África, la pobreza acecha al desarrollo

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La extrema pobreza está prácticamente restringida hoy a África; según el informe al respecto, 27 de los 28 países con más bajos indicadores de desarrollo están en este continente.

Cada uno tiene una tasa de pobreza por encima del 30 por ciento, mientras los expertos aseguran que para 2030 más de 300 millones de personas en la región subsahariana seguirán viviendo bajo esa condición.

A consideración de especialistas, muchos factores han contribuido al mapa de las estadísticas en cuanto a este tema.

En los países africanos, el desempeño económico débil ‒alimentado por el conflicto, las políticas ineficientes, la fragmentación ética y las sacudidas externas‒ hicieron que a los gobiernos les resulte más difícil financiar programas de alivio.

Pero el factor más importante puede ser la capacidad del Estado; después de todo, las instituciones débiles no pueden ofrecer bienes y servicios púbicos de manera eficiente, puntualizan los observadores.

Según el investigador Mohamed Mehari, en general, los territorios funcionan mejor cuando las élites gobernantes están acotadas por límites a su poder.

No obstante, la experiencia administrativa también incide, resalta Mehari.

China, con un período ligeramente más prolongado de estado moderno que la mayoría de sus contrapartes africanos más jóvenes, simplemente pudo desarrollar una mayor capacidad para administrarse.

Sin embargo, más allá de cuál sea la razón para esta variación, no cabe ninguna duda que la capacidad del Estado es uno de los ingredientes esenciales para una reducción exitosa de la pobreza, subraya el experto.

Durante los 15 años de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), los antecesores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), las naciones con altos niveles de pobreza e instituciones estatales fuertes pudieron rebajarla dos veces más rápido que quienes contaban con una capacidad endeble, de acuerdo con estadísticas.

La erradicación sigue siendo una alta prioridad para los 193 gobiernos que han adoptado los ODS.

Pero como aprendió la comunidad internacional de los ODM, los objetivos no garantizan el progreso, puntualiza a prensa Latina el profesor de Economía de la Universidad de Addis Abeba, Alemu Bogale.

Para asegurar que los 725 millones de personas que se quedaron en la pobreza al final del período de los ODM puedan dejar de ser pobres, hace falta invertir en programas que apunten a construir estados efectivos.

De lo contrario, una fecha final para este mal sigue siendo elusiva, añade.

¿Puede el mundo terminar con la pobreza en 2030, el objetivo fijado por la Agenda para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas?, se pregunta Bogale.

La Asamblea General de la ONU recientemente ratificó este plazo pero admitió que, para cumplirlo, será necesario ‘acelerar las acciones globales’ con miras a enfrentar las causas.

En tanto la comunidad internacional explora nuevas soluciones, las lecciones del pasado pueden ser instructivas, concluyen los expertos.