Bikila, el primer campeón del África negra

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Abebe BikilaPor Héctor Miranda

Los Juegos Olímpicos de Roma-1960 tuvieron un héroe indiscutido: el etíope Abebe Bikila, vencedor en la carrera de maratón con soberbio récord mundial de dos horas, 15 minutos y 16 segundos.

Solo un mes antes corrió Bikila por primera vez la maratón y fue suficiente para que lo incluyeran en el equipo de Etiopía para la cita estival.

Los demás participantes en la carrera se asombraron cuando vieron a aquel africano, endeble y descalzo, en la línea de salida; pero del asombro pasaron al temor y luego a la admiración al ver que devoraba kilómetros tras kilómetros sin que diera síntomas de cansancio.

Hasta la mitad de la competencia, Bikila y el marroquí Rhadi ben Addesellem se mantuvieron entre un grupo de experimentados corredores que mantenía la punta de la prueba.

Después del kilómetro 20, ambos comenzaron a distanciarse del resto y cuando faltaban 500 metros para la meta, Bikila inició un sprint fenomenal que lo dejó con la medalla de oro, la primacía mundial y el honor de ser el primer africano negro en ganar un título olímpico en cualquier disciplina.

El mundo entero se preguntaba quién era el nuevo dueño de la maratón, de dónde había salido y sobre todo, cómo pudo soportar el calor de las calles romanas descalzo, mientras el resto usaba el sofisticado calzado de la época.

El precursor de los corredores de fondo de África nació en 1932 en una ciudad llamada Jato, en el distrito de NeA Denba, cerca de Debre Birhan, al sur de Etiopía.

Desde muy pequeño se dedicó a cuidar rebaños de ganado, labor que alternaba con los estudios, hasta los 12 años cuando terminó el nivel elemental de enseñanza. Para entonces era un distinguido jugador de “Gena”, uno de los juegos tradicionales de su país.

Unos años más tarde, en 1952, fue llamado al cuerpo de protección del emperador Haile Selassie y pudo dedicarse entonces al atletismo.

Dos años después se casó con Yewibdar Giorghis, con la cual tuvo cuatro hijos.

En 1956 vio el desfile de los atletas de su país que participaron en los Juegos Olímpicos de Melbourne y se prometió a sí mismo que un día llevaría un uniforme con las letras de su país en la espalda. Tenía entonces 24 años, pero nunca pensó que era demasiado mayor para emprender una tarea tan grande.

Ese mismo año participó en los campeonatos nacionales del ejército. Para entonces era Wami Biratu el gran referente de las pruebas de fondo, las mismas en las cuales se inscribió Bikila.

El público asistía a los estadios para ver a Biratu y aplaudirlo, pero esta vez el silencio se apoderó de todos cuando aquel desconocido de apellido Bikila aplastó al ídolo.

Comenzaba a hacerse realidad su sueño de vestir el uniforme con las letras de su país. Sin embargo, no fue hasta Roma 1960 que se inmortalizó.

Al regreso de la capital italiana, el emperador lo premió con un apartamento y una pensión vitalicia. Sin embargo, una revuelta entre la guardia imperial estuvo a punto de costarle la vida, mientras todos sus compañeros de armas eran fusilados.

Sólo la intervención de Selassie logró salvarle la vida al atleta, que se desvinculó cada vez más del ejército para dedicarse por completo al atletismo.

Para los Juegos de Tokio-1964 ya Bikila usaba calzado y tenía experiencia suficiente en carreras de maratón, además de ser considerado el gran favorito, solo que una operación de apendicitis 40 días antes hizo dudar a sus seguidores, pero no a él.

El 21 de octubre se le vio tranquilo en la línea de partida. Bromeó, incluso, con algunos de los participantes. Cuando dieron la partida se unió al australiano Ron Clarke y al irlandés Jim Hogan para encabezar la carrera durante los primeros 15 kilómetros.

A los 20 ya iba sólo en la punta y ya no tuvo más rivales hasta la meta, a la cual llegó con un nuevo récord mundial de dos horas, 12 minutos y 11 segundos.

Hasta entonces, ni después, nadie ganó dos veces la maratón en Juegos Olímpicos. Pero él quería más, soñaba con un tercer triunfo y comenzó a prepararse para la cita de México-1968.

En la capital mexicana ya no era el mismo y sobre el kilómetro 17 abandonó debido a una contusión en un pie.

Ese mismo año sufrió un accidente automovilístico que lo dejó paralizado de la cintura hacia abajo. Sin embargo, después de recuperarse participó en los Juegos de Stoke Mandevile, precursores de los actuales Paralímpicos.

Murió el 26 de octubre de 1973, a los 41 años de edad, y su cuerpo fue sepultado en la iglesia de San José ante una multitud inmensa, con la presencia del emperador y toda la familia imperial.

Bikila no fue sólo el más grande maratonista de la historia, sino el precursor de los campeones africanos en las carreras de fondo.