Polémica en el arbitraje del fútbol: una vuelta por el VAR

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Los desacertados fallos arbitrales registrados en los últimos tiempos en el fútbol argentino y continental volvieron a plantear la polémica en torno a la aplicación de la tecnología en el fútbol.

El sistema de Video Asistente Arbitral (VAR, por sus siglas en inglés) demostró que aún tiene cosas por perfeccionar.

Esto quedó expuesto en la noche en que Lanús eliminó a River Plate, sobre todo por la importancia de lo que estaba en juego, nada menos que la clasificación a la gran final de la Copa Libertadores de América.

En primer lugar, un error político de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) fue aplicar este sistema en una instancia tan avanzada de la Copa.

Si lo que buscaban era probar el sistema, debieron empezar por usarlo en la fase de grupos de esta edición o de la siguiente. Si no daban los tiempos para aplicar el VAR en las primeras rondas, debieron esperar a la próxima temporada. No se puede experimentar en una instancia final.

Además, existe otro gran tema que nunca debe perderse de vista: El VAR jamás va a eliminar por completo el margen de error, porque siempre estará sujeto al criterio del árbitro.

Más claro: El sistema de video es tecnología, pero administrada por un criterio subjetivo, por lo tanto, falible.

No es como el sistema ‘In Gol’, donde un sensor detecta si la pelota sobrepasó la línea de meta y emite una señal al reloj del árbitro para decretar la validez del tanto.

El VAR se utiliza siempre a criterio del árbitro principal y aunque sus asistentes le adviertan la existencia de una acción digna de ser revisada, será el árbitro principal quien decida si se apoya en las imágenes o no.

Esto quedó a la vista en la polémica actuación del árbitro colombiano Wilmar Roldán, que se apoyó en el sistema de video para cobrar un penal a favor de Lanús, y no lo hizo en una jugada que hubiera sido penal para River.

Debemos tener claro que esa zona falible siempre estará presente, en tanto sea el criterio subjetivo del árbitro el que prive.

Aquí es donde cabe preguntarse hasta qué punto se justifica una inversión tan importante en cuanto a tecnología, y la participación de siete árbitros en lugar de cuatro, si el principal decide no utilizarlo en una jugada determinante.

Algo parecido a esto, en otras palabras, expresó el DT de River, Marcelo Gallardo, luego de aquel partido.

En definitiva, no se critica el advenimiento de la tecnología, ni mucho menos al VAR en particular, sino la necesidad de pulir varios detalles para su utilización.

Asimismo, la Conmebol debería revisar la decisión de designar árbitros extranjeros cuando se enfrentan equipos de un mismo país.

Curiosamente, el arbitraje argentino es reconocido y respetado en cualquier lugar del mundo, y es una lástima que en una serie internacional entre equipos argentinos, estos no tengan la posibilidad de ser guiados por un colegiado del país.

Es cierto que esa decisión fue a pedido de algunos dirigentes argentinos que solicitaron la llegada de árbitros extranjeros (la petición fue luego de aquella serie escandalosa entre Boca Juniors y River, en 2015).

Entendemos que un árbitro del mismo país es el más indicado para afrontar un partido determinante entre equipos de su propia tierra.

Un ejemplo: El mejor árbitro brasileño para un Flamengo-Fluminense, y el mejor argentino para un Lanús-River.

Un juez coterráneo conoce y valora la importancia del partido que está en juego y trabaja para eso.

El árbitro, como el futbolista, trabaja para cumplir eficazmente con su labor, y cada partido importante que recibe es un premio.

Es un reconocimiento dirigir una serie internacional entre Boca-River, el partido más importante del país. Con el sistema actual, eso será imposible.

Por otra parte, y siempre descontando la buena voluntad, cosa que nunca está en duda cuando se habla del referato, el árbitro del país tiene un compromiso profesional.

Sabe que todo el ambiente lo está mirando y que al día siguiente no podrá volverse a su país de origen como pasa con un árbitro foráneo, sino que deberá quedarse a convivir en el mismo ámbito, con lo bueno y lo malo que ha sancionado en este partido.

Y tendrá que volver a salir a la cancha el próximo fin de semana, o en el corto plazo, volviendo a ver las mismas caras.

Es decir que no solamente será calificado por el colegio de árbitros o por el veedor de la Conmebol, sino que será examinado por todo el ambiente del fútbol en el que habita.

Esto lo pone ante una exigencia profesional, que potencia la atención para no equivocarse.