Camerún, un año 2019 entre tendencias y tensiones

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Pese a que las autoridades de Camerún hicieron lo posible por controlar las tendencias separatistas en el sur del país, estas emergieron y actualizaron en 2019 una discrepancia de dos décadas.

Aunque el asunto se abordó con sabiduría política no se avanzó lo suficiente y hoy al menos presenta tres tendencias: la oficial, que rechaza la secesión, otra que se pronuncia por la salida de la composición federal y una tercera más bien moderada, la cual opta por una solución negociada que satisfaga a las dos partes.

Esas posiciones se movieron en el año que concluye en un ámbito de tensiones por las ofensivas de las fuerzas de seguridad contra grupos insurgentes que se radicalizaron y apuestan por la violencia para dirimir lo que consideran la subestimación del Estado francófono de las necesidades y demandas de la población angloparlante.

No obstante, el ministro de Exteriores, Lejeune Mbella Mbella, dijo apenas hace tres meses que la crisis política en las regiones de mayoría anglófona del país es una cuestión interna y permanece localizada, y no es ‘una amenaza para la paz y la seguridad subregionales, y mucho menos las regionales e internacionales’.

Sin embargo, el titular denunció que los secesionistas intentan atentar ‘contra la integridad territorial, la unidad y cohesión nacionales, y la estabilidad de las instituciones nacionales’.

La situación es compleja, toda vez que sobrepasa el tema etnolingüístico en un país donde se hablan 250 lenguas, y por asumir componentes políticos, económicos y sociales, al margen de la filiación idiomática; los anglófonos exigen el cese de lo que identifican como marginalización en el modelo estatal camerunés.

Esa retórica ?sin embargo- recibió el apoyo de grupos armados que atacaron comisarías de la policía, escuelas y perpetraron secuestros masivos. Cuando se esperaba que disminuyera la tensión, esta persiste en forma de crisis y durante los dos últimos años aumentó su complejidad.

El conflicto escaló cuando tomaron parte en él grupos armados como las Fuerzas de Defensa de la Ambazonia y otros destacamentos, que asediaron a las tropas de Yaundé y le causaron decenas de víctimas, mientras que miles de desplazados cruzaron la frontera nigeriana.

Los enfrentamientos entre las tropas del gobierno y los secesionistas no cesaron y de 2018 a 2019 aumentaron para preocupación internacional, mientras que analistas políticos coincidieron en que la ubicación fronteriza de la región anglófona convierte al problema en una amenaza para toda la subregión del golfo de Guinea.

Esa situación se desató en 2016, cuando la policía disolvió manifestaciones de abogados y maestros de habla inglesa que protestaban contra el trabajo en francés, pero posteriormente la protesta tomó un cariz nacionalista y se extendió para devenir traba en el logro de la estabilidad de Camerún bajo el gobierno del presidente Paul Biya.

Las quejas primero se reducían a asuntos puntuales de integración y desarrollo de la minoría angloparlante, pero luego se ampliaron las demandas por una mayor autonomía y finalmente por la separación territorial, que reforzó la tendencia secesionista ilustrada con la aparición en 1999 de la República de Ambazonia, ilegal a criterio oficial.

Pero, apuntó el titular de Exteriores, eso ‘lo solucionaremos con un espíritu de diálogo y concertación’ y afirmó que en consonancia con tal propósito es la convocatoria a un diálogo nacional emitida este 2019 por el presidente Biya.

ANTECEDENTES

Antes de que se concretara la independencia del país en 1960, el Reino Unido le propuso a la población angloparlante camerunesa determinar mediante referendo si deseaban integrar el Estado venidero o preferían unirse con Nigeria, como resultado de la consulta las áreas del norte se unieron al país vecino.

La zona costera del sur formó parte del nuevo Estado de la Confederación de Camerún que mantuvo una relativa autonomía entre las regiones anglófonas y francófonas, indican analistas sobre la fusión que está en la base del disenso a la luz del actual conflicto que podría intensificarse.

Esas contradicciones aumentaron cuando en la década de 1970 se descubrieron yacimientos de petróleo, aún los nexos entre comunidades no aparentaban que el país, rico en hidrocarburo y con amplio potencial agrícola, se precipitara hacia un proceso que impactara su integridad, su unidad territorial.

Así, en el año que termina continuó el diferendo y la situación de seguridad en las zonas anglófonas se deterioró. Se calcula que allí actúa una decena de grupos armados antigubernamentales, algunos muy violentos y tendientes a ser más radicales en sus decisiones que otros, que en alguna medida abogan por el entendimiento.

Tras la reelección en octubre de 2018 del presidente, Paul Biya, se consideró que ocurriría una reducción general de las tensiones en Camerún, pero los intereses separatistas en la población angloparlante y la violencia desatada por las facciones de la secta terrorista nigeriana Boko Haram alejaron tal posibilidad.

Tanto Boko Haram de Abubakar Shekau como su similar Estado Islámico en África Occidental, comandado por Abú Musab al Barnaui, continuaron desangrando a Camerún, que junto con Níger, Nigeria y Chad integra la cuenca del lago Chad, donde operan esas facciones.

Es extensa la estadística de muertes causadas por esos grupos, en agosto pasado el canciller de Yaundé, Mbella Mbella, declaró en la Asamblea General de la ONU la preocupación de su país por la crisis humanitaria generada y principalmente en el momento de hacerse cargo de una numerosa población de refugiados y desplazados.

Tales temas pasarán al 2020, aunque lo más beneficioso sería que la tendencia a incrementarse la cifra de esas víctimas declinara para que eso no constituya un elemento más de desestabilización en la cuenca del lago Chad y en especial de Camerún que en 2019 mantuvo abiertas sus puertas a los huyeron del terror en la subregión.