Aumentan tensión y cifras de víctimas en Kenya

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La policía de Kenya mató a al menos 11 personas al reprimir las protestas por la reelección del presidente, Uhuru Kenyatta, en Kisumu y barrios de la periferia capitalina.
Según informaron hoy diversas fuentes, los cadáveres de nueve jóvenes, muertos anoche en el barrio capitalino de Mathare, los trasladaron a la morgue de la ciudad.

Un funcionario de los órganos de seguridad confirmó a la prensa el destino de los occisos quienes, dijo, perecieron durante las operaciones antisaqueo realizadas por la fuerza pública.

También una joven murió en Mathare cuando los antimotines hacían disparos esporádicos (presumiblemente de advertencia), afirmó un testigo.

Ese vecindario es leal al jefe de la oposición Raila Odinga, de 72 años, cuyo partido calificó el voto del martes pasado como una ‘farsa’ y cuyas declaraciones posteriores incentivaron las demostraciones callejeras.

En medio de ese escenario de violencia, un funcionario del gobierno notificó que un hombre resultó asesinado, lo que totalizó 11 víctimas letales durante los enfrentamientos entre manifestantes y la policía que, además, empleó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes.

Los disturbios comenzaron tras la comisión electoral anunciar oficialmente la victoria del mandatario, a quien la oposición acusa de manipular fraudulentamente los comicios del pasado martes.

Sin embargo, en rueda de prensa, el ministro del Interior en funciones, Fred Matiang’i, declaró que los reportes de los incidentes son ‘rumores y mentiras’ y acotó que este país es seguro.

El titular subrayó que todo son infundios y desconoció que hubiera alguna víctima mortal en los disturbios, aunque reconoció que el problema estaba localizado y lo atribuyó a ‘elementos criminales’ y no a protestas políticas contra la reelección del presidente, Uhuru Kenyatta.

La coalición opositora encabezada por el exprimer ministro Raila Odinga no proporcionó ninguna evidencia para justificar su rechazo al resultado de los comicios, lo cual deja sin fundamento las alocuciones respecto a que se cometió fraude en el proceso.

No obstante, la tensión persiste y hace rememorar la crisis postelectoral de 2007-2008 que casó unos mil 200 muertos y miles de desplazados.