Infarto del fútbol nigeriano

0
447

Stephen Keshi y Shuaibu AmoduPor Antonio Paneque Brizuela

La muerte de dos glorias nativas es peor para un país que una derrota en fútbol, pero ambas tragedias arremetieron contra ese deporte en Nigeria, titular olímpico en Atlanta-1996, para acentuar la actual mística de ausencias de ese deporte en el país africano.

El hado luctuoso comenzó cuando la selección nacional, igualmente subtitular de la cita estival de Beijing-2008, quedó en marzo último sin clasificación para la Copa Africana de Naciones de 2017 en Gabón y, dos meses más tarde, la muerte de dos de sus grandes figuras arrebató un pedazo de historia viva al fútbol doméstico.

Entre el 8 y el 11 de junio último fallecieron, con cabalística diferencia de tres días, los exentrenadores Stephen Keshi y Shuaibu Amodu, artífices del juego y de la preparación de un deporte que es sueño y pesadilla en el país y la región, ambos signados por la falta de apoyo de sucesivos gobiernos.

Sobre el freno hacia la Copa regional, medios como la publicación especializada Sporting Africa se limitaron a considerar que «debió de resultar una amarga decepción, pues las Súper Águilas habían puesto sus esperanzas en el próximo Mundial para recuperar parte del orgullo perdido».

Pero las muertes de Keshi, el 8 de junio, y de Amodu, el 11, dos de los pocos entrenadores indígenas nacionales, le imprimieron a esa dinámica futbolística nigeriana un aún más triste y sui géneris toque de rebato, dada la dramaturgia, la manera singular y las coincidencias que rodearon los dos decesos.

Para que esas pérdidas fueran más dolorosas ya era bastante la reconocida condición de «super» de ambos en las artes de jugar (según la edad), capitanear (en el caso de Keshi), seleccionar y preparar futbolistas nigerianos y, sobre todo, conducirlos a relevantes victorias en lides nacionales, regionales y mundiales.

Pero para complejizar el drama las circunstancias de su muerte se desencadenarían de modo aún más dramático: los dos murieron por causa similar (infarto), en la misma ciudad (Benin, estado sureño de Edo), casi a igual edad (Amadu, 58; Keshi, 54) y con solo 72 horas de diferencia.

Era de esperar la ola de comentarios, especulaciones, elucubraciones y, tal vez, hasta exageraciones, de directivos y periodistas que llenaron los medios locales y regionales y sintetizaron el luto, tanto oficial como personal, de todos los amantes del fútbol en Nigeria y en África.

Adjetivos como «genios» y «héroes» llenaron los espacios y el fallecimiento de ambos pareció nutrirse uno del otro en fatídica simbiosis para llorar a Keshi y a Amodu como pocas veces se lloró al unísono a dos futbolistas en latitud alguna.

Y entre los puntos coincidentes de los medios figuró considerar a ambos «entre los mejores entrenadores de los equipos nigerianos de fútbol» y describirlos en ambientes a veces metafóricos, como lo hizo un familiar de Amodu:

«El único hombre que preparó en cuatro ocasiones a la selección de este país africano se quejó de dolores en el pecho la noche del viernes y no despertó en la mañana del sábado».

Amaju Pinnick, presidente de la Federación de Fútbol de Nigeria (FFN), de la que el occiso era vicepresidente, describía el hecho como «otra tragedia, todavía sufrimos la muerte de Keshi, y ahora se fue Amodu».

Recordaba el federativo que el fallecido, confirmado en 2014 como director técnico de esa organización, fue uno de los relevantes en la historia futbolística del país, «desde que se hizo cargo de las Súper Águilas a la edad de 36 años, tras la partida del holandés Clemens Westerhorf».

Amodu condujo a las Súper Águilas a ganar el Campeonato 2015 de África, según otro representante internacional del fútbol nigeriano, Segun Odegbami, quien añadió su preocupación por la falta administrativa de atención hacia los técnicos locales y hacia el fútbol en general:

«Creo que las personas a cargo de los deportes no saben nada al respecto, no entienden la presión bajo la cual ellos desempeñan su trabajo. Los jugadores y entrenadores están muriendo lentamente por la naturaleza de su profesión y la falta de recursos».

Esa apreciación coincidió con declaraciones de Akuri Afegbua, un primo de la Amodu, quien afirmó que en la muerte de este fue condicionada por la frustración ante la falta de pago a sus prestaciones económicas con la FFN y con el Gobierno del Estado de Edo.

«Él se quejaba de los impagos, no tenía dinero para mantenerse a sí mismo y a su familia», agregó entre lágrimas el familiar del futbolista.

Bajo la dirección de Amodu, Nigeria clasificó en cuatro etapas distintas para los Mundiales de 2002 y 2010, aunque en ambas ocasiones no pasó de la fase de grupos.

Keshi, por su parte, ganó como jugador la Copa Africana de Naciones de 1994 y como entrenador en 2013 (el segundo africano en hacer esa dupla tras el egipcio Mahmoud El Gohary) y, después de ganar la Copa Africana de Naciones-2013, llegó a octavos de final en el Mundial de Brasil-2014.

Conocido como Skippo y como Big Boss, el marcador central y alguna vez lateral derecho fue considerado en su época el mejor entrenador de Nigeria y trabajo también como técnico de Mali y Togo, equipo este último al que clasificó para el Mundial de Alemania-2006.