Tutankamón recuperará su esplendor en agosto

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máscara mortuoria de TutankamónLas tribulaciones de la máscara mortuoria de Tutankamón, el faraón niño, terminarán en agosto próximo, cuando un equipo de especialistas le devolverán su esplendor original, anunció hoy el Ministerio de Antigüedades.

El descuido de un empleado del Museo Egipcio provocó que la máscara perdiera su barba trenzada, uno de los símbolos del poder faraónico, repuesta en un ejercicio de chapucería con resina epóxica, lo que equivale a un sacrilegio arqueológico, para decir lo menos.

Tras detectar el desaguisado, especialistas y organizaciones ambientalistas reaccionaron con tal violencia que los gritos deben haberse escuchado en el cielo de los faraones.

De inicio, las autoridades desmintieron que la máscara, una de las joyas del museo de fama mundial, hubiera sufrido menoscabo, pero tuvieron que rendirse a la evidencia y adoptar medidas con los responsables, uno de los cuales fue a parar al museo de carrozas reales de esta capital.

Ahora, el ministerio anuncia que tras un peritaje, en el cual participaron especialistas alemanes, la pieza será sometida a revisión con medios ultramodernos de escaneo para determinar qué materiales se emplearon en el desesperado intento de esconder el daño.

La máscara, elaborada con oro batido y turquesas, será retirada de su urna en el segundo piso del museo para someterla a estudio y determinar las sustancias empleadas en los remozamientos desde que fue encontrada en 1922, inicio de la leyenda negra que la rodea.

Muchas de las personas asociadas al hallazgo de la tumba del faraón niño murieron en circunstancias misteriosas o por causas calificadas de sobrenaturales, consecuencia de una maldición, entre ellas Lord Carven, quien costeó la expedición.

En rigor, el monarca, que reinó nueve años unos 13 siglos antes de nuestra es más notorio por su tumba que por sus hechos, intrascendentes en el destino de Egipto antiguo, según los estudios.

Una copiosa filmografía basada en el retorno a la vida de momias con superpoderes, contribuyó al acceso a la fama del joven faraón, muerto, según estudios de ADN, de malaria, una enfermedad bastante vulgar que no discrimina entre ricos y pobres.