El acuerdo etíope con puerto somalindés abre perspectivas comerciales

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Por Richard Ruíz Julién
La pérdida de la salida al mar llevó a Etiopía a iniciar acuerdos en la región en función de utilizar enclaves marítimos para sostener el flujo de importación y exportación, subrayaron  estudiosos locales.

La separación de Eritrea en 1993 privó a esta nación del denominado cuerno africano de una larga costa y múltiples puertos, lo cual complicó en gran medida el ascenso como potencia regional y obstaculizó el desarrollo de poco más de 100 millones de habitantes.

Sin embargo, la situación en la región está cambiando rápidamente, en opinión de especialistas.

Las gestiones de las autoridades etíopes condujeron a la firma de importantes convenios para la utilización de zonas costeras en Sudán, Somalilandia y Kenya.

Pero es el desarrollo del puerto somalilandés de Berbera el que, a consideración de los analistas, demostró ser el más radical en términos de desafiar la dinámica de poder regional, así como el derecho internacional.

Desde una perspectiva geoestratégica, el interés en Berbera es obvio, pues es muy cercano y ofrece el potencial de abrir la vasta, aunque aislada, región oriental etíope para comerciar, particularmente en la exportación de ganado y agricultura, refirió Tefere Hebresalasie, investigador del Centro de Estudios Estratégicos.

Sin embargo, debido a que el puerto está ubicado en Somalilandia, independiente de facto y sin reconocimiento internacional, persisten dificultades para atraer inversionistas y operadores a causa de los dolores de cabeza políticos y legales asociados con hacer negocios allí, destacó Hebresalasie.

Para los somalilandeses, la expansión del sitio y la rúbrica de tratados al respecto no solo generarían inversiones y empleos muy necesarios, sino que mostraría un apoyo tácito de otros gobiernos al proceso separatista de Somalia.

En tanto, para Addis Abeba, esos contratos respaldan fundamentalmente los pilares principales del posicionamiento continental, y se consideran esenciales para su propia supervivencia e indivisibilidad, manifestó Brendon Cannon, profesor asistente en el Instituto de Seguridad Internacional y Civil de la Universidad Khalifa, Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos.

Cannon imparte a menudo conferencias no sólo en Oriente Medio, sino en países africanos, entre ellos Etiopía.

El estudioso señaló que con tales avances, el Gobierno busca mantener el aislamiento de Asmara para debilitarlo hasta el punto de que se reúna formalmente en la contraparte en conflicto o se convierta en un estado cliente flexible.

Además, las iniciativas adoptadas se basan en mantener el statu quo en la posguerra civil somalí, agregó.

En pocas palabras, con Mogadiscio débil y fracturado, Etiopía puede concentrar su atención y fuerzas en sofocar las persistentes dificultades de seguridad interna.

Pero según otros especialistas esos matices son improbables, dado que los mecanismos de resolución de los diferendos al interior de este Estado van por otro camino, que en nada se basan en la debilidad de los territorios vecinos.

Incluso, Addis apoya misiones de paz en ese país con el objetivo de que logre estabilidad definitiva.

La realidad es que con el crecimiento de los volúmenes anuales de carga de tránsito de Etiopía, más de nueve millones de toneladas en 2011, se requieren rutas alternativas para su carga desde Djibouti.

Con la firma del acuerdo, el puerto somalí Berbera verá inversiones por un total de 442 millones de dólares para la gestión y desarrollo de un ‘proyecto de puertos marinos multipropósito de clase mundial’.

Así, Ethiopian Shipping Lines, controlará el 19 por ciento de las acciones, casi el doble de lo que inicialmente esperaba recibir.