África, beneficiaria de la paz entre Etiopía y Eritrea

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Por Richard Ruíz Julién
Diplomáticos de Etiopía y Eritrea lo consideran una »declaración de paz y amistad», pero ese nombre encierra lo que podría ser uno de los cambios políticos más importantes en África, en los últimos 20 años.

Con un acuerdo simple de cinco pilares donde se esbozaban mecanismos de acercamiento político y económico, los mandatarios de ambos países, que una vez fueron uno solo, anunciaron conjuntamente el fin de una enemistad causante de la separación de los pueblos por más de 20 años.

Ya los eritreos se habían independizado en 1993, aunque los lazos de otra índole permanecieron inalterables hasta 1998, cuando las diferencias en torno a los límites territoriales condujeron a un choque militar a gran escala que se extendió hasta el 2000. El saldo final de muertes asciende a casi 80 mil personas, de acuerdo con estadísticas al respecto.

Aunque un pacto de no agresión cerró hace 18 años de manera formal los enfrentamientos, las escaramuzas esporádicas continuaron en la frontera y los vínculos se rompieron irremediablemente.

Ahora, entre el cierre definitivo del conflicto y la despenalización de varios grupos opositores, el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, rompe ‘una red de tabúes que ha sido un zumbido constante en el fondo de la política’ del este africano durante las últimas décadas, en opinión de analistas.

Específicamente, la guerra etio-eritrea fue un hecho aparentemente inmutable en una región que tiene una larga historia de choques violentos prolongados, apuntó el comentarista Nanjala Nyabola.

Incluso la paz flotante como posibilidad es un acto radical de transformación; cambia el alcance de lo que es posible o imaginable dentro de la arena política, detalló.

Esto podría ser el comienzo de una evolución en el discurso sobre seguridad en África Oriental y necesita ser reconocido, añadió Nyabola.

Por supuesto, tal movimiento tendrá implicaciones más allá de esto, apuntó. En Kenya, el Corredor de Transporte del Puerto de Lamu-Sudán del Sur-Etiopía (Lapsset) es un proyecto clave de infraestructura que se desarrolló con el objetivo explícito de conectar a este país sin salida al mar.

Como la nación más estable en el Cuerno, Djibouti también ha sido una alternativa natural, aunque recientemente se hicieron propuestas a Somalia y Somalilandia para el uso del puerto de Berbera.

Nairobi sostiene que Lapsset forma parte de una red de transporte más amplia en todo el continente, desde Cabo hasta El Cairo, aunque independientemente de ello, la utilidad del proyecto y el desplazamiento y la disrupción que ya creó ahora estarán bajo un mayor escrutinio con el acuerdo de paz entre Asmara y Addis Abeba.

Todo ello pone a pensar a los kenianos, puntualizó Tefere Megisto, investigador del Centro de Estudio Estratégicos.

Al mismo tiempo, las tensiones entre Somalia y Somalilandia sobre Berbera parecerán menos urgentes si Etiopía puede desarrollar una vía factible a través de Eritrea.

En junio, Mogadiscio acusó a Hargeisa de violar las condiciones de semiautonomía al celebrar un convenio sobre el desarrollo y uso del enclave marítimo, que según los primeros, debería haber sido aprobado a nivel federal; la tensión obligó a los diplomáticos etíopes a retroceder.

Con la reconciliación etio-eritrea, la tirantez entre Somalia y Somalilandia tal vez se disipe, al menos eliminando otro punto de controversia de la mesa, añadió Megisto.

Nada de esto debe eclipsar el elemento humano de lo que se está viviendo. Al igual que India y Pakistán, o Sudán y Sudán del Sur, la guerra entre Etiopía y Eritrea desgarró a familias y comunidades, en particular a las que viven a lo largo de la frontera, subrayaron los expertos.

Las imágenes de jubilosos ciudadanos recibiendo esta movida conciliatoria son un recordatorio de que la guerra sucede a las personas, y el fin de la misma siempre es motivo de celebración para todos, manifestó el profesor Alemayehu Kassa, de la Universidad de Addis Abeba.

Por supuesto, es demasiado pronto para hacer conjeturas definitivas de lo que depara el futuro. Sin embargo, si bien el cinismo tiene valor en el pensamiento político, especialmente cuando la historia brinda abundantes ejemplos de buena fe que han salido mal, es importante estar tan dispuesto a aceptar las buenas noticias como las malas, agregó.

Independientemente de lo que ocurra, este es un momento especial para África que debe ser apreciado y alentado. Para los que no son etíopes ni eritreos, es un recordatorio oportuno de que dentro de la política de una región complicada, a veces suceden cosas esperanzadoras, concluyeron los observadores.