Académicos defienden valores democráticos en Etiopía

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Etiopía, como otros muchos gobiernos, ejerce un estado democrático aceptable, no exento de errores, como también ocurren en cualquier otro lugar, porque nadie puede ostentar una democracia perfecta, consideraron analistas locales.

Un panel sobre Democracia y Contemporaneidad sesionó en la Universidad de Addis Abeba, donde especialistas etíopes e invitados foráneos pudieron sopesar los desafíos modernos en ese sentido, ajustados además a la realidad nacional.

El profesor de historia Teferu Ahmed evocó una frase de Winston Churchill, exprimer ministro de Reino Unido, quien apuntó: ‘Muchas formas de gobierno han sido juzgadas y se juzgarán en este mundo de pecado y desgracia’.

Por otro lado, aseguró Ahmed, esto no significa que las autoridades y todos en su conjunto no tengan que esforzarse por lograr lo que se considera básico, fundamental, aceptable, confiable, abarca y cumple con las normas democráticas estándar, civilizadas, con los derechos de ciudadanía de un pueblo tanto como posible.

Etiopía sigue manteniendo una paz y estabilidad agradables y estables y se embarcó en normas y valores civilizados de democratización, buena gobernanza y desarrollo sostenible, sostuvo por su parte Nathan Mulatu, experto en temas políticos.

A pesar de que esas normas y valores pueden tomar mucho tiempo para implementarse plenamente, desde el comienzo, el gobierno etíope formuló una constitución que garantiza la igualdad para todas las naciones, nacionalidades y pueblos de la nación, agregó.

La Carta Magna garantiza, en opinión de los especialistas, la libertad de expresión en todos los aspectos, formas y medios.

Las naciones democráticas siguen estrictamente modos y medios democráticos y legales para resolver los problemas que puedan surgir durante desacuerdos sociales o políticos, aclaró Yideneku Mohamed, también analista en tópicos sobre política y sociedad.

A su vez, instó a que esa sea la tendencia a seguir por miembros de la oposición para resolver el problema derivado de las recientes manifestaciones y disturbios en algunas áreas de nuestra nación.

Para Mohamed, algunos individuos y grupos extremistas ubicados en países extranjeros utilizan el dinero de los contribuyentes para destruir todos los intentos democráticos pacíficos del pueblo etíope adquiridos hasta ahora.

Así, aseguró, incentivan medios violentos en lugar de un diálogo pacífico para alcanzar su objetivo, es decir, para tomar el poder incluso a través de la violencia y la anarquía.

Todas las acusaciones de algunos líderes extremistas internos y externos contra el gobierno de Etiopía de que no hay democracia son simplemente absurdas; no tiene sentido porque la democracia es una cuestión de supervivencia y no de elección para el pueblo etíope, concluyó la analista.