Un Egipto mucho más antiguo que los Faraones

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Al-Fayun-39Por Manuel Vázquez

Aunque Egipto es conocido en todo el mundo por los remanentes de su cultura faraónica, principalmente por las icónicas pirámides de Giza, en años recientes comenzaron a emerger detalles de un pasado mucho, pero mucho más antiguo.

De hecho, los restos paleontológicos hallados en varias localidades, principalmente en Wadi El Hitan (Valle de las ballenas), Patrimonio Mundial Natural por la Unesco, a unos 170 kilómetros al suroeste de El Cairo, adelantan en unos 35 millones de años a los restos de los primeros asentamientos humanos en la región.

Para fines del Eoceno (entre 56 y 38 millones de años antes del presente) gran parte del actual Egipto estaba sumergido, formando un mar poco profundo perteneciente al Océano de Thetys, condiciones geológicas casi ideales para que los especímenes muertos se fosilizaran sin mayores problemas.

Hace unos 37 millones de años, allí habitaban, en zonas costeras con vegetación de manglares, numerosos peces, crustáceos y mamíferos marinos, entre los cuales se destacaban algunas especies de arqueocetos (antepasados de las actuales ballenas).

Uno de ellos, el Dorudon atrox, de la familia Basilosauridae, ya totalmente adaptado al ambiente marino -a diferencia de sus antepasados- poseía una mandíbula dotada de formidables dientes y un cuerpo lejanamente semejantes a las actuales orcas, pero, presumiblemente, sin aletas dorsales.

No obstante, ser un depredador feroz no lo salvó de un pariente contemporáneo, el Basilosaurus Isis, especie de la cual se conservan en ese sitio egipcio los restos más completos de todo el mundo.

Con un cuerpo mucho más alongado y grande (hasta unos 18 metros de largo), y poderosas mandíbulas dentadas, los Basilosaurus se alimentaron habitualmente de los Dorudon, sobre todo de los ejemplares juveniles, como muestran los restos de Wadi El Hitan.

Una característica peculiar de los basilosaurus eran sus patas traseras vestigiales, de muy pequeñas dimensiones comparadas con su cuerpo, las cuales, al estar disociadas de la columna vertebral como muestran los fósiles encontrados en Wadi El Hitan, a lo sumo pudieron haber tenido alguna función durante la cópula.

Ambos especimenes constituyen, gracias a los esqueletos hallados en ese lugar una de las más sólidas evidencias de la evolución temprana de los cetáceos.

Pero en Wadi El Hitan, además de su plato fuerte de ejemplares marinos fosilizados del Eoceno, se han descubierto multitud de especies terrestres posteriores, de cuando la zona ya estaba emergida a causa de los movimientos de las placas terrestres y el descenso general del nivel del mar.

Allí se conservan los únicos restos relativamente completos de los Arsinoitherium, algo así como un rinoceronte dopado con esteroides, poseedor de dos enormes cuernos dispuestos en tándem sobre el hocico, los cuales habitaron los bosques tropicales que cubrían el lugar durante el Oligoceno.

Además, ya pertenecientes a periodos más recientes, se han excavado en las arenas y colinas de piedra caliza erosionada del lugar restos de leopardos, primates y hasta herramientas de la cultura humana neolítica.

Ahora, decididos a impulsar el turismo especializado y divulgar el rol de los cambios climáticos como motor impulsor de la evolución de la vida, autoridades del ministerio egipcio de Medio Ambiente, con la colaboración del Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), inauguraron un peculiar museo en el lugar.

La sala cubierta, diseñada con forma circular a modo de colina natural y edificada con materiales locales tradicionales, permite realizar un recorrido que abarca unos tres millones de años.

Sin embargo, la parte más espectacular la constituye un trayecto de unos tres kilómetros de largo en el cual se pueden apreciar, en el lugar donde murieron y se fosilizaron, los restos de numerosos especímenes, principalmente del Eoceno tardío.

Y aunque para admirar semejante espectáculo hay que dar rueda durante horas sobre las arenas del desierto occidental egipcio (extremo oriental del Sahara), la retribución estética y cognoscitiva que aporta Wadi El Hitan compensa con creces el recorrido.