Amro Musa afirma que “Egipto jamás volverá a ser un Estado militar o religioso”

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Amro MusaEgipto no volverá a vivir bajo un régimen militar o religioso, y está destinado a fundar su Tercera República bajo el mando del exjefe del Ejército Abdelfatah al Sisi, considera su estrecho asesor y veterano político egipcio Amro Musa.

En una entrevista con Efe, Musa reconoce abiertamente ser “uno de los consejeros” de Al Sisi, aunque intenta restar importancia a su papel en la carrera presidencial y se define como un ciudadano más que “opina y propone cuestiones democráticas”.

Tras haber sido jefe de las Fuerzas Armadas y ministro de Defensa, Al Sisi podría convertirse en el (expresidente francés)Charles de Gaulleegipcio y dirigir la III República del país árabe, opina.

“No volverá un gobierno militar a Egipto. Al Sisi es ahora un exmilitar, igual que lo era De Gaulle y pese a ello lo seguían llamando General”, señala, en alusión al sobrenombre de “el Mariscal” con el que se conoce al candidato en Egipto.

“Habrá que darle tiempo”, concreta Musa (El Cairo, 1936), confiado en que el futuro “raís” respetará las normas de la democracia e implementará la hoja de ruta establecida por el Ejército tras la destitución militar del islamista Mohamed Mursi el pasado julio.

Musa, un camaleón político de larga trayectoria, renunció a presentarse a estos comicios al contrario de lo que hizo en 2012, cuando se postuló como uno de los favoritos pero acabó siendo tan solo el quinto candidato más votado.

Cuando muchos lo daban ya por amortizado políticamente, Musa demostró su capacidad de supervivencia y fue reclamado para presidir la Asamblea Constituyente que redactó la nueva carta magna del país.

Pese a su confianza en el candidato, advierte de que no se le pueden pedir peras al olmo, porque Al Sisi será un presidente bajo “ciertas exigencias, y no aceptará gobernar un régimen fallido ni permitirá que este se tambalee”.

Acerca de los rumores sobre su posible nombramiento como primer ministro o encargado de Exteriores en el futuro gobierno, ni los confirma ni los desmiente, pero reconoce que servirá a Egipto “allá donde le pongan”.

La “madre del mundo“, como siempre se han referido los egipcios a su país, lleva tres años sumida en una crisis social, política, económica y de seguridad iniciada el 25 de enero de 2011 con el derrocamiento del régimen militar de Hosni Mubarak, y acentuada por la destitución del gobierno islamista de Mursi.

Como presidente del Comité de los 50, que redactó la Carta Magna refrendada el pasado enero, Musa está satisfecho con su trabajo constitucional, aunque advierte de que los frutos se harán efectivos “cuando haya un Parlamento y un presidente elegidos”.

Declarado seguidor de Al Sisi, Musa reitera su confianza en que el mariscal construirá “un Estado vivo, que avance con rapidez y esté adaptado a los retos y la velocidad del siglo XXI”, a pesar de su falta de formación y experiencia política.

Reconoce que los egipcios que votarán a Al Sisi lo harán por su papel de “héroe y salvador” frente al gobierno de los Hermanos Musulmanes

“Yo le votaré porque no formó parte del antiguo régimen de Mubarak y viene de dirigir una importante institución como es el Ejército. ¿Por qué no va a estar preparado para dirigir otra institución más grande como el Estado?”, se pregunta.

Acostumbrado a pactar hasta con el diablo, Musa critica así al mismo régimen mubarakista que le mantuvo como la cara de Egipto -y de los árabes, al frente de la Liga Árabe– ante la comunidad internacional entre 1991 y 2011.

Sobre una posible reconciliación con los Hermanos Musulmanes, Musa lo supedita al reconocimiento de la Constitución y al final del “terrorismo” por parte de la cofradía ilegalizada.

“Nadie habla de sentarse a la misma mesa con ellos, eso no está planeado”, subraya el veterano diplomático, consciente de la humillación que sería para la Hermandad reconocer la legitimidad de los próximos comicios a la silla presidencial.

Los Hermanos, que el propio Musa admite que en su mayoría están encarcelados o en el extranjero, están expulsados de la política gracias la prohibición constitucional de partidos religiosos.

Asegura que en Egipto “ha terminado la etapa en la que se mezclaba religión y Estado, eso fue inútil y un gran y peligroso error que no se volverá a repetir”.

Tampoco ve contradictorio que los salafistas del partido Al Nur estén haciendo campaña por Al Sisi, porque, según él, no son un partido religioso sino político, que “solo defiende la aplicación de la ley islámica en el país”.

A pesar de los altibajos que ha tenido en Egipto, Musa termina celebrando el “éxito” de la primavera árabe y no duda en dejar claro que esta valió la pena “a pesar de las complicaciones”. Imane Rachidi