Como un sueño: familias separadas celebran paz entre Etiopía-Eritrea

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Por Richard Ruíz Julién
Taeme Lemlem contempla en el salón principal del hotel que posee la noticia del arribo del presidente eritreo, Isaias Afwerki, a esta capital, mientras recuerda las vicisitudes pasadas para hablar con su hermano, quien vivía en Asmara.
Cuando quería hacerlo, debía ponerme de acuerdo con mi hijo, que residía entonces en un tercer país, y organizar así una conferencia telefónica; era una odisea, explicó a Prensa Latina Lemlem, de 75 años.

Los dos hermanos nacieron en Eritrea cuando era una provincia etíope y luego se mudaron a Addis Abeba, pero al romperse los vínculos en 1998, la mayor parte de la familia fue deportada, junto con otras 70 mil personas de origen eritreo.

A él se le permitió quedarse, pues estaba casado con una etíope. Todos los enlaces de comunicación y transporte se cortaron a partir de ese momento, y no pocos núcleos se dividieron por la mitad.

El contacto se limitó a llamadas ocasionalmente realizadas o viajes arduos a través de Estados vecinos. Lemlem aún no ha visitado la tumba de su madre, que murió hace cinco años en Eritrea.

Sin embargo, con una rapidez sorprendente para muchos observadores, esta larga separación llegó a su fin después de la firma de un acuerdo de paz el lunes pasado entre el primer ministro, Abiy Ahmed, y el presidente eritreo, Isaias Afwerki.

La declaración de cinco puntos puso fin al estado de guerra y prometió restaurar los enlaces de comercio, transporte y telecomunicaciones; así como la reapertura de embajadas, lo cual se concretará durante la estancia de tres días del mandatario en esta nación.

Además, Ethiopian Airlines anunció que los vuelos se reanudarían el 18 de julio y los visados serán entregados apenas se arribe, en marcado contraste con lo que antes había sido un proceso muy difícil.

Algunos estaban tan emocionados de acercarse a los vecinos que simplemente comenzaron a marcar números. ‘Oh, Dios mío, estoy muy entusiasmado con esta cosa de EthioEritrea, acabo de llamar a un número al azar y tuve una agradable conversación con una señora llamada Frtuna’, comentó en las redes sociales Firawol Alemyahu, uno de los muchos usuarios que aprovecharon el nuevo servicio.

El giro -una buena noticia para el continente africano, abrumado por sempiternos conflictos- se produjo a través de los esfuerzos de larga data de los países de la región y la salida de los rivales de Afwerki de la élite de poder en Etiopía, a consideración de analistas.

El ministro eritreo de Información, Yemane Gebremeskel, describió los cambios como ‘una vía rápida pero segura hacia la paz y la cooperación’, mientras tuiteaba una imagen de una mariposa con los colores de las banderas de las naciones.

No obstante, para Kjetil Tronvoll, investigador del Centro de Estudios Estratégicos, persisten cuestiones espinosas.

‘Esto se ha hecho de una manera notablemente veloz, lo que indica una creciente confianza mutua entre los dos líderes del gobierno’, apuntó Tronvoll. ‘Pero los problemas difíciles están por venir: los regímenes de comercio y aranceles, así como la conversión de divisas, sin contar la repartición de las zonas fronterizas’.

Los desafíos por delante parecen no nublar el jubileo por la reconciliación entre buena parte de la ciudadanía. ‘Parece que es un sueño’, dijo Amleset Araya, quien nació cerca de Asmara, pero creció en Addis Abeba hasta que estalló la guerra en 1998.

‘Nunca se escucha nada positivo. Piensas que un día Dios hará algo. ¿Pero así, tan rápido? Los cambios llegaron casi de la noche a la mañana, es increíble. Muchas, como yo, estamos felices, sin importar los retos por delante; ya este momento de por sí es digno de disfrutar’.

Todavía recuerda cómo la gente se vio obligada a abandonar las casas en las que habían crecido. ‘No había tiempo para empacar, para prepararse’, manifestó. ‘Algunas veces solo un miembro de la familia se fue. El resto se quedó. El papá o la mamá tuvieron que regresar solos o los niños permanecieron con uno de los progenitores’.

Daniel, de 36 años, el hijo de Taeme Lemlem, aseguró entusiasmo por la idea de conocer a los suyos ‘del lado de allá’. ‘Ni siquiera sé cómo se ven. No les hemos hablado durante tanto tiempo, ni siquiera sabemos sus números de teléfono’, apuntó.

‘También hay muchos eritreos que viven en Etiopía que se ven singularmente afectados por estos acontecimientos: los refugiados’, agregó.

Hay más de 160 mil refugiados registrados por las Naciones Unidas; a menudo llegan después de huir del servicio militar obligatorio.

‘Están contentos, pero no quieren regresar allí’, indicó Daniel. ‘Les encantaría volver a ver a su familia si no son capturados, si tienen la libertad de salir nuevamente del país’, expresó.

‘Con la forma en que van las cosas ahora, pronto iré a ver al resto de mi casta. Realmente estoy deseándolo, igual que mi padre, que está ansioso por viajar’, añadió. ‘Y podré ver la tumba de mi abuela, la tumba del tío. Al menos eso, porque no les veo físicamente desde que era un niño’.