Liliesleaf, patrimonio de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica

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Por Ilsa Rodríguez

La granja de Liliesleaf se ha convertido en un lugar de recuerdos y homenaje a los hombres que se reunían hace casi seis décadas en esa propiedad para determinar las estrategias encaminadas al derrocamiento del apartheid en Sudáfrica.

En aquellos tiempos esa una de las quintas radicadas en el área de Rivonia, actual suburbio de la gran urbe que es Johannesburgo, dedicadas al ganado y cultivos en las extensas áreas que ocupaban.

Por esa razón, dirigentes del Congreso Nacional Africano (ANC) escogieron la región por considerar que sus encuentros pasarían inadvertidos y sin pensar que el comentario de un niño de la vecindad, a quien le extrañó el saludo afectuoso entre blancos y negros, conduciría al arresto el 11 de julio de 1963 de 19 miembros del comando del Umkhonto we Sizwe, su brazo armado.

Este lugar de gran relevancia en la lucha que se desarrolló durante décadas para eliminar el brutal régimen de segregación racial fue rescatado gracias a los esfuerzos de Nicholas Wolpe, hijo de uno de aquellos detenidos y juzgados posteriormente en lo que se conoce como el juicio de Rivonia.

De los arrestados dos lograron escapar de la cárcel The Fort, ubicada en Johannesburgo, cuando se encontraban en espera del proceso judicial después de sobornar a un guarda. Ellos fueron Arthur Goldreich y el abogado y activista Harold Wolpe, padre de Nicholas, quienes pudieron llegar a Suazilandia vestidos de sacerdotes.

En ese juicio, en que también fue incluido Nelson Mandela -quien había sido apresado un año antes- 10 líderes del ANC fueron juzgados por 221 actos de sabotajes para acabar con el sistema del apartheid y recibieron condenas de varias cadenas perpetuas.

Además de Mandela, esas penas recayeron entre otros en Walter Sisulu, Govan Mbeki, Raymond Mhlaba, Elias Motsoaledi, Ahmed Kathraba y Denis Golberg, todos reconocidos como los promotores de la Sudáfrica democrática de la actualidad.

Reabierto al público en 2008 como espacio de recuerdo y legado, Liliesleaf se ha convertido en lugar de diálogo, donde se promueve el conocimiento sobre un período fundamental de la lucha de liberación en Sudáfrica.

El rescate de Liliesleaf, dijo Wolpe en entrevista concedida a Prensa Latina, superó lo que esperaba, porque este lugar no es un museo sino un sitio de recuerdos, de memorias, de gran importancia para Sudáfrica y el resto del mundo, porque en ese lugar comenzó algo significativo.

‘Entre sus paredes está condensada la historia acerca de qué y quiénes somos, hay una historia que contar sobre cómo se forjó la lucha por la liberación y lo que representa’, expresó el activista, quien fue reconocido con el grado de Caballero por el Reino de Suecia por su sostenido compromiso para mantener viva la memoria de la lucha contra el apartheid.

Para Wolpe en Liliesleaf los dirigentes del ANC compartieron ideas y criterios a fin de solucionar los desafíos de aquellos tiempos, una práctica que considera se ha perdido para resolver los muchos problemas de la Sudáfrica actual, como los de la desigualdad, la pobreza y el desempleo, entre otros.

En ese sentido destacó que el intercambio de ideas y la confrontación conducen a soluciones colegiadas para enfrentar los desafíos no solo en Sudáfrica sino otros muchos países en vías de desarrollo.

Este centro además divulga la esencia fundamental de una lucha destinada a servir al pueblo y propiciar una vida mejor, que fue el centro donde se confirmaron las aspiraciones de los líderes del ANC, para quienes la lucha estaba encaminada a beneficiar y representar las aspiraciones de todos los sudafricanos.

Criado en el exilio de sus padres en el Reino Unido, Wolpe comenzó sus gestiones para rescatar Liliesleaf a principios de los años 2000 con la creación de una fundación para recaudar fondos que permitieron adquirir el 60 por ciento de las propiedades originales de la granja.

La intención de Liliesleaf, dijo, es cerrar el abismo que existe en Sudáfrica en cuanto a la historia de luchas de este país desde tiempos coloniales, desconocida por muchos debido a la que el sistema de educación no incluye el proceso histórico de la nación como asignatura obligatoria.

Al retomar la lucha contra el apartheid, el directivo de Liliesleaf señaló la importancia del papel desempeñado por la comunidad internacional en contra del sistema de segregación racial, en el respaldo incluso de los pueblos de muchos países que apoyaban el régimen de Pretoria.

Entre ellos, Wolpe destacó a Cuba y su contribución tanto en la lucha armada como en la preparación de profesionales de este país a partir de la década de 1960, cuando todavía faltaban más de 30 años para conseguir la democracia en esta nación del África Austral.

SOLIDARIDAD CON CUBA 

El activista dedicó declaraciones acerca de la agudización actual del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, vigente por casi 60 años, con la decisión de la administración del presidente Donald Trump de activar el título III de la ley Helms Burton de 1996.

Al respecto subrayó que las medidas de Donald Trump contra la isla tienen como sostén una obsesión dictada por políticas nacionalistas y el odio, y refleja el viraje hacia la derecha del gobierno de Washington.

Estas son las posiciones que la administración Trump refleja en sus relaciones internacionales y en el caso de Cuba no tienen sustento lógico porque la isla no representa una amenaza para Estados Unidos, comentó Wolpe, quien lamentó que el presidente de Estados Unidos desconozca la necesidad de trabajar de conjunto con el vecino país en bien de un objetivo común.

Las acciones de Washington contra La Habana son punitivas, carecen base y mérito y no están basadas en un sentido político. ‘No existe explicación racional del porqué de esas medidas’, aseveró luego de criticar a Trump por no seguir los pasos de su antecesor Barack Obama, quien mostró el deseo de solucionar el diferendo entre ambos Estados.

Sobre el tema argumentó que al incrementar las presiones contra Cuba lo que desea la administración estadounidense es desestabilizar esa nación y seguir un patrón adoptado por el país norteño desde el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, que no ha conseguido su objetivo.