea Plenaria, que sesionó en Agboville, ‘un clima de miedo generalizado reina entre la población’ a medida que se acercan las elecciones de 2020, indican en la declaración final del encuentro que junto con una promoción por la paz alertó sobre una posible situación de conflicto.

En el evento, celebrado a mediados de 2019, se destacó cómo desde su posición de institución la Iglesia percibe la realidad sociopolítica del país, al abogar por la solución sosegada de los dilemas y así darle a los marfileños una oportunidad para concretar la requerida paz social.

‘Al escribir este mensaje, queremos evitar otra crisis para nuestro país. Esperamos que estos debates, que actualmente tienen lugar en un entorno de crisis social con un trasfondo político, continúen en un clima de serenidad y en una auténtica búsqueda de la paz’, afirmaron entonces los prelados.

Añadieron que el temor generalizado se vincula con ‘la realidad de los conflictos intercomunitarios recurrentes, los problemas de inseguridad, la posesión de tierras, la ocupación ilegal de bosques, las minas ilegales de oro y los problemas relacionados con la identidad de Costa de Marfil’.

Unido al proceso electoral para el que se prepara el Estado, también sobresalió en el ámbito informativo la visita del presidente francés, Enmanuel Macron, la cual colocó nuevamente a Costa de Marfil en los titulares de la prensa africana por lo simbólico de las declaraciones del mandatario.

En conferencia de prensa en Abiyán, la capital económica marfileña, Macron reconoció que ‘el colonialismo fue un error profundo, un error de la República’ y solicitó dar vuelta a la hoja en la cual Francia muy a menudo se percibe como un país que tiene ‘una visión de hegemonía y de símbolos de un colonialismo’.

Aunque algo tarde, esa observación convoca a pensar en la historia de las relaciones de París con sus colonias, que ?haciéndola extensiva a todas las metrópolis- está colmada de acciones desagradables e inolvidables, que van desde la supeditación del más débil hasta discriminación y abusos de índole humanitaria.

DECISIÓN SORPRENDENTE

A finales del 2019 resultó sorpresiva la decisión de las autoridades de Costa de Marfil de arrestar al candidato presidencial opositor Guillaume Soro ?político al que observadores consideran ‘veleta’-, cuando se proponía regresar al país tras seis meses en el extranjero.

Guillaume Kigbafori Soro, quien fue primer ministro en los gobiernos de Laurent Gbagbo (de 2007 a 2010) y de Alassane Ouattara (de 2001 a 2012), es pese a su juventud -42 años- un integrante de la vieja guardia: jefe del Movimiento Patriótico y del grupo rebelde Fuerzas Nuevas de Costa de Marfil.

Ese político dirigió el intento de golpe de Estado fallido de 2002 contra el presidente Gbagbo, y tras las elecciones presidenciales de 2010 y la guerra civil que le sucedió, Soro impulsó al actual gobernante, Alassane Dramane Ouattara, al poder por lo cual debía perdurar entre ellos algún tipo de alianza.

Si bien en octubre de 2000 Laurent Koudou Gbagbo ganó las elecciones celebradas en Costa de Marfil y es proclamado presidente tras el gobierno del general Robert Guei, quien dio el primer golpe de Estado en el país, y demostró que la institucionalidad era débil.

En 2002 hubo una rebelión en el norte y el oeste, y el Estado quedó dividido y se escenificaron asesinatos masivos en Abiyán, donde fuerzas del gobierno mataron a más de 200 personas, y en Bouaké y Korhogo, donde perecieron más de un centenar de personas.

Los contrincantes eran los partidarios de Gbagbo contra los de Soro, la guerra se extendió hasta 2007, la segunda ocurrió en 2011 como consecuencia de la crisis que sucedió a los comicios presidenciales de 2010 y enfrentó a seguidores del presidente saliente con los de Ouattara, aliado de Soro, y quien en definitiva ocupó el cargo.

Después de eso, la carrera de Guillaume Soro pasa por un callejón de desconcierto, pues aunque no se conoce de qué se le acusa, la orden de arresto permanece vigente y reduce el margen de acción del candidato opositor, mientras que el comentario público marfileño sobre las elecciones de 2020 se refiere a una posible reelección.

Ese evento sorprendió en el año que concluye, aunque otro suceso relativo a Costa de Marfil también ganó espacio: la declaración de inocencia de los crímenes contra la humanidad cometidos entre 2010 y 2011 imputados a Gbagbo y a su exministro de Juventud, Charles Blé Goudé, que debían quedar en libertad condicional.

Al expresidente y el exjefe del ala juvenil del Frente Popular Marfileño, procesados por la Corte Penal Internacional, de La Haya, Holanda, desde 2011, el pasado 15 de enero se le retiraron las acusaciones y los declaró inocente de todos los cargo, pero la fiscal Fatou Bensouda, en septiembre último declaró que apelaría la decisión judicial.

Tal disposición jurídica acontece cuando los votantes del país francófono se preparan para acudir a las urnas a elegir al Presidente, por lo cual se recuerda lo que el principal acusado opinó respecto a que el suyo fue un juicio político y en el continente hay dudas acerca de si la idea siempre fue excluir a Gbagbo de toda opción electoral.

En ese contexto y como para confirmar premoniciones, el jefe de Estado, Alassane Dramane Ouattara, manifestó que irá por la reelección si se presentan Gbagbo y Henri Konan Bedie (presidente marfileño desde 1993 hasta 1999 y sucesor de Félix Houphouët-Boigny).

Aún no se difundió la fecha exacta de la consulta, ni sus regulaciones ni otras particularidades, por lo cual es difícil establecer un pronóstico más allá de la alarma de los obispos sobre una disputa que puede resultar enconada y colgar un cuadro trágico en las puertas del pabellón marfileño en 2020.