África conectada: un paso más hacia la igualdad de oportunidades

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Por Richard Ruíz Julién
Al menos tres de cada cinco jóvenes africanos de entre 15 y 24 años no están conectados, lo que en opinión de expertos se convierte en un nuevo reto para reducir las desigualdades.

Los especialistas insisten en que a menos que se amplíe el acceso, el poco contacto con la tecnología digital puede crear nuevas brechas y convertirse en limitante del potencial de las nuevas generaciones.

De ahí la necesidad de actuar para mantenerse al ritmo de los rápidos cambios, puntualizan.

No obstante, para los observadores es importante reconocer los riesgos en línea, que pueden llevar a que los más vulnerables sean susceptibles a la explotación, el abuso y hasta la trata, así como a otro tipo de amenazas menos evidentes para su bienestar.

En el continente, organizaciones internacionales, programas gubernamentales y empresas sociales se han lanzado en ese empeño de no cerrar a los niños las puertas del futuro digital.

Coinciden en esta lucha con colectivos o activistas locales convencidos de que el acceso a Internet supone un paso hacia la igualdad de oportunidades.

La mayor parte de los programas desplegados muestra dos estrategias: por un lado, la introducción de las nuevas tecnologías a través de la educación, la forma más sencilla de acceder a grandes colectivos infantiles y, por otro, la mejora de la conectividad en zonas remotas.

La formación de los profesores también es fundamental para acercar a los más pequeños a este entorno, según consideración de los estudiosos.

Alemu Fantahum, profesor de Periodismo Digital de la Universidad de Addis Abeba, cree que muchos de los espacios de innovación que están floreciendo ofrecen propuestas para la mejora de la alfabetización en el sector.

‘La educación es el mejor camino para salir de la pobreza y la tecnología puede ser una gran ayuda en ese sentido. Pensemos en una niña sentada en la región de las Naciones, Nacionalidades y pueblos del Sur’.

‘Ella siente curiosidad por el mundo que le rodea y quizá hasta está apasionada por las energías renovables; es tan triste pensar que su acceso al conocimiento está limitado por las cuatro paredes de su aula y por el de su maestra’, explica a Prensa Latina.

A su vez, destaca, se hace imprescindible en todo este ir y venir formar niños en el interés de construir cosas bien hechas, de perfeccionarlas, de hacerlas con rigor.

Y, sobre todo, de hacerlas con un sentido de economía de la energía, de reducir la huella medioambiental y no acostumbrarse a pedir a papá y mamá que les compren las cosas, sino en cómo pueden hacerlas ellos mismos, agrega Fantahum.

La negación del acceso a estas variantes es una violencia hacia los futuros adultos: si el pequeño no se ha impregnado de las posibilidades que ofrece la revolución digital, tendrá una posición de desventaja frente a otros, concluye.

Consecuentes con los retos y oportunidades alrededor del tema, los analistas coinciden en que si se aprovecha de la manera adecuada y es accesible a escala universal, la tecnología puede cambiar la situación de quienes han quedado atrás, ya sea debido a la pobreza, la raza, el origen étnico, el género, la discapacidad, el desplazamiento o el aislamiento geográfico.