El recuerdo de Mohamed Chukri se pasea aún por Tánger

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Mohamed ChukriMuchos dicen que cuando Mohamed Chukri murió Tánger se marchó con él, pero la ciudad que fue su fuente de inspiración sobrevive y mantiene el recuerdo de uno de los mejores escritores que ha tenido la literatura árabe.

Contaba Chukri (1935-2003) que en un momento de su vida se divorció de los libros para casarse «con los bares, las putas y la vida bohemia» de Tánger, pero en realidad siempre siguió escribiendo y mencionando en sus obras a esta ciudad.

Chukri, que fue analfabeto hasta los 21 años, llegó a Tánger huyendo de la hambruna que azotaba al Rif, en el norte de Marruecos, durante la época del Protectorado español, y se quedó para siempre.

«¿Nunca te has ido de Tánger? No. Nunca. ¿Dónde quieres que vaya? ¿Y con quién? Tengo la impresión de que si dejo esta ciudad nunca volveré», así expresó el escritor su vínculo con Tánger en su controvertida autobiografía «El pan desnudo (1973)», prohibida durante 17 años en Marruecos.

Abdelatif Benyahia, poeta, periodista y actualmente presidente de la Fundación Mohamed Chukri, recuerda que el autor, a quien describe como un hombre reservado, fanático de la soledad, con un especial afecto por las prostitutas y muy generoso con las personas vulnerables, se definía a sí mismo como «un escritor tangerino».

«No se interesaba por la política en absoluto, su mundo era muy subjetivo. Los mundos mezquinos de la sociedad tangerina», subraya Benyahia, que conoció a Chukri en los años 70 en casa del escritor y compositor estadounidense Paul Bowles.

 Rajae Boumediane El Metni, traductora al español de los libros de Chukri, asegura que el escritor «sentía una gran devoción por esta ciudad y prácticamente toda su obra está ambientada parcial o totalmente en Tánger».

Mientras los escritores de la generación «beat» vivían de los recuerdos de un Tánger internacional donde todo estaba permitido, y se aferraban, dice Boumediane, «al Tánger que fue y ya no es; Chukri enfocaba el Tánger real».

«Tenía una relación de amor y odio por ese Tánger que sintió sus pasos por todas las callejuelas. Cuando se cansaba se retiraba a alguna ciudad dentro o fuera de Marruecos, pero al cabo de pocos días ya tenía ganas de volver», añade Boumediane, quien durante años ha batallado sin descanso para rescatar sus obras y publicarlas en español.

Porque a pesar de que «El pan desnudo», traducido por Boumediane como «El pan a secas», título que se ajusta más al original en árabe, le lanzó a la fama, Chukri no fue solo autor de una sola obra.

«Mi propósito es traducir su obra inédita. Tenemos como objetivo rescatar del olvido todo su legado literario», sentencia Boumediane, cuyas traducciones de las obras son reeditadas por la editorial Cabaret Voltaire.

También la Fundación Mohamed Chukri, integrada por amigos íntimos del autor, mantiene desde hace tiempo negociaciones con la familia del escritor para rescatar y proteger el legado que dejó y que ahora, según Boumediane, se encuentra en Tetuán «en unas cajas tiradas por el suelo de un garaje y prácticamente a la intemperie».

Precisamente, uno de los deseos de Chukri fue la creación de una fundación independiente que pudiese proteger sus manuscritos, pero han tenido que pasar casi diez años para verla poco a poco en funcionamiento.

Los responsables del festival mediterráneo de la cultura amazigh, Twiza, que celebró su décima edición la semana pasada en Tánger y que cada año dedica un espacio al escritor, fueron los que impulsaron el proyecto de la fundación y eligieron a Benyahia como presidente.

Chukri enfermó de cáncer y del tratamiento médico de quien fue considerado un escritor maldito en Marruecos se hizo cargo el rey Mohamed VI. Murió en 2003 en un hospital de Rabat y enterrado en el cementerio del barrio de Marshan en Tánger, la ciudad que nunca dejó atrás.

Y es que como escribió en «Tiempo de errores (1992)», segunda parte de su trilogía autobiográfica y que concluyó con «Rostros, amores, maldiciones (1996)»: «La añoranza de mi Tánger maldita me entristece (…). Apenas la abandono, hastiado, y de nuevo despierta la nostalgia de mi locura por ella».