Lucha senegalesa, mito, deporte y tradición

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2010
balla-gaye-iiHoy es un día veraniego en el estadio Demba Diop de Dakar y el cuerpo de Balla Gaye II está lleno del polvo blanco untado por sus chicas, junto a los rezos del brujo o marabú previos a este combate de lucha senegalesa.

Frente al gladiador, conocido como ‘el León de Guediawaye’, está el aspirante a arrebatarle el liderazgo, Tapha Tine, ‘el Gigante de Baol’, a quien las muchachas y el sacerdote de su aldea practican los embrujos antes de la lid en la principal arena de la capital senegalesa.

Transcurren solo dos minutos y Gaye mantiene su cetro en un combate que para criterio de algunos es sobrenatural, en especial para Tine, a juzgar por sus declaraciones a la prensa tras la lid en el estadio, cuya gradas abarrotadas rebasan su capacidad para decenas de miles de febriles aficionados que cantan y bailan:

‘Yo estaba paralizado, no podía mover los brazos, era como si tuviera un saco de arroz de 50 kilogramos colgado en cada uno de ellos y, cuando Balla quería golpearme, se volvía invisible, no podía verlo’, dice insinuando que fue vencido por las artimañas del marabú de su adversario.

Pero, según el periodista español José Naranjo, en medio de la gran expectación que antecede al choque entre ambos, la batalla mística comenzó mucho antes de que los luchadores saltaran a la arena.

El primero en dar la voz de alarma fue el preparador de Tine, quien encontró manchas de sangre en su auto y cerca de su casa, atribuidas al sacrificio de algún animal en el entorno de su adversario, mientras el día de la pelea, la muerte de una vaca en el barrio de Tine generó gran polémica.

Días después, el periodista que entrevistó al vencedor escribiría: ‘Así es el laamb (lucha senegalesa), deporte, pasión, negocio, espectáculo y buena dosis de magia’.

DEPORTE NACIONAL JUNTO AL FÚTBOL

Como pocas modalidades competitivas, esta especialidad combina acción, ritos y tradiciones que la convierten, a la vez, en primer deporte nacional y principal espectáculo de ese país de África occidental, sobre todo a partir la década de 1950.

La lucha tradicional senegalesa o laamb, término originario de la lengua wólof (de la mayoritaria etnia del mismo nombre, la más hablada, aunque sin estatus oficial) es considerada una rica expresión cultural autóctona de elevada dimensión, ‘un legado de creencias vivas, si bien animistas, un hecho real de la sociedad y no ningún folclore o práctica oscura’, según estudiosos locales.

El potencial de fuerza física, las dimensiones de sus gladiadores y las técnicas de la lucha sumo aplicadas por sus practicantes, recuerdan la corpulencia a veces grotesca de los atletas de esa otra especialidad competitiva de origen japonés.

Las acciones en los combates, cuyas primeras competencias son después de la temporada de lluvias entre oponentes de aldeas cercanas, incluyen también golpes de manos del boxeo, junto a inmovilizaciones y proyecciones de la modalidad clásica grecorromana.

Las reglas, aplicadas mediante tres árbitros, son muy estrictas y complejas y el guerrero gana en una de las siguientes situaciones: al derribar a su adversario; al obligarlo a tocar el suelo con su cabeza, nalgas o espalda; al proyectarlo cuatro veces; o cuando el oponente carece de condiciones físicas o de salud.

El reglamento es muy estricto, mientras el combate dura cuarenta y cinco minutos en tres partes con pausas de cinco minutos.

En los terrenos de arena que sirven de escenario, los luchadores, procedentes sobre todo de las etnias diolas y sereres, usan taparrabos y grisgrís (amuletos) de cuero, mientras bellas jóvenes los animan, les esparcen polvo blanco en el pecho y, antes del combate, les incitan a bailar danzas de iniciación.

Practicado en especial en regiones norteñas de Sine-Saloum y Casamance, se trata de un deporte de aficionados que devino profesional y cuyos primeros combates se desarrollan tras la temporada de lluvias, mientras su competencia más relevante y conocida es cada 1 de enero en el Estadio Nacional de Dakar.

Síntesis de magia ancestral con sus ritos de cultos africanos instruidos por el marabú, y competencia que demanda valentía y preparación física, el laamb es cada día más popular en Senegal y en parte de Gambia, aunque sus orígenes se pierden en épocas pioneras de combates y luchas por la supervivencia humana.

A comienzos de cada lidia, los contrincantes dan vueltas alrededor del otro y tratan de intimidarlo y seducir al público mediante el ‘baccou’, canto de sus proezas mientras bailan al ritmo del tam-tam y se preparan para lograr una buena sujeción.

Según los griot o narradores orales de África occidental, la preparación mística es fundamental para el triunfo, también con el recurso del ‘ndawrabine’, mediante el que un grupo de mujeres mayores vestidas de forma tradicional danzan con sus pañuelos mientras transcurre el combate.

Pero la parte imprescindible en la implementación del ritual en defensa de un luchador la asume el marabú, quien protege al combatiente contra hechizos y genios que puedan entorpecer su papel en el combate y su posible victoria final.

DESPEDIDA DE UN CAMPEÃ’N MÍTICO

La reciente despedida tras un palmarés imbatible de su gran campeón histórico de lucha tradicional, Yakhya Diop, uno de sus símbolos contemporáneos y uno de más distinguidos de la historia, actualiza este tipo de combate devenido leyenda africana.

El pueblo y el gobierno de Senegal dijeron su adiós deportivo el 12 de octubre último al estelar luchador apodado Yekini, de 42 años, 24 de carrera sin derrotas y considerado el más diestro adalid en medio siglo de ese deporte.

La lucha senegalesa demostró también con este gladiador el lugar cimero que ella ocupa en el país, acompañada solo por el fútbol, de cuyo deporte heredó Diop ese sobrenombre, en homenaje al delantero nigeriano Rashidi Yekini, estrella de la década de 1990.

Yekini, uno los más conocidos y populares junto a otros como Tyson y Bombardier y campeones clásicos anteriores como Falaye Baldé, Doubaless, Mbaye Gueye y Manga II, defendió como ellos esa manifestación, y su retirada puso una nota de nostalgia al principal deporte y espectáculo de Senegal.