Africa occidental: Una acción conjunta contra Boko Haram

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atentado-en-nigeriaPor Julio Morejón 

En Niamey, la capital de Níger, sesionó una reunión cumbre de países de África occidental que aprobó reforzar la lucha contra la secta extremista nigeriana Boko Haram, un factor de inestabilidad para los Estados del área.

Los presidentes de Níger, Nigeria, Chad y Benín acordaron a principios de octubre intensificar en forma conjunta el enfrentamiento a la organización islamita con un contingente de efectivos de sus fuerzas de seguridad y el establecimiento de un centro de mando para las operaciones correspondientes.

Esa disposición manifiesta de acabar con el flagelo extremista se relaciona con un principio defendido por los próceres fundadores de la actual Unión Africana (UA) resolver los problemas de estabilidad del continente con reacciones y disposiciones propias, aunque esto no signifique obviar totalmente la ayuda foránea.

La idea central tiene que ser africana, para poder defender -ante todo- la soberanía y capacidad de gestionar el destino que se construye cada día en el complejo escenario legado por la colonización, ultrajado por las relaciones neocoloniales y vilipendiado por las recetas neoliberales orientadas a concebir Estados frágiles y dependientes.

Para salvarse de la tempestad, la palabra de orden es la actuación mancomunada y los países de África occidental lo saben sobremanera, recuérdese los actos de solidaridad política y humana en la década de los años 60, cuando en masa se fue accediendo a las independencias.

Ahora, ante el fantasma del terror tendiente a excluir la paz del diseño subregional, se reactiva una vez más ese instinto de conservación que plantea defenderse ante el peligro del golpe bajo y esa fue la propuesta planteada en la cumbre de Niamey y que persiste.

A finales de septiembre, el presidente nigerino, Mahamadou Issoufu, demandó en el contexto del período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, más esfuerzos y cooperación a nivel regional e internacional, para enfrentar la amenaza extremista, la decisión conjunta constituyó un mes después la respuesta a su solicitud.

“Es con esta perspectiva que los jefes de Estado y de Gobierno de Camerún, Níger, Nigeria, Chad y Benin se reunirán en Niamey el 7 de octubre”, avanzó Issoufu en su momento y así ocurrió el encuentro de concertación, el cual estuvo directamente relacionado con las sesiones periódicas de la Comisión de la Cuenca del Lago Chad.

En ese ámbito, Karidjo Mahamadou, ministro nigeriano de Defensa, afirmó que “nuestro espacio está invadido por las fuerzas del mal”, en relación con la persistencia de las agresiones de Boko Haram, que opera en la zona desde 2002 y que entre ese año y el 2013 se calcula que causó 10 mil muertos.

En el comunicado final de la reunión difundido por medios de prensa, los jefes de Estado lamentaron la persistencia de actos atroces perpetrados por la agrupación islamita nigeriana contra la población y las fuerzas de seguridad de su país y sus vecinos.

Junto con el representante de la Presidencia de Senegal, los mandatarios acordaron finalizar el despliegue de tropas prometido, para crear una fuerza multinacional, para el 1 de noviembre, mientras que el centro mando deberá estar en condiciones operativas antes del día 20 de ese mes.

INTERROGANTES POR RESPONDER

No obstante, sin alejarse del contexto diplomático referido es preciso comprender que lo que ocurra tiene antecedentes inmediatos en el sólido debate sobre cómo asumir militarmente el dilema de Boko Haram, surgida en 2002 en el norte nigeriano y que ha disparado las tensiones allí con sus acciones de guerra.

Esa formación se define por su carácter irregular, no parece una estructura homogénea y mucho menos dirigida con un solo criterio, pese a las simplificaciones propias de la síntesis en los medios de difusión.

En septiembre, en un encuentro de cancilleres en Abuja, la capital de Nigeria, el ministro anfitrión, Aminu Wali, declaró que su gobierno permanece perplejo acerca del financiamiento y el suministro de armas de Boko Haram, dos aspectos álgidos que aún carecen de explicación.

“¿Quiénes son los patrocinadores de las campañas terroristas de Boko Haram? ¿Quiénes financian la insurgencia? ¿Dónde están las fuentes de las armas sofisticadas y municiones utilizadas por los terroristas? ¿Quiénes son los que tratan de volver a definir el territorio de Nigeria y de África en el siglo XXI?”, se preguntó Wali.

Preocupaciones como esas abren el espectro de especulaciones que van desde tratar de precisar cuáles son los intereses ocultos tras la actuación de los islamitas, que occidente inscribe ahora en su agenda de la lucha contra el terrorismo, y por qué las actuaciones de Boko Haram tratan de poner en crisis la convivencia entre comunidades.

En medio de esa nebulosa sobre la organización extremista, a mediados de octubre se conoció que representantes del gobierno nigeriano y de la secta radical realizaban negociaciones en Chad y que uno de los primeros logros de las conversaciones fue acordar un alto al fuego.

También se reforzó la esperanza de llegar a un entendimiento, para la liberación de las más de 200 niñas secuestradas en la localidad norteña nigeriana de Chibok en el mes de abril y acción que generó una enorme repulsa internacional, pero que pudo haber sensibilizado más a las capitales occidentales.

Por cierto, al encuentro de cancilleres en Abuja asistieron los titulares y enviados de Nigeria, Benin, Camerún, Chad y Níger, junto con representantes de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Canadá, estos preocupados con la guerra santa musulmana (Jihad mundial) de la que se dice partícipe Boko Haram.

Los avances hacia la estabilidad no carecen de avatares, y mientras se potencia un arreglo inclusivo, queda espacio para la opción militar, otro componente de peso en cualquier negociación de esa índole, de ahí que paralelo al alto al fuego, el ejército de Camerún confirmó la muerte cerca de un centenar de islamitas.

Algunas señales indican que Boko Haram tiene todas las de perder, pero como el animal que se siente acosado lanza zarpazos que pueden resultar letales, por eso en el ámbito del acuerdo de cese al fuego se reportaron ataques a por lo menos cinco poblados del sufrido estado de Borno, donde mató a decenas de civiles.