Afcfta, un nacimiento con problemas

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Por Lemay Padrón Oliveros
El Acuerdo de libre comercio africano (Afcfta, por sus siglas en inglés) tuvo un nacimiento con problemas debido a la ausencia al parto de países importantes de la región.

La negativa al menos temporal de Nigeria, Sudáfrica y Uganda de firmar el 21 de marzo el acta de surgimiento en Kigali, Ruanda, supone un duro golpe al Afcfta, pues se trata de economías fuertes del continente.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Nigeria explicó en un comunicado que el presidente, Muhammadu Buhari, canceló el viaje para permitir más tiempo para las aportaciones de los interesados nacionales.

Se esperaba que el mandatario asistiera a la Cumbre Extraordinaria de la Unión Africana (UA), porque el Consejo Ejecutivo Federal nigeriano aprobó recientemente la firma del pacto, pero el Congreso Laboral de Nigeria había advertido enérgicamente contra la medida.

Según el cuerpo laboral más grande del país africano, la decisión podría afectar el sector manufacturero nacional y provocar la pérdida de empleos, motivos similares a los esgrimidos por Sudáfrica.

En el caso de Uganda, el presidente Yoweri Museveni canceló inesperadamente su visita a Ruanda horas antes de la reunión de líderes del continente, pero en su caso la negativa parece ser coyuntural.

Comentaristas ugandeses sugieren que detrás de su ausencia estuvo el deterioro de las relaciones entre Kigali y Kampala, pues Ruanda acusa a Uganda de detener ilegalmente a sus ciudadanos y de ayudar a grupos que luchan contra su gobierno, mientras la otra parte acusa a algunos ruandeses de espionaje.

La definición se sabrá antes de la próxima cumbre de la UA sobre el tema, que se celebrará en Mauritania en julio venidero, luego de que los países con reservas hagan sus respectivas consultas a nivel doméstico.

En definitiva 44 de los 55 países de la región firmaron el Acuerdo, considerado uno de los proyectos emblemáticos de la Agenda 2063 de la UA.

El convenio no se centra únicamente en la liberalización del comercio de bienes, sino también en la libre circulación de los servicios, la política de competencia, los derechos de propiedad intelectual y posiblemente el comercio electrónico.

De esta manera se intenta aprovechar la población de mil 200 millones de habitantes del continente con un producto interno bruto combinado de más de dos billones (millones de millones) de dólares para crear un mercado continental único de bienes y servicios.

Lo cierto es que, según especialistas, el Afcfta puede aumentar el comercio regional en 52 por ciento al eliminar los aranceles, lo cual sería un hito importante para hacer realidad la aspiración de una comunicad panafricana soñada por décadas por varios líderes de la región.

Expertos aseguran que a pesar de las pérdidas esperadas en términos de ingresos arancelarios (estimados en alrededor de cuatro mil millones de dólares para el continente), los beneficios serán más de cuatro veces mayores, especialmente a través de precios más bajos para bienes de consumo.

Del mismo modo, hacia el interior de África las exportaciones se saldrían del marco estrecho en que viven con la mayoría de sus socios del resto del mundo, interesados solamente en combustibles y minerales.

Se espera que al impulsar el comercio intrafricano, el Afcfta dará como resultado un crecimiento a más largo plazo, mayores inversiones extranjeras y contribuirá a la industrialización de todo el continente.

De esa forma, el Afcfta servirá para integrar los mercados y las economías de sus países miembros, todos en diferentes etapas de desarrollo.

La liberalización progresiva puede dar a los países menos adelantados el tiempo necesario para desarrollar la capacidad productiva y la diversidad del comercio de productos básicos, a fin de garantizar un crecimiento económico sostenible a largo plazo, la creación de empleos y la reducción de la pobreza.

Esta idea fue lanzada oficialmente desde 2012, y las consultas y negociaciones comenzaron en junio de 2015 durante la cumbre de la UA celebrada en Johannesburgo, Sudáfrica.

Allí se decidió que el año 2017 sería la fecha límite para que el tratado entrara en funcionamiento, pero no se llegó a un consenso entre muchas naciones. Tras consultar con sus ciudadanos, algunos de los nueve países que no firmaron el acuerdo (Nigeria, Sudáfrica, Zambia, Tanzania, Uganda, Eritrea, Botswana, Lesotho y Namibia) podrían sumar su rúbrica.

Especial expectativa generan los casos de Nigeria y Sudáfrica, pues se consideran dos de las tres economías más fuertes del continente.