Ataque terrorista a universidad en Kenia deja a una África perpleja

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universidad de GarissaEn Kenia dieron comienzo este domingo los tres días de duelo oficial por las 147 víctimas de la masacre de milicianos islamistas en la universidad de Garissa.

En todo el país ondeaban las banderas a media asta y los fieles recordaron a las víctimas en las misas de domingo de resurrección.

También el papa Francisco recordó en sus oraciones en la principal eucaristía de Semana Santa a los estudiantes muertos en Kenia: “Pidamos a Jesús victorioso para que alivie los sufrimientos de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre”, dijo el pontífice argentino.

En el ataque participó también el hijo de un funcionario del Gobierno de Kenia, según confirmó el portavoz del gobierno Mwenda Njoka, quien señaló que el padre del abogado Abdiram Abdullahi denunció la desaparición de su hijo. “En el momento del ataque se lo buscaba. Su padre ha apoyado a las fuerzas de seguridad”, afirmó Njoka, quien sin embargo no confirmó que Abdullahi fuese uno de los cuatro asaltantes muertos.

El diario The Star informó que residentes de Garissa reconocieron el cadáver de un joven cuyo padre es -según la información- consejero en el distrito de Mandera, que se encuentra en noreste de Kenia, en un área que limita con Somalia y Etiopía.

El presidente Uhuru Kenyatta aseguró el sábado que su gobierno iba a responder con toda la dureza posible a los responsables del ataque. “Haremos todo lo posible para defender nuestra forma de vida”, dijo.

Las autoridades informaron de la detención de cinco personas relacionadas con el ataque. Además, más de un centenar de heridos están siendo atendidos en hospitales de Garissa y Nairobi.

Unos 500 estudiantes supervivientes del ataque salieron el sábado de Garissa en autobuses para regresar con sus familias. La población donó alimentos, ropa y dinero a las víctimas.

La Cruz Roja hizo un llamamiento en Garissa para que la población done sangre. La universidad permanecerá cerrada indefinidamente por orden del gobierno.

La masacre duró unas 16 horas en esta ciudad del este del país africano y los agresores, y miembros de la milicia terrorista somalí Al Shabaab, mataron a casi 150 personas.

Sobrevivientes
Cheroitich sobrevivió. La joven de 19 años permaneció durante dos días escondida en el armario por miedo y el sábado fue rescatada. Apenas podía sostener el teléfono móvil que una enfermera le ofreció para llamar a sus padres. Estaba tan débil que la enfermera y el médico tuvieron que ayudarle a entrar en su cama del hospital. “Ahora tiene que descansar. Nada de más llamadas”, señaló la enfermera.

La ciudad de Garissa, de unos 120.000 habitantes, sigue conmocionada. Los terroristas apuntaron a los cristianos y abrieron fuego contra todo el que no supo responder preguntas del Corán.

Los residentes rompieron el cordón policial para poder ver a través de las ventanas de la morgue los cadáveres de los cuatro asesinos muertos. Según informó el gobierno, los terroristas se volaron por los aires. Algunos testigos habían señalado que habían resultado heridos por el impacto de las balas. Posteriormente los cadáveres fueron exhibidos por la ciudad en la parte trasera de una camioneta al descubierto.

Johnson Mutinda, sin embargo, considera que sería mejor deshacerse de los cadáveres, pues Al Shabaab podría regresar para recuperarlos. “Esa gente no tiene ninguna religión. Deberíamos quemar los cadáveres”, señaló. Muchos no pueden creer que algunos de los terroristas fuesen kenianos.

En el hospital donde está siendo Cynthia Cheroitich, así como el más del centenar de heridos, muchas personas desesperadas buscan a sus familiares.

Regina Mulandi intenta localizar a su pariente Monica Mwanzia, una estudiante en su segundo año de universidad. Su padre ha emprendido el largo camino hacia Nairobi, donde muchos de los enfermos están siendo atendidos, pero hasta el momento no hay rastro alguno de ella. “Sigo esperando la noticia”, dijo Mulandi. De todo el país han llegado llamadas preguntando por personas desaparecidas, dijo el activista local Ibrahim Aden Ali. “Los padres están muy desconsolados y preocupados”.

Por orden del gobierno la universidad permanecerá cerrada en esta ciudad ubicada a sólo 140 kilómetros de la frontera con Somalia. A muchos residentes se les escucha hablar entre susurros. “No hay ninguna sensación de seguridad” después del ataque, afirmó Ralph Kombo, un residente local.

Garissa, que alberga una base del Ejército que lucha contra la milicia terrorista en el país vecino, ha sido en varias ocasiones blanco de Al Shabaab.

Pero este ataque contra la universidad ha sido diferente a los atentados anteriores, señala Jacob Olweny, que vive en Garissa desde hace 20 años. “Las personas que fueron asesinadas son inocentes”, dijo Olweny, todavía conmocionado. “Vivimos inmersos en el miedo, pero es nuestro país. No huiremos”, agregó.