Bonanza, hambre y conflictos, los contrastes de África

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Por Moisés Saab
Informes optimistas sobre alza del crecimiento económico en países de África, contrastan con reportes de éxodos humanos por conflictos y amenazas de hambruna.

El caso más notorio es el de Etiopía, que continuará a la cabeza del continente en crecimiento económico en las condiciones de leve descenso del conjunto de esa zona, respecto al año recién concluido, según un reporte del Banco Mundial (BM).

La entrada en funcionamiento en enero pasado del ferrocarril entre Etiopía y Djibouti, financiado por China, es un hecho resaltante pues, además de sustituir un transporte similar en uso desde 1917, evidencia los avances en África del programa chino de la Seda y la Ruta del siglo XXI.

El ferrocarril, construido a un costo de 4 000 millones de dólares, une Addis Abeba, capital etíope con Djibouti, por donde pasa el 95 por ciento de su comercio. Ello proporciona al primero el acceso al mar que perdió tras la independencia de Eritrea, país con el cual mantiene relaciones tormentosas.

Un hecho a tomar en cuenta es que el ferrocarril resulta el primero que se construye utilizando equipo y normas técnicas de China fuera de ese país asiático.

Etiopía asimismo construye la Gran Presa Renacimiento, proyecto valorado en unos cinco mil millones de dólares, con el cual espera autoabastecerse de electricidad e incluso exportar.

Sin embargo, no será el Estado que más crecerá en el área localizada al sur del Sahara, lugar que corresponde a Ghana, cuyo pronóstico de alza es un sustantivo 8,3 por ciento, lo que no impide que Etiopía siga siendo el estado más dinámico en ese índice.

Asimismo, los augurios del ente financiero pronostican el retorno de Kenya al alza económica por un descenso de la inflación y el equilibrio de Tanzania por un marcado impulso de las inversiones.

Las predicciones de crecimiento del informe del BM ubican a Kenya con 5,5 por ciento; Tanzania (6,8), Uganda (5,1) y Ruanda (5,9).

Desde el norte del vasto desierto también llegan noticias alentadoras con la inauguración de un complejo textil en Argelia por una aventura conjunta con Turquía, que tras su terminación será el mayor del continente y satisfará las necesidades domésticas del país sede y para exportar.

Esta dinámica económica, sin embargo, está ensombrecida por conflictos internos incluso en algunos de los sujetos del informe, como Kenya, donde la oposición desafía el triunfo en las últimas elecciones del presidente Uhuru Kenyatta; y Argelia, por la existencia de grupos armados islamistas en su frontera con Túnez.

Pero el caso más sombrío es el del país más joven del planeta, Sudán del Sur, cuyas posibilidades de desarrollo -basadas en sus enormes reservas de petróleo- son impedidas por la guerra entre el presidente Salva Kiir Mayardit y su exvicepresidente Riek Machar.

Recuentos de agencias internacionales cifran en dos millones los desplazados sursudaneses que abarrotan campamentos de refugiados en países vecinos, sin pasar por alto los cientos de miles que se alimentan de raíces o mueren por enfermedades curables sobre un subsuelo que guarda una fuente de ingresos capaz de proporcionar los fondos necesarios para hacerlo florecer.