África occidental: El ala rota de la mariposa

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Cedeao-1Por Julio Morejón

Un lúcido expresó que el aleteo de una mariposa podría desencadenar la destrucción de un témpano de hielo, así graficaba la magnitud y los resultados de un proceso que comenzaba con una simpleza y alcanzaba dimensiones monumentales.

Así, por ejemplo, la decisión de «destruir el mal» que Occidente empleó como divisa para eliminar al gobierno de Muamar Gadafi desató la furia del integrismo de confesión islámica en el norte del continente africano y por supuesto condenó a la crisis político-militar-social a Libia, donde el Estado Islámico pretende dejar de ser peón para reinar.

Pero la destrucción de la Yamahiriya resultó sólo el primer peldaño en una escalera de caracol, donde se asciende sin perder de vista a quien le sigue, y al guión empleado contra Trípoli le sucedió la guerra en Mali, en la que convergieron irredentos tuareg, extremistas islámicos, el ejército nacional, y Francia y sus socios africanos.

El conflicto libio abrió una nueva etapa en África en general y en especial en la subregión occidental, donde las transformaciones generadas en el Magreb por las llamadas Primaveras Árabes quedaban lejos y la confabulación antigadafi le parecía una falta bastante grave que algunos tildaron de intento de recolonización.

Aunque si bien es cierto que la amenaza de montar nuevas fórmulas neocoloniales persiste, también es importante comprender la urgencia de enfrentar con fuerza los problemas de la inmediatez que golpean insistentemente a millones de personas, cuyo único vínculo con las decisiones políticas es solo que pueden ser víctimas.

La zona tiene sus propios entuertos y para darle soluciones hay que evaluar escrupulosamente cuáles tienen prioridad -aunque siempre se aconseja que los asuntos africanos se valoren sobre la base de la supervivencia.

De todo lo anterior se infiere el carácter del encuentro subregional sobre seguridad realizado en Abuja, Nigeria, donde se hizo total énfasis en la necesidad de acabar con la secta Jama’atu Ahlis Sunna wal-Jihad Lidda’awati, conocida como Boko Haram, que ataca a países de la cuenca del lago Chad.

CUMBRE VS. BOKO HARAM

En la reunión los jefes de Estado de Níger, Chad, Camerún y Nigeria debatieron sobre la respuesta subregional a la secta extremista, cuyas agresiones causaron miles de muertos y más de 2,6 millones de desplazados, y de la que preocupa sus conexiones con el Estado Islámico, presente en el Sahel.

Al encuentro -el segundo de su tipo, el primero fue en París el 17 de mayo de 2014- también asistieron representantes de Estados Unidos y la Unión Europea, actores internacionales enfrascados en sus campañas de lucha contra el terrorismo, pero que no escatiman tiempo para influir en el laboratorio africano.

Con su presencia en esa cumbre, el presidente de Francia, François Hollande, expresó su compromiso con el fortalecimiento de la seguridad en África, pero también su interés por el mercado de Nigeria, considerada hoy la primera economía del continente.

Boko Haram es un problema de seguridad que requiere una respuesta coordinada, y en el evento subregional se evaluaron las estrategias políticas para el enfrentamiento militar efectivo, que concluya con la desmovilización del enemigo, aunque se reconoce que resulta difícil erradicarlo totalmente, pues para eso se requieren acciones integrales.

Tal actuación para acabar con la insurgencia requiere de establecer proyectos de desarrollo y de gobernabilidad, los cuales posibilitarían la recuperación y el fortalecimiento de los Estados de la cuenca del lago Chad, donde las condiciones de existencia hacen peligrar la estabilidad.

Y no sólo de esos países, sino también de los colindantes, tras el sometimiento a traumáticos programas de ajustes que empeoraron sus vidas.

Los participantes en la cumbre de Abuja reconocieron -de hecho, con la presencia precisamente de Estados Unidos y la Unión Europea- de que el asunto central es trasfronterizo, ir más allá de Boko Haram y extender las acciones a toda manifestación de terrorismo.

Con anterioridad expertos y funcionarios de los Estados miembros de la Unión del Río Mano (Guinea, Costa de Marfil, Liberia y Sierra Leona), expresaron su deseo de hallar formas consensuadas para luchar contra el flagelo.

Aunque la cumbre se pronunció fundamentalmente contra Boko Haram, cuya mayor base de operaciones está en el norte de Nigeria, la seguridad subregional también incluye otras direcciones como el golfo de Guinea, donde aún sobresalen problemas de piratería y robo de combustible, componentes de la inseguridad.

Asimismo, están las tramas asociadas a la semidesértica región del Sahel, en la que fundamentalistas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar Dine, Al Morabitum y el Frente de Liberación de Masina tratan de imponer sus reglas de violencia y contrabando por encima de la hostil topografía.

Esos grupos asumieron la autoría de dramáticos eventos en Mali y Burkina Faso, actos ejecutados lejos de las bases de Boko Haram, pero que cuentan con la simpatía de este. Por cierto, servicios secretos occidentales informaron la presencia efectivos del grupo extremista cuando se reportaron ataques a monumentos en 2012 en Tombuctú.

¿COOPERACIûN O NECESIDAD?

En la VIII reunión de Comisiones de la Unión Europea y la Unión Africana, en cuanto a la cooperación en la lucha contra el terrorismo, las partes recordaron que hubo demasiadas víctimas en ambos territorios, y se comprometieron a reforzar las capacidades técnicas y operativas para enfrentar la amenaza.

Se pronunciaron por continuar cooperando en el desarrollo de las capacidades de los países africanos en apoyo a operaciones de paz y para enfrentar al terrorismo, y respaldaron la decisión del Ejecutivo comunitario de «contribuir a financiar a la fuerza multinacional conjunta africana para combatir al grupo terrorista Boko Haram».

Pese a la existencia de otras dianas a las cuales disparar, Boko Haram atrae la mayor atención, toda vez que sus agresiones crean problemas de gran envergadura en contextos que ponen en peligro la estabilidad del continente, además, la expansión de sus acciones afectan claramente la estrategia energética occidental.

Esa explicación podría ajustarse no sólo a la cuestión petrolera en Nigeria, sino también al crudo que se presume subyace en otros Estados de la cuenca del lago Chad, pero también es extensiva al uranio de Níger y al gigantesco potencial de riquezas acumuladas en los territorios en general del golfo de Guinea.

Por consiguiente, aniquilar a Boko Haram, visto así, es garantizar muchas tranquilidades; la inmediata: resolver el problema de la inseguridad de poblaciones aterrorizadas, construir los estándares de protección requeridos y aportarle estabilidad a los gobiernos de la zona.

Hay interrogantes que se deben dilucidar, una de ellos es a quiénes beneficia el caos desatado por la explosión integrista, otra es si deberá África resolver solo militarmente el problema del terrorismo; de no ser así, si estará en realidad dispuesto Occidente a crear opciones de desarrollo para cambiar el panorama.

De todas formas, mientras imperen relaciones de inequidad a nivel global, esa será el ala rota de la mariposa.