Casi todos los países africanos siguen permitiendo la tortura, según denuncia AI

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Amnistía InternacionalLos gobiernos africanos violan sus compromisos para erradicar la tortura, que en la actualidad sólo está prohibida en 10 países del continente, denunció hoy Amnistía Internacional (AI).

En el marco de su campaña «Para la Tortura», la organización alertó de que esta práctica está creciendo de forma alarmante en el continente africano, que ha quedado muy rezagado respecto al resto del mundo en la criminalización de estos malos tratos.

La Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, ratificada por todos los miembros de la Unión Africana excepto por Eritrea, prohíbe expresamente la tortura, lo que no impide que se siga torturando de forma habitual en el continente, recuerda AI.

«Los gobiernos africanos todavía deben reconocer el problema para comenzar a rectificar», incidió el investigador y director de AI para África, Netsanet Belay, en un comunicado.

«La falta de leyes que prohíban la tortura en la mayor parte de los países africanos no solo permite que sobreviva, sino que prospere», alertó.

En 2014, 30 años después de que las Naciones Unidas adoptarán la Convención contra la Tortura -que compromete a todos los gobiernos en contra de estos abusos- AI ha detectado que esta práctica es todavía usual al menos en 24 países subsaharianos, aunque su número podría ser mayor.

En determinados países africanos, el uso de la tortura es rutinario y se acepta como una respuesta legítima a la criminalidad.

Al menos la mitad de los encuestados en Kenia (58 %) y Nigeria (50 %) temen ser torturados si son detenidos, mientras que tres cuartas partes de la población nigeriana (73 %) y más de cuatro quintos de la keniana (84 %) están de acuerdo con establecer leyes contra la tortura.

La tortura más usual en África es la utilizada para «obtener confesiones» en los centros de detención: los arrestados son golpeados, atados en posiciones dolorosas, retenidos en condiciones climatológicas extremas, colgados del techo o abusados sexualmente en países como Etiopía, Gambia, Kenia, Mali, Nigeria, Senegal, Sudán y Zimbabue.

El pasado año se conocieron denuncias de abusos en la prisión de alta seguridad de Mangaung, en Sudáfrica, donde se utilizaban descargas eléctricas y golpes.

En Mauritania, los tribunales han decretado que las confesiones extraídas a través de la torturas son admisibles como prueba judicial.

En Nigeria, la Policía y el Ejército emplean la tortura de forma rutinaria y en Sudán los abusos incluyen la amputación como forma de castigo (en abril de 2013, se les amputó la mano derecha a tres hombres acusados de robar aceite de cocina).

Las condiciones de los presos son «extremadamente inhumanas» en muchos países de África, como Liberia, donde viven hacinados, en condiciones totalmente antihigiénicas y sin agua corriente.

AI llamó a los gobiernos africanos a avanzar en la criminalización de la tortura, incluyendo exámenes médicos apropiados, la asistencia legal a detenidos, la inspección de lugares de detención y la investigación de las denuncias de tortura y de los sospechosos de cometerla.

«Hace 30 años, AI dirigió una campaña para lograr un compromiso mundial para combatir la tortura, lo que resultó en la Convención contra la Tortura de la ONU. Es descorazonador que solo diez países africanos criminalicen la tortura y los malos tratos, que siguen siendo rampantes en todo el continente», concluyó.

La tortura está castigada en Argelia, Burundi, Camerún, la República Democrática del Congo, Egipto, Guinea Ecuatorial, Madagascar, Mauricio, Senegal y Túnez.