Las desafiantes zancadas del maratonista keniano Eliud Kipchoge

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Por Jhonah Díaz González

Eliud Kipchoge nació en el Distrito Nandi, Kenya, el 5 de noviembre de 1984, y 12 mil 759 días después se confirmó como un verdadero fenómeno del atletismo mundial, a la altura de figuras de la talla del velocista Usain Bolt o el multifacético Carl Lewis.

Kipchoge, el pasado 12 de octubre, se convirtió en el primer ser humano capaz de correr los 42 kilómetros y 195 metros de la maratón en menos de 120 minutos: a priori algo imposible y ahora únicamente destinado para el actual recordista universal de la prueba.

A las 8:15 de la mañana (hora local), con una temperatura de nueve grados Celsius en Viena, el fondista inició el INEOS 1:59 Challenge ?prueba organizada exclusivamente para demostrar que no existen límites físicos- y durante su travesía apenas se inmutó o gesticuló, como si se tratase de una estatua andante, esculpida con músculos, huesos y sueños.

El keniano no pudo estar mejor acompañado en su afán de romper la barrera de las dos horas en la maratón: 41 liebres le marcaron el ritmo y frenaron el viento, un vehículo señaló el camino perfecto para sus amplias zancadas y unas zapatillas diseñadas para la ocasión redujeron el esfuerzo hasta en un cuatro por ciento.

El tiempo de la media maratón (21.097 km) quedó en 59.52 minutos y la segunda mitad arrojó un 59.48. Imposible, dirían algunos, pero tan real como que su imagen apenas emitió cansancio, mientras más de 20 mil personas lo vitorearon durante su tránsito y las sinfonías de Johann Strauss amenizaban el momento.

Contrario a lo que la lógica puede indicar, el corredor tuvo un segmento de cierre más rápido, rítmico y dominante, en compañía de sus gregarios, quienes entraban y salían, con perfecta sincronización, como fieles soldados en defensa de su ‘Quijote’, tan soñador como siempre, pero nunca antes menos ingenuo.

De 167 centímetros de estatura y apenas 125 libras de peso, el deportista acarició un pavimento sin fisura, con zonas recién asfaltadas para evitar irregularidades y avituallamiento constante desde un automóvil, en un circuito completamente llano y adaptado para la faena, que no fue considerada oficial por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF).

Kipchoge, recordista universal con 2:01:39, logrado en la maratón de Berlín en 2018, mantuvo un ritmo de 2.50 minutos por kilómetro durante la extenuante prueba y cruzó la línea de meta con una sonrisa tan sostenida como su paso.

Tras llegar a la meta, se dio el placer de abrazar a su esposa antes de tomar su bandera, la de Kenya, para continuar un festejo al trote, sin un cansancio abrumador, porque el objetivo estaba cumplido.

Así, en su decimocuarta maratón oficial, tras su título olímpico en Río de Janeiro y otras medallas en eventos de largo aliento en las modalidades de pista, luego de levantarse durante años a las cinco de la madrugada para entrenar, y a pesar de no llevar a los libros una nueva cota del orbe, Eliud demostró que sí es posible devorar la maratón en una hora, 59 minutos y 40 segundos, exactamente.