Camerún, donde escalan las tensiones

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Por Julio Morejón
La extensa región francófona africana se estremece: violencia en República Centroafricana, en el este del Congo Democrático, en el Sahel y desde hace dos años en Camerún, donde existe un movimiento separatista.

Camerún -país independiente desde 1960 y federal desde 1972, luego de ser colonia británica y francesa- es hoy escenario de una disputa entre las fuerzas del Gobierno que preside Paul Biya y facciones armadas independentistas de las regiones anglófonas, el suroeste y el noroeste.

La tensión desborda el tema etnolingüístico en un país donde se hablan 250 lenguas, pues sobresalen los componentes políticos, económicos y sociales, al margen del idioma que se practique; los anglófonos plantean marginalización y demandan una interpretación equitativa del federalismo o la independencia.

Esa actitud está considerada hostil por la mayoría francófona, así como la pretendida institucionalidad de la denominada República de Ambazonia, lo cual reafirmó en diciembre pasado el presidente Biya cuando dijo que tomarían las medidas requeridas para evitar el daño causado por los secesionistas, a quienes identificó como terroristas.

El conflicto escaló en los últimos meses con la aparición de grupos armados como las Fuerzas de Defensa de la Ambazonia y el Ejército de Resistencia de Banso, que lanzaron ataques contra las tropas de Yaundé, a la cual le causaron decenas de víctimas, mientras que más de 40 mil desplazados ya cruzaron la frontera con Nigeria.

Las fuerzas de seguridad camerunesa enfrentan una situación que se desató en 2016, cuando la policía disolvió manifestaciones de abogados y maestros de habla inglesa que protestaban contra el trabajo en francés. Desde entonces el conflicto ascendió y ahora preocupa a organismos internacionales y a foros de derechos humanos.

¿EVENTUALIDAD IDIOMÁTICA?

El ámbito político camerunés pasa por un momento complejo, al revivir discordias potenciadas por eventos sufridos en la época colonial iniciada en 1884, cuando su territorio se anexó a Alemania, como secuela de la Conferencia de Berlín (1885-1885), que seccionó a África en función de los intereses de las potencias europeas.

Esa división territorial no tomaba en cuenta las características culturales, políticas, religiosas y familiares de las comunidades sometidas, en tanto ocurría una disociación del ‘cosmos’ tradicionalmente conocido por esos núcleos humanos y la realidad impuesta por el patrón colonial, lo que generaba contradicciones.

Tras la Primera Guerra Mundial, el imperio germano perdió sus posesiones en África y en el caso de Camerún, el país se colocó bajo la égida de dos vencedores del conflicto, Reino Unido y Francia; los británicos ocuparon los territorios fronterizos con Nigeria y los galos el resto.

Así llegó ese territorio africano a la independencia en 1960, 15 años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Antes de que se concretara el proceso independentista, Londres le propuso a la población angloparlante camerunesa realizar un referendo para determinar si deseaban integrar el Estado naciente o preferían unirse con la vecina Nigeria.

Como resultado de esa consulta las áreas del norte se integraron a Nigeria y la zona costera del sur formó parte del nuevo Estado de la Confederación de Camerún que mantuvo una relativa autonomía entre las regiones anglófonas y francófonas, indican analistas sobre la fusión, base del actual conflicto.

En 1972 otra realidad política emerge con la constitución de la República Unida de Camerún, la cual adoptó una centralización del poder, que según los anglófonos debilitaba sus facultades a favor de la mayoría de habla francesa. Los residentes de lengua inglesa afirmaban que no se sentían representados en el aparato del Estado.

Asimismo, la nueva Carta Magna también laceraba las capacidades políticas y administrativas de las autoridades tradicionales, lo cual se evaluaba como una lesión a la estructura enraizada en las comunidades.

Las contradicciones internas pueden generar inestabilidad más allá de las fronteras camerunesas, por lo cual las autoridades tratan de preservar la unidad en la diversidad, a la vez que rechazan los planteamientos separatistas.

Preocupa la estabilidad del país por su ubicación geoestratégica, pues se halla en el paso del 93 por ciento del tráfico mercantil de África central, además es la economía que más crece en la Comunidad Económica y Monetaria de esa subregión (Cemac), según análisis del Fondo Monetario Internacional.

Otro elemento de juicio -y que demuestra cada vez su importancia en el actual tablero internacional- es que Camerún cuenta con el inestimable recurso de fuentes petroleras, lo cual confirma su importancia estratégica en el concierto africano y un evidente componente de peso en el camino al desarrollo.

OTRO ENEMIGO

Según la prensa internacional, los acontecimientos que se consideran como conflicto en las regiones anglófonas de Camerún, causaron decenas de muertos en cada bando beligerante y motivó la emigración de más de 40 mil ciudadanos, de acuerdo con estimados, una fuga que parece indetenible cuando está en juego la vida.

Pero otro enemigo que envenena el escenario camerunés es la secta terrorista nigeriana Boko Haram, cuyos ataques sacuden la región del norte del país, donde se reportan las operaciones de los extremistas contra campos de refugiados.

El gobernador Midjiyawa Bakari, de la región camerunesa del Lejano Norte, declaró recientemente que dos niñas detonaron los explosivos que portaban en el campamento de desplazados de Kolofata y se refirió a varias docenas de heridos, 15 de ellos hospitalizados en Mora.

Bakari responsabilizó de los atentados a Boko Haram, que amplió su campaña armada desatada en 2009 en Nigeria a los Estados de la cuenca del lago Chad e insiste en golpear a Camerún.

A las tensiones por los enfrentamientos en las regiones anglófonas les secundan agresiones que proceden del exterior y al parecer no se relacionan con la Ambazonia y sí con el terrorismo, el cual perturba a la cuenca del lago Chad.

Por consiguiente, el proceso que afecta a Camerún debe entenderse como parte de un escenario subregional donde la violencia pasa a ser eje en la solución o empeoramiento del ambiente político.

En ese ámbito de complejidad, el electorado camerunés se prepara para celebrar elecciones presidenciales en octubre próximo, lo cual puede asumirse como una muestra de estabilidad en ese país federado.