Monte Kenya, vivir a la sombra del Kilimanjaro

0
178
La montaña más alta de Kenya tendría una aureola y un futuro luminoso de no ser por su cercanía con el Monte Kilimanjaro, situado en Tanzania.
Ser la segunda cumbre más alta de África tiene su mérito, pero no tanto cuando la primera está apenas a unos 300 kilómetros de distancia.

Unos 15 mil visitantes llegan a sus faldas cada año, pero el triple visita el Kilimanjaro, que le gana en altura por apenas 696 metros.

Los picos más altos de la montaña keniana son el Batian (cinco mil 199 metros), el Nelion (cinco mil 188) y Punta Lenana (cuatro mil 985).

Se puede acceder a la montaña por tres vías diferentes: el camino de Chogonia, es el más rápido y también el más espectacular; el de Naro Monu es el más conocido y por último, el de Sirimon es el menos frecuentado, cada uno con una duración y un recorrido bastante variable.

Situado en el centro del país, justo al sur de la línea del Ecuador, alrededor de 150 kilómetros al norte-noreste de la capital, Nairobi, el monte Kenya tiene no obstante el privilegio de haberle dado nombre a un país, no así su rival, famoso por su presencia en varias obras literarias y cinematográficas.

También tiene su clásico literario (Evasión en el Monte Kenya), escrito en 1946 por el italiano Felice Benuzzi, pero tampoco se equipara en fama con lo producido alrededor del enorme cerro de Tanzania.

Se trata de un estratovolcán inactivo y aislado, pues no forma parte de ninguna cadena montañosa o cordillera. Estuvo cubierto por una capa de hielo durante miles de años, pero en la actualidad solamente cuenta con 11 pequeños glaciares, de 18 que existían hace un siglo.

Una superficie de 715 kilómetros alrededor de la montaña conforma el Parque Nacional del Monte Kenya, creado en el año 1949, y designado en 1978 como reserva de la biosfera.

De manera combinada, el parque y la reserva forestal fueron incluidas en la lista de los lugares Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1997.

La primera vista reportada de monte Kenya por un europeo fue en 1849, cuando el misionero alemán Johan Krapf lo vio mientras buscaba la fuente del Nilo.

Sin embargo, tomó 50 años más antes de que alguien llegara a la cima, honor que le corresponde a la expedición de 1899 encabezada por el geógrafo británico Halford Mackinder, quien nombró los picos más altos con los nombres de los jefes Masai que lo ayudaron.

Más de un siglo después, solo 50 personas al año conquistan Batian, el punto más alto de la montaña.

ETNIAS Y CREENCIAS

Los principales grupos étnicos que viven en el monte Kenya y sus alrededores son los kikuyu, los ameru, los embu y los masai, y todos ven la montaña como un aspecto importante de sus culturas.

Los kikuyu viven en las laderas meridionales y occidentales de la elevación. En sus creencias, el ser supremo Ngai o Mwene Nyaga tiene su morada allí, y es el lugar en el que el padre de la tribu solía encontrarse con Dios.

En tanto, los embu viven al sudeste, y también consideran que la montaña es sagrada, por lo que construyen sus casas con las puertas frente a ella.

Por su parte, los masai, seminómadas, creen que sus antepasados bajaron de la esa elevación al comienzo de los tiempos, y los ameru ocupan la cara norte y este de la montaña.

Sus laderas cubiertas de bosques, llenos de especies endémicas, son una importante fuente de agua para gran parte de Kenya.

Sin embargo, se prevén tiempos duros para los dioses que habitan la cumbre, porque los glaciares que antaño cubrían el pico de la segunda montaña más alta del continente se están derritiendo y podrían dejar sin sentido el nombre de la región aledaña (Kirinyaga), traducida como Monte de Blancura.

En el plano más terrenal, el cambio climático y la escasez de agua generan conflictos entre los habitantes de la región, que se agravan por el rápido incremento de la población y la impunidad de quienes usan los recursos sin control.

Por el Monte Kenya fue por donde el deportista británico Chris Froome comenzó a forjar sus poderosas piernas, pero todavía el gancho comercial del paso del mejor ciclista de los últimos tiempos no logra darle al lugar el puesto que quisiera, siempre mirando desde abajo al imponente Kilimanjaro.