Arba Minch, puerta de entrada al mundo tribal etíope

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Por Richard Ruíz Julién
Para algunos, si alguna vez la parte oriental de África delimitada por el Rift se separa del continente, la sureña ciudad etíope de Arba Minch quedará asomada al océano, faro y vigía del mundo que se aleja.

Denominada en la cultura nacional como puerta de entrada al mundo tribal que se extiende por el sur, el enclave es, además, la última frontera entre el mundo ‘civilizado’ y las numerosas tribus que viven al margen del progreso en los valles del Omo y del Rift, muy cerca ya de Kenya.

Incluso su propia situación, en lo alto de la escarpadura, la convierte también en una frontera geológica, asomada a la inmensa falla.

Tiene a sus pies a dos de los lagos más grandes y bellos de los muchos que se suceden en el Rift, el Abaya y el Chamo; ambos están separados por una montaña conocida por los lugareños como ‘El puente de Dios’, que forma parte del Parque Nacional Nechisar.

Para el guía turístico Tadesse Ayale, todo viajero siente allí que está a punto de entrar en un territorio, geográfico y espiritual, desacostumbrado y lleno de retos.

Por eso Arba Minch (‘Cuarenta Fuentes’) se constituye el último bastión civilizado antes de adentrarse en ese misterioso mundo en el que el tiempo se ha detenido hace muchos siglos, considera Ayale.

Las orillas del Chamo están llenas de bellísimas aves, algunas de las cuales uno no había visto jamás, ni siquiera en fotografía; no se trata de pajaritos, sino de aves de gran envergadura y hermosos colores que no parecen estresarse por la presencia de extraños, según el testimonio de los visitantes.

Sobre el agua asoman, aquí y allá, las cabezas de enormes hipopótamos que se solazan lejos de la orilla: en tierra, se les considera uno de los animales más peligrosos del mundo, pero en cambio aquí, en aguas profundas, se muestran pacíficos e indiferentes a la presencia humana.

De acuerdo con Ayale, lo que más atrae a quienes navegan por el Chamo suelen ser los cocodrilos; son de gran tamaño y tienen su hábitat en la desembocadura del río Kolfo.

A ese lugar se le conoce localmente como Mercado de Cocodrilos, un nombre absurdo y desafortunado, que evoca un comercio de animales o pieles que no existe.

En cambio, al otro lado, ya en el lago Abaya, sí que existe lo que se conoce como Rancho de Cocodrilos, una especie de granja que suma unos 10 mil saurios en sus instalaciones, la mayoría menores de un año.

El propósito declarado del recinto es estimular lo que denominan eufemísticamente la ‘industria’ del cocodrilo, así como educar al público sobre su importancia ecológica y económica, que incluye naturalmente el comercio de pieles y la explotación turística.

Arba Minch es un reservorio de moringa, un árbol de pequeñas hojas con tantos nutrientes y virtudes que no me queda espacio para enumerarlos todos.

Baste decir que en Etiopía lo llaman ‘El árbol de Dios’, por la cantidad de vidas que ha salvado en épocas de hambruna.

En muchos establecimientos de la zona sirven estas hojas milagrosas: primero, crudas en ensalada (frescas y jugosas); después, cocidas como si fueran espinacas (extraordinarias); y finalmente, hervidas en infusión.