La Buika más salvaje conquistó a los tangerinos

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Concha BuikaLa Concha Buika más salvaje y animal conquistó al público tangerino en la noche central del Festival Tanjazz, que durante cinco días devuelve un cierto aire cosmopolita a esta ciudad marroquí hace tiempo atrapada en su decadencia.

Buika pudo comprobar que una gran parte del público, españoles llegados desde Andalucía pero también marroquíes adinerados deCasablanca o Tánger (pues el festival no es precisamente «popular»), conocían algunos de sus temas más exitosos como «Mi niña Lola», «Siboney» o «No habrá nadie en el mundo».

Pero lo más apreciado del concierto fueron sin duda esos momentos en que la Buika más honda arrastraba la voz y la melodía y se retorcía en el escenario como una fiera, trayendo ecos de Nina Simone o Tina Turner. Aunque hubo quien la encontró excesiva en su desgarro o sus movimientos, la mayor parte del público la celebró precisamente en sus instantes más desencadenados, como los que acompañaron a su célebre «Jodida pero contenta».

Con un vestido largo blanco con lentejuelas y acompañada por una banda de guitarra, bajo y percusión, Buika mezcló en su concierto los temas más antiguos con sus últimos éxitos.

Sorprendió al personal cuando, en mitad de «Tú volverás» y en el momento de clímax musical, de pronto se escuchó en el aire la voz de un almuédano que llamaba a la oración; Buika calló un momento y luego retomó la canción.

El público se quedó perplejo, hasta que la otra Buika salió a la luz proclamando al público en varias ocasiones «I need a man from Tangiers» (Necesito a un hombre de Tánger), o palpándose el cuerpo mientras llamaba a sus partes más curvas «armas de construcción masiva».

Desde luego no es Buika alma de medias tintas. Había dicho poco antes, en su presentación a los periodistas, que ni prefiere cantar a la alegría ni a la tristeza, «sino a lo que es verdad: la alegría y la tristeza son ambas celebraciones de la vida», aunque Buika es más Buika cuando canta al desamor y a los zarpazos del amor, o mejor dicho, de los hombres.

 «Yo normalmente no ensayo, porque no tengo miedo de mi persona. Si tuviéramos menos miedo de nuestros monstruos, necesitaríamos menos ángeles», dijo también la cantante mallorquina, hoy afincada en Miami.

De la Buika del principio, aquella negra que cantaba copla clásica española con la voz rota, aún quedan algunos destellos (como su versión de «La falsa moneda»), pero su música cada vez es más jazzy, con ecos de flamenco o de bossa nova, especialmente cuando pasa al repertorio latino, con sus muy particulares versiones de «Amor de mis amores» o del tango «Volver».

Buika había estado en Marruecos cinco años atrás, en el festival Mawazine de Rabat, cuando no era tan conocida, al menos fuera deEspaña. Preguntada por cuánto había cambiado desde entonces, respondió que sin duda había madurado, pero dijo que la madurez no siempre es buena «porque te hace olvidar que fuiste un niño».

Pareciera que Buika se aplica para no olvidar la niña que fue y para reivindicarse en el escenario en su faceta más primaria; la banda la sigue gozosa en su celebración de la vida, en Tánger o en Buenos Aires: unas veces suena a jazz, otras a un aire flamenco, pero cuando ella se pone a cantar, solo suena a Buika.