Congoleños esperan el milagro para transición pacífica

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Los congoleños esperan el milagro que ni los obispos de la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (Cenco) pudieron obrar, para encauzar al país por la senda de la transición pacífica.

La República Democrática del Congo amaneció asida a un hilo tras la decisión de la Cenco, anunciada por su secretario general Donatien Nshole, de cesar en la mediación entre el Gobierno del presidente Joseph Kabila y la oposición, nucleada en el Rassemblement (reunión).

Tal desenlace decretó la muerte, si es que alguna vez nació, del acuerdo del 31 de diciembre, en el que las partes aceptaban la convocatoria a elecciones generales a finales de este año, el mantenimiento de Kabila en el sillón presidencial y el nombramiento por la oposición de un primer ministro.

La noche de la San Silvestre y el primer día de 2017 parecía que alejaban los temores de la violencia en el país, luego de las protestas que en septiembre del año pasado se saldaron con más de 40 muertos, y del que ambos bandos se culparon mutuamente.

Quedaba entonces la parte en la que los actores políticos trazaban la hoja de ruta para materializar el pacto, pero el Centro Interdiocesiano, la sede de la Cenco y del diálogo, pareció convertirse de pronto en una Babel.

El principal tema de fricción, y que a la postre decretó la caída de lo avanzado, fue la diferencia en la interpretación para ocupar el cargo de primer ministro.

Cierto es que, en lo particular, no hubo nada claro en el texto de la San Silvestre. Oposición y gobierno se atrincheraron sin ningún movimiento en las posturas y ocurrió lo predecible.

Ahora en su título de garante, Kabila tendrá que darle solución a la crisis, que parece un barril cargado de explosivos con la mecha corta y prendida.

Para algunos medios de prensa, como 7 sur 7, el mandatario se convirtió en un bombero. Falta ver que no quiera apagar el fuego con gasolina.

‘El jefe de Estado tomó nota del fin de la misión de buenos oficios’, afirmó Nshole, algo frustrado por considerar que las propuestas de los religiosos nunca fueron tomadas en cuenta.

Otra divergencia de gran magnitud que persiste es el modo de elección del presidente del Consejo Nacional de Seguimiento del Acuerdo.

Frente al impase los obispos tiraron la toalla para evitar la paralización de los trabajos. Ahora todas las miradas de los congoleños se dirigen hacia Kabila, que se comprometió solemnemente, ante los hombres de Dios, a terminar esta situación que puede conducir al país al caos.

El mandatario anunció que se dirigirá próximamente a la nación a través de la Asamblea Nacional, pero ni hay fecha ni agenda.

‘El presidente de la República en su condición de garante del buen funcionamiento de las instituciones se dirigirá próximamente a la nación a través de las dos cámaras del parlamento reunidas en congreso, de conformidad con el artículo 77 de la Constitución’, expresó el Gobierno en un comunicado especial que dejó más dudas que respuestas.

La pelota se encuentra de nuevo en el terreno de Kabila, que confió en octubre la misión de buenos oficios a los prelados tras la falta de inclusión del diálogo pilotado por el diplomático togolés Edem Kodjo.

El acuerdo del 31 de diciembre cayó por su propio peso, porque para diversas organizaciones congoleñas ofrecía más problemas que soluciones.

Con las instituciones estatales ilegitimadas, pues el mandato de Kabila y su ejecutivo concluyeron el 19 de diciembre y la maquinaria electoral paralizada por falta de fondos, el desenlace todavía parece alejado del clásico final feliz de numerosos filmes.