Africa llora la muerte en 2017 de nueve venerable ancianos

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África llora el fallecimiento de nueve venerables ancianos, igual número de baobabs, el árbol que identifica al continente, cuya muerte los científicos sospechan fue causada por un asesino sigiloso, pero impenitente: el cambio climático.

Lo más triste del caso es que si alguna zona del mundo no es responsable de la impunidad del criminal es África, cuyo subdesarrollo industrial es notorio y la exime de la emisión de gases de efecto invernadero; la cría intensiva de ganado, otra generadora de contaminación, tampoco existe como tal en este continente.

Tras el fallecimiento de los nueve baobabs, solo quedan cuatro de esos árboles, el más antiguo del tipo angiosperma, como se denomina a las plantas que florecen.

Junto a los ancianos también perecieron en 2017 seis de los mayores ejemplares conocidos en el mundo, otra pérdida sensible en muchas comunidades para algunas de las cuales, profesantes de cultos tradicionales, son sagrados.

Después de 13 años de pesquisas, un equipo de científicos determinó que esos árboles están muriendo en un ‘evento de magnitud sin precedentes’, pero descartaron una epidemia, según el estudio realizado en el cono sur africano y difundido por la publicación especializada Nature Plants.

Las alarmas se dispararon desde 2005 tras la muerte de Panke, un baobab considerado sacro en Zimbabwe, cuya edad estimada era de dos mil 400 años.

Aunque los especialistas se muestran cautos y aconsejan mayores y más profundas investigaciones, tienen la casi certeza de que la pistola humeante está en manos del cambio climático, el mismo villano que destruye las barreras coralíferas y otras maravillas de la naturaleza.